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100 libros para buscar en la Feria de Editores ’21 (3º parte)

Por Pablo Méndez

(Aclaración: los libros que integran esta lista no se ordenan bajo ningún criterio de jerarquía, no responden a un ranking ni luchan por un podio de excelencia literaria. Simplemente es el fruto una lectura desordenada; en algunos casos, incluso, las enumeraciones se encuentran fuera de la efímera instancia de la novedad.)

21- La casa Modesa (Final Abierto, 2019) de Fina Warschaver. La editorial Final Abierto rescata este valioso libro impregnado de talento literario pero que también es una cruzada contra los mandatos autorizados  de la época, donde se ponen en evidencia el movimiento pendular de las tareas domésticas como la fuerza de la militante. En la mera descripción que la autora despliega, la fuerza de los actos cobra vida dotando al texto de una fuerza disruptiva. La estructura combina a la perfección la poética surrealista con un fluir de la conciencia que marca las tendencias literarias cercanas a la vanguardia. Fina Warschaver escribió esta novela en 1947 y debe indudablemente estar apostada en los estantes de la gran biblioteca feminista.

22- Fotosíntesis (Paradiso, 2021) de Alejandra Jalof. Este libro puede ser muchas cosas y todas a la vez: una novela creada por pastillas de la memoria o relatos individuales que crean un universo biográfico necesarios para afianzar un presente o una búsqueda literaria que juegue entre la delgada línea de la ficción y la autoficción. Estas diapositivas se encarnan con hondura en las raíces de un pasado donde una película lateral sentimental va por la colectora de los hechos. La portada del libro es una evocación, una antesala de lo que la unión de todos los relatos hace en el plano general, la forma indeleble en el anecdotario íntimo muestra el dolor y el deseo. En pocas palabras: la oscilación de la vida.

23- Nuestra verdadera sangre (Palabras Amarillas, 2019) de Agustín Caldaroni. Los cinco cuentos del libro se unen por un pacto de sangre indisoluble: la amistad. Y como consecuencia de ella la intromisión a un mundo exagerado para volverlo real. Como una épica de caballería los relatos muestran el barrio, la fiesta inolvidable, la marginalidad cuidada, los códigos inalterados. En esa exaltación de la juventud, donde lo vedado siempre es lo ordinario del mundo maduro, la ideología del nervermind impera. Los personajes se aferran a un estadio de la vida insuperable, la de ser protagonistas, no importa de qué, y llevar la tensión lejos de la sola expectación. Calderoni crea, con apenas un puñado de historias, un mapa generacional, un huella imborrable.

24- Magia (Interzona, 2018) de William Butler Yeats, traducción y prólogo de Matías Battistón. Podría decirse que este ensayo del poeta y dramaturgo inglés es la historia de un un enfrentamiento, de un duelo inacabable, y un nombre propio jamás escrito: Aleister Crowley. La figura tácita es la excusa para que Yeats componga un libro que muestre su relación y conocimiento sobre el esoterismo. Y por supuesto, ese posicionamiento sobre el mundo espiritual se vio reflejada en su poesía. Hay que resaltar el trabajo de Matías Battistón, quien no solo se encargó de la traducción, también compuso un prólogo que nos acerca y nos contextualiza la escritura de Magic, incluido en 1903 en Ideas of Good and Evil .

25- La belleza ajena (Indómita luz, 2020) de Laura Bertolé. Catorce cuentos que entran por ese canal de la extrañeza en una aproximación al género de la ciencia ficción. Sin pisar de lleno en el género, esa rareza que impregnan lo coridiano de las historias forma un ideal perverso de la realidad. En estos cuentos breves, donde lo hogareño se ve enraizado, los vínculos se van turbando, increpando, atormentando. La autora le imprime cierta hibridez a su narración, provocando que nada sea lo que parece, se va corriendo del género con gusto, llevando al lector a un estado de disfrutable incomodidad. Como hilo conductor el cuerpo de la mujer aparece como fuerza extrema, como grieta psicológica.

26- Pittsburg (Santos Locos, 2019) de Yair Magrino. El libro toma el título del primer poema, una especie de evocación generacional, de manutención de la cultura sobre la sesera adolescente. En los poemas de Magrino se advierte un cinismo grunge, una forma de espera a la muerte o al apocalipsis, o que alguien todo lo destruya con la simpleza de un acto reflejo. En esa corrosiva mirada, los poemas se vuelven manifiestos, avisos constantes de que el mundo es una esfera sin mucho sentido mas que su movimiento, a veces brusco, a veces bello. Lo mejor que hago/ es huir del fuego./ Me guardo la oscuridad/ en los bolsillos./ A veces,/ me despiertan las luces del milagro./ Y en ese anuncio de la espuma/ es un murmullo ardiente/ y preciso./ Aún ahora/ después de todo,/ el viento/ habita en lo inevitable/ para mover gestos íntimos/ y ríos fugaces.

27- Ruta al infierno: la saga de Mad Max (Cuarto Menguante, 2021) de Marcelo Acevedo. Libro repasa la saga de Mad Max para delirio de cinéfilos de VHS pero de HDMI también. El autor, conocido por sus escritos sobre el séptimo arte y la ciencia ficción, en esta oportunidad hace un racconto de los detalles de este emblemático conjunto de películas en un futuro distópico cada vez mas real. Acevedo analiza con pericia todos los elementos que se conjugan en la manufactura de cada película: sus diferencias, la mitología, el tratamiento del guión, las referencias a la cultura pop, el presupuesto, y por supuesto, como toda road movie lo merece, violencia a toda velocidad. El libro ensalza la figura de George Miller, el creador de un mundo imitado hasta el hartazgo. Videoclips, animés, películas clase B se apuran por quedar primeras en la lista de homenajes. El prólogo del libro es de Leonardo Oyola.

28- Pequeñas intenciones (Club Cinco, 2019) de Jorge Consiglio. Ya conocida la apuesta editorial de Club Cinco de rescatar pequeñas joyas descatalogadas o difíciles de conseguir de la literatura argentina, debemos mencionar que esta breve novela de Jorge Consiglio está escrita con la furia de quién tiene todo para decir y lo dice. Una novela sobre el descenso de un personaje cargado de desgracia bajando la escalera del abismo. Hay un contrapunto que configura la esencia del libro: la crueldad que propicia el protagonista está contado con una prosa exquisita. Esa narración donde el personaje se ausculta, muestra al mundo la radiografía de la supervivencia. Novela que si todavía no rascas la condición de mítica, deberá serlo con el paso del tiempo. Una reverencia a la devastación interna del hombre, y su redención. 

29- Monoimi (Años Luz, 2020) de Leandro Diego. Estos poemas se leen como el discurrir de una narrativa. Hay elementos que nos indican una época marcada a fuego por la decadencia, referencia infecta del ocaso. El pulso es alterado constantemente, golpes rítmicos disonantes como los riff de guitarra de Sonic Youth, ruidosos y melódicos. Cierta acidez en la deconstrucción de las ideologías pone de manifiesto la ruptura de los lugares comunes del pensamiento. ni las plazas ni los cafetines/ ni las rondas proletarias/ alrededor de los cafeteros/ ni los baldíos,/ millonarios,/ cercados por vallas publicitarias/ nada puede despegar el polvo, la pelusa,/las telarañas de un tiempo/ cifrado en las palabras que nunca tuvo/ -ni va a tener-/ para responder cuándo/ o dónde/ coincide el tiempo de las cosas/ con el tiempo de sus nombres.

30- El ente (Alto Pogo, 2018) de Luciana Strauss. Primera novela de la socióloga y docente universitaria, Luciana Strauss, que relata ese mundo bicéfalo del trabajo en un edificio público: por un lado, la realidad cruda de la puja por puestos de trabajo y el ambiente denso y rancio de la burocracia; por otro lado, lo lúdico del absurdo fantástico. La prosa de Strauss, entre la calidez y lo punzante, nos lleva de las narices por los pasillos grises de una masa arquitectónica llena de personajes que podemos encontrar en cualquier trabajo del estado. Es allí donde la autora juega con el estereotipo, lo moldea para que sea funcional a la historia. Una historia de matices conversos: grotesco y sainetero, equilibrado y delirante, irónico y documental. 

31- Pequeño arandela (La Carretilla Roja, 2018) de Sebastián Bianchi. Si hay algo a lo este poeta de la generación del 90 nos tiene acostumbrado es que cada libro suyo es un boleto a un viaje intercomprensivo. Gran parte del trabajo es el de recepción. No solo en aceptar la propuesta poética/narrativa/visual, también en saberla apreciar. En ese collage de ideas, conceptos, sentidos múltiples, listas, consideraciones surrealistas, carteles, logotipos, es donde nace y se contornea la poesía, ya no sin forma, sino ondulándose en nuestro ojos como un pescado fuera del agua. Es remanido decir que la literatura de Bianchi es vanguardista, como que el termino suena a poco. Cuando Bianchi escribe sabemos que ese proceso no culmina sino en una experiencia única.

32- ¡Alemania, Alemania! (Letra Sudaca, 2018) de Felipe Polleri. Si pensamos que debemos tomar las coordenadas habituales de lectura frente a este libro estamos en un error. Polleri es algo así como el secreto mejor guardado de la literatura uruguaya. A lo largo del texto el autor nos deja el campo minado de imanes que hacen que nuestro norte de lectura se vaya al demonio. La historia se descentra en tres personajes: un inglés enclaustrado en Shakespeare, un alemán diminutivamente violento y un francés etceteriano, tímido, mentiroso y maquinal. Coral en el amplio sentido, esta novela en estado constante de electricidad, se sustenta en la conformación de sus personajes, siempre inquietos, nunca enquistados en la literatura de tradición sosegada. 

33- Dos poemas inconclusos (Caleta Olivia, 2021) de Mario Nosotti. El poemario contiene dos poemas de largo aliento: “La drogada familia” y “Las hermanas de Kafka”. Y esa carencia de la que se ufana el título provee al libro de una virtud: lo que no culmina se mantiene constante, suspendido, imperecedero. El primer poema recorre la infancia, la tradición inmigrante, la periferia, los lazos familiares fundidos en las costumbres: El alveolo solar preside las reuniones/la mesa de la larga galería donde el eco torcido/ resbala sobre el hule de las toscas/familias ensambladas/ italianos vecinos llegados en el mismo barco/ criollos que no aprenden a hacer plata. En el segundo poema, Nosotti interviene poéticamente la cápsula vincular de Kafka y su padre: me preocupa ese chico/ porque ya no es mi hijo/ porque es el hijo que amo/ a pesar del carácter de las / dificultades/ está acá por ser mi hijo.

34- 33 rpm (También el caracol, 2020) de Juan Guinot. Este libro de Juan Guinot me hace pensar en la literatura de Nick Hornby donde la música siempre es la explosión iniciadora o el punto de fuga de las historias. Excusa argumental en la estricta definición conceptual, subterfugio para contar la relación entre los dos protagonistas. La crisis del 2001 dejó solo desechos, en esa mishiadura solo queda la rebelión del cartoneo para subsistir, y allí se mueven los personajes de esta novela, con la ideología de lo usado. Los códigos latentes es lo único que no es llevado a trueque. Estructurada en dos partes, Lado A y Lado B, la historia corre con la velocidad que permite la calidad de su composición.

35- Con perdón de la palabra (Obloshka, 2019) de Natalia Crespo. El narrador de esta novela es Muñón, protagonista y única voz cantante de esta novela, no tiene pies y está encerrado en una especie de cotolengo. Por intermedio de cartas que dirige a una jueza para que revise su caso, el protagonista repasa su vida y las causas por las que se encuentra en la situación actual. Dueño de una mente brillante, mezcla un lenguaje sofisticado que mezcla con expresiones groseras, exacerbando la mordacidad de sus dichos. Con un humor lacerante la novela transcurre bajo el ingenio de un personaje único que como indica la advertencia del comienzo no esta sacado de la realidad sino es pura construcción ficcional. Tal vez allí haya otro rastro de capricho humorístico. La prosa de Crespo es tan precisa como adictiva. 

36-La mañana interior (Diario 1837-1847) (Barba de Abejas, 2021) de Henry David Thoreau. Selección, traducción, prólogo y notas de Eric Schierloh. Segunda entrega de los diarios de Thoreau donde prima la observación de la naturaleza, la minuciosidad con la que describe el mundo silvestre que lo rodea. Su escritura, llena de vitalidad, descansa en el imperio de los sentidos. Pero además, delinea temas mundanos como salir a remar o caminar, así como temas de política o filosofía. Un relato de sus obsesiones con lo natural para un entendimiento de su propia persona, como el contexto le permite afianzar una definición de sí mismo. La mañana interior (Diario 1837-1847) se suma a Diario de Walden. Notas en la laguna (1845-1847), La canción del viajero (colección /Poesía biblingüe)y al ensayo Desobediencia civil (en la traducción de Ernesto Montenegro, colección /Pequeña abeja).

37- Terminal Moebius. Trilogía Dark (Crack-Up, 2021) de Nelson Díaz. Desde hace algún tiempo, las editoriales argentinas independiente estas trayendo a las vitrinas de las librerías a autores uruguayos que para el público lector local eran desconocidos. Ejemplos: Ercole Lissardi, Daniel Mella, Felipe Polleri. Nelson Díaz es otro de estos casos. Crack-Up acaba de editar este libro que reúne tres novelas del autor: Corporación Medusa (2017), Resaca (2011) y Metástasis (2017). Las novelas de este particular autor, llamado el último gótico abundan en referencias de la cultura dark, contienen un tono burlón e insurrecto. En esa oscuridad las historias gravitan en una escollera existencial, donde las entrañas se estrujan cada tanto, y donde, vaya paradoja, la prosa de Díaz es incandescente. Si hay un mote de malditismo en las letras uruguayas, a Nelson Díaz le calza perfecto. 

(Continuará)

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