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100 libros para buscar en la Feria de Editores 2021 (2°parte)

Por Pablo Méndez

(Aclaración: los libros que integran esta lista no se ordenan bajo ningún criterio de jerarquía, no responden a un ranking ni luchan por un podio de excelencia literaria. Simplemente son el fruto una lectura desordenada; en algunos casos, incluso, las enumeraciones se encuentran fuera de la efímera instancia de la novedad.)

11- Abigail (Editorial Empatía, 2018) de Chris Abani. Desde hace algunos años gracias a la Editorial Empatía tenemos la posibilidad de disfrutar de la literatura proveniente de África. Es la segunda novela del autor de origen nigeriano y es una de los libros ineludibles para los amantes de la literatura africana. La novela se estructura en “Ahora” y “Entonces”, un boomerang narrativo que salta de tiempo con el objetivo de de mantener la tensión causa y efecto. Una historia trágica pero que conmueve con la certitud de alguien que conoce el oficio de la poesía y lo imprime en cada respiro de su prosa. Asimismo, un ascetismo sobrevuela las páginas creando un artefacto literario lleno de ironía en tan solo 113 páginas.

12- Tirarle al banco y pegarlo al negro (Amauta & Yaguar, 2017) de Candelario Obeso. Esta editorial artesanal independiente y autogestionada enfocada en la poesía afrodescendiente e indígena de América nos ofrece un libro de un autor al que se lo conoce como iniciador de la corriente negrista de la poesía colombiana. Envuelto en los procesos de transformación de América Latina, también participó de las disquisiciones que se dieron en la historia de la literatura. — Dime flor delicada,/tu que sentiste palpitar su seno,/¿Se conduele de mí tu diera amada,/ O solo del desdén con el veneno/ El amor pagará que me devora?/—Cesen ya tus quebrantos;/ No más plaña tu lira,/Que es falaz su desdén…Si no te adora,/ ¿Por qué le place el escuchar tus cantos/ Y siempre recordándolos suspira?… Candelario Obeso murió de un disparo luego de un intento previo de suicidio a la corta edad de 35 años.

13- Vapor (Mansalva, 2020) de Fernando Casado. Los poemas de Casado tiene una dinámica interna que los hace fluctuar y cambiar. Se puede leer un poema de no más de cinco versos, volver a él después de un rato, y el poema mutará de sentido, de color, de textura. Y en ese camaleónico persistir de la poética, el autor conforma un poemario que va al detalle, ni siquiera al recuerdo, al más mínimo parpadeo de belleza. La tarde/ como renunciamos a antiguas formas/ de respiración el mundo/ vuelve a cubrirse/ de sí/ la alfombra de tierra se enrolla y/ arrasa los árboles de raíz/ hundo mis uñas como/ estacas inútiles el suelo blando/ ya no sabemos huir. Preguntas o reflexiones que tienen como única intención ver la porción más pequeña y refulgente de las cosas.

14- Asunción no es París (Los Lápices Editora, 2018) de Ramón D. Tarruella. Hay una particularidad que resalta: cada cuento de este compilado está dedicado a un autor diferente. Queda a cuenta de cada lector si la dedicatorio funciona como homenaje o como introducción cifrada para darnos una clave de lectura. Relatos orilleros que no conducen a ninguna fuente de agua; historias de lumpenaje, de personajes orbitando los límites del asfalto, desclasificados del centro, en pleno fondo de una tabla que solo lleva la descenso. Pero hay que tener en cuenta de que esos bordes no son el asentamiento de la marginalidad, son los desechos de la clase pudiente. Tarruella indaga en la deformidad de lo establecido. Once cuentos que marcan el pulso de una hábil narrador. 

15- El fulbito de los lunes y otros cuentos (Qeja, 2017) de Nazareno Patrone. Empecemos por lo más fácil, hay una ecuación perfecta: un reseñador futbolero escribe sobre un libro de cuentos sobre fútbol escrito por un futbolero. Demasiado fútbol en una misma oración. Para colmo, Pablo Alabares, quien escribe el prólogo, es alguien que sabe mucho de las pasiones de masas. El libros está dividido en minutos, desde 0’ hasta los 90+5’, a los que se suman tres cuentos más como si de un gol de oro se tratase. Los cuentos, micros, minimales, se despojan de los lugares comunes, habitan un realismo mágico, se burlan de los estereotipos. Patrone sabe de lo que escribe: conjuga aquello que se desprende de este maravilloso deporte pero se calla o no se le da importancia. Tal vez el fútbol sean veintidós boludos atrás de una pelota o bien algo tan inclasificable e individual que solo el autor (y otros como él) exploran con fascinación narrativa.

16- Moras silvestres (Elemento Disruptivo, 2020) de Leandro Surce. Un libro de haikus con las licencia que impone la belleza, a veces distorsionado, a veces acunado por las reglas de la naturaleza. Lo apacible como tranco poético es la virtud de este libro que en su porción de tiempo y silencio mengua la lectura en una experiencia adictiva. Otra droga posible, el haiku como desperdicio de lo utilitario. Y sabemos que allí en ese desecho del tiempo y el espacio reside lo único y necesario: el instante y su multiplicidad de formas. Visión invernal:/ un bosquejo de árbol/ abre crudos meandros//. El ojo de pez/ me mira tan tan hondo/ que parpadeo. Hay una mención en el apéndice del libro que podría resumir no solo el poemario, también su manufactura: We are accidents waiting to happen. Solo para entendidos.

17- Cuál es el pez que tiñe el mar (Concreto, 2021) de Antonella Saldicco. Una primera aproximación riesgosa: la novela de Saldicco tiene una melancolía muy Casablanca. Segunda aproximación, menos riesgosa: Scarlett Johansson en ropa interior mirando a través de una ventana de hotel las luminarias de la soledad en Lost in Translation. La autora nos lleva a un viaje iniciático, donde la autoficción es el lugar mas auténtico de la narración, donde los recuerdos se maceran y se dejan caer en el momento menos indicado, o cuando necesiten explotar. Saldicco es una pasajera en tránsito perfecto en lugares displicentes, pinturas hipnóticas de neón que se desfiguran con los pasos. En todo ese andar vertiginoso pero en cámara lenta, la protagonista descubre la fragilidad de los vínculos, las alteraciones de su pasado. Gran primera novela.

18- Date cuenta de tu suerte (La Parte Maldita, 2020) de Laura Galarza. Hay algo que impera en esta compilación de cuentos: la sutileza. No hay exageraciones sintácticas, ni argumentos enrevesados. Todos discurre con aires de una simpleza muy sofisticada. En esa arquitectura lingüística, los personajes de los cuentos se tambalean en los andamios de los vínculos. Lazos afectivos que transportan la densa carga de lo subliminal, de lo no dicho pero que se anida expectante. Once cuentos cuya virtud notable es la precisión de su ejecución, sin estridencias, sin jactancias discursivas, con la maquinaria narratológica funcionando bajo el silencio de sus motores. Y cómo no mencionar esos finales carverianos, donde nada pasa en lo expreso, todo queda por fuera del texto, pero muy dentro en las entrañas de la historia.

19- Capitalismo, consumo y autenticidad. Las emociones como mercancía (Katz, 2019) de Eva Illouz. El eje teórico central de este ensayo es cómo los mecanismos de consumo y las emociones se aúnan y son imposibles de separar. El concepto principal es el de las emodities, esa conjugación de intereses por parte del mercado y los modelos de intimidad y de las emociones. Cosificación e invención de las commodities emocionales, a través de las complejas redes de los fabricantes de imágenes. La autora plantea que los objetos ayudan a crear una atmósfera emocional entre dos o más personas y median entre sus diferentes deseos. La evidencia es determinante: el consumo trabaja desde el núcleo mismo de los guiones culturales de la individualidad. Y por supuesto el capitalismo es astuto: la búsqueda del placer y la emocionalidad en general se orientan hacia el presente, quieren gratificación inmediata y se basan en los sentidos. Libro necesario para entender el aparto consumista en lugares que bien no podrían ajustarse a la racionalidad.

20- Diario de un sin techo: etnoficción (Dedalus Editores, 2016) de Marc Augé. Uno de los grandes antropólogos contemporáneos y la escritura de su primera novela. Contextualizada por la crisis europea, este relato es la vívida experiencia de un jubilado sin recursos que decide ir a vivir a su auto. Este personaje es un ejemplo de los sujetos que en Francia son denominados “Sin domicilio fijo”. El subtítulo “etnoficción” nos acerca al imaginario de un fenómeno social. Las características de la novela siguen funcionando pero demuestra las desventuras sociales de una época. Esta novela publicada originalmente publicada en 2011 nos deja ver las obsesiones como antropólogo y a reflexionar sobre las condiciones sociales, económicas y políticas de la urbanidad moderna.

(Continuará)

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