Reseña #716 (reversible): Así en el fuego como en la tierra


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Por Pablo Méndez

Así es el fuego (Club Hem, 2018) de Mercedes Araujo acuna seres vivos en páramos desolados: brotes, animales, personas, tempestades. Los poemas son bocetos de pinturas que el viento levanta y aleja, pero que la memoria hace retornar. La vinculación con la naturaleza nos convoca permanentemente, nos remonta a sus libros anteriores: La isla y su novela La hija de la cabra. Ese hilo con la tierra que da vida, marcada por pisadas, que se desgasta, es la fuente desde donde Mercedes Araujo compone un lenguaje, como bien dice Silvina López Medin en el prólogo que introduce el libro.

La clemencia o inclemencia del tiempo destituyen lo lúdico para hacer permanente el verso, la figura o la palabra.

oí bajo la escarcha

cómo maúlla, croa y ruge

este vergel.

El frío es la geografía que contiene la verdad absoluta del sentimiento. Y así somos espectadores de la trasparencia de lo que el poema cuenta:

Sobre una vereda rota

tiritando dije

qué puede

salirnos mal

no te conozco

ni vos a mi

Porque en el equilibrio de la existencia, Araujo desnivela el concepto para que por su propio peso el mundo se ubique en lo que sentimos. Allí el amor es tensión y acción continua. Interpela a la figura imaginada que recibe la metáfora, la previene, la acurruca en la sentencia:

tampoco creas

que tenemos una mínima

incidencia

sobre las iluminaciones

o los venenos

de semejante hiedra.

El fuego del título es lo minúsculo que corre en paralelo con los poemas. Porque la intensidad de la soledad, de la memoria, del amor, del lazo de lo que se describe es combustión pura. La llama de la mirada que recorre bordes traslúcidos, silencios que dejan una estela para convertirse en sonido. El fuego emerge de las cenizas y es la esencia de cada poema, porque nada es estático sin un moviendo que lo preceda. En cada frase, en cada figura, Mercedes Araujo aviva el fuego como método, como procedimiento indispensable para seguir desgranando lo que sus ojos se atreven.

La unión con el animal, con el instinto que lo define, nos permite dejarnos llevar por el reflejo imposible de lo primitivo. En los poemas abundan los registros de ese lado salvaje que nos envuelve y nos redefine en una metamorfosis inevitable:

porque solo nosotros

-los animales sin sangre-

confundimos un fresco

y claro resplandor

que la marea nos devuelve

con la respiración de tres dragones.

La poesía es alquimia, es sombra montada en los destellos. La poesía de Mercedes Araujo es la invención de un cuerpo que cambia de ropaje para ser palabra, mientras el mundo no deje de girar, mientras las ondulaciones del fuego sigan rechinando dentro de ella.

Así es el fuego (2018)

Autora: Mercedes Araujo

Editorial: Club Hem

Género: poesía

                  

Complemento circunstancial musical:

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