Reseña #667- La felicidad exige repetición


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Por Pablo Martínez Burkett

Leí La separación (Galerna, 2018), la nueva novela de Silvia Arazi.

Si el título no fuera suficiente para percatamos de lo que vamos a atestiguar, el primer capítulo no deja lugar a la duda. Porque Lucía, la protagonista, en su último insomnio marital, reflexiona en torno al hombre que duerme a su lado y que, a partir de mañana, dejará de ser “su” legítimo esposo. No importa que la decisión haya sido conjunta. El dolor siempre se sufre en soledad.

Y a partir de allí, la historia se va desplegando en la voz de la propia separada, que con delicada distancia y unos cuantos sobreentendidos, narra el hábito que pervive en la ausencia que habita. La treintena de pequeños capítulos no siguen una necesaria sucesión temporal sino que van y vienen en el tiempo, con esa vocación saltimbanqui que usualmente tiene la memoria. Y es una memoria a cara lavada, sin el más mínimo artificio ni afeite, que retrata aquellos eventos que la autora elige en un más que atinado recorte narrativo, con la cámara quieta, casi sin entrometerse, registrando diálogos, silencios, rencores, recuerdos marchitos, preguntas sin formular y distancias por recorrer. Y todo contado con una exquisita delicadeza y por momentos, asombro infantil.

Cada capítulo representa una unidad de sentido autónoma que a la vez va conformando el tapiz de personajes. Y de esta manera, nos vamos formando una idea de Pedro, el ex y Morena, la hija de ambos, pero también bordeamos la vida de los padres de Lucía: Rafael, un sufrido dandy y la divine Pola (¡urgente spin off con la vida de Pola!), Miranda, la hermana, las mucamas, las tías, amigos peculiares como Vera y Dodi. Y hasta hace un cameo Úrsula Fuchs, la talentosa cantatrice de ópera que es unos de los personajes basilares en la otra novela de Arazi: La maestra de canto (debo admitir que este descubrimiento fue ocasión de una íntima felicidad, manías de lector impenitente).

Las pinceladas son deliciosas por la simpleza, complicidad y sabiduría. Los abundantes diálogos tienen de un vigor y una hondura que conmueven en su forma de aludir, casi siempre lateralmente, a todo ese universo doméstico que se detona a partir de una soledad que nombra más de lo que omite. Como solía cantar el Ruso Lebón: “No estás solo si es que sabes que muy solo estás”. Si no fuera que uno presume de ser de un vikingo con corazón de hielo, le aseguro que tendría que reconocer que la punzante angustia de Lucía varias veces hizo nido en mi pecho.

Por eso mismo, La separación es un libro de una amarga belleza que logra dibujar esa lenta progresión de rutinas que de repente salen de su cotidiana invisibilidad para convertirse en fantasmas espinosos. Como bien reflexiona nuestra Lucía: “Al separarme encontré una imagen confusa de mí que se redefine constantemente a través de la mirada de los otros”.

No importa cuántos años se tengan. Todos, en algún momento de la vida, atravesamos por una separación. A veces de mutuo acuerdo, las más por decisión unilateral, no pocas, porque aquel fuego iniciático se fue convirtiendo en las cenizas de la nada. Las paralelas no se tocan, nos enseñaban de chicos. Y es cierto. En algún momento, esa línea yuxtapuesta e indistinguible que era nuestra vida con un otro empieza, progresivamente, a separarse hasta que nos sorprendemos besando a un perfecto desconocido y descubrimos que estábamos llevando vidas paralelas.

Anota Houellbecq en La posibilidad de una isla: “Cuando desaparece la sexualidad, lo que aparece es el cuerpo del otro, con su presencia vagamente hostil; los ruidos, los movimientos y los olores; y la presencia misma de ese cuerpo que ya no podemos tocar ni santificar mediante el contacto, se convierte en algo incómodo”.

Es claro que tomar la decisión de separarse no es tan arduo como sobrellevar el día después. Y en este sentido, la autora conduce con mano diestra el relato de un proceso lógicamente doloroso pero que por momentos bordea el estoicismo y aún, la deliberada ignorancia. Y cada tanto, despunta un humor deshojado pero memorable. Me encanta esta Lucía que afirma por la negativa “Nada me alegra menos que los circos, los trencitos que hacen los invitados en los casamientos, la música de los gimnasios, los festejos de fin de año, los brasileros bailando samba, las matracas, los pitos y las murgas”.

Si como dicen, el secreto del Diablo es convencernos de su inexistencia, el secreto de Silvia Arazi es convencernos de que contar historias es muy sencillo. Que es muy fácil hacer que el lector sienta que es todos y cada uno de los personajes. Que esta separación de Lucía y Pedro es la historia de tu separación. La de ayer, pero también la de mañana.

 

La separación (2018)

Autor: Silvia Arazi

Editorial: Galerna

Género: Novela

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