Reseña #581- La novela del desamparo


 

Bondi

 

Por Nicolás Nochman

Hay una escena en Historias extraordinarias, la película de Mariano Llinás, que siempre me pareció fascinante. El narrador, que es una voz en off, va contando lo mismo que nosotros, los espectadores, podemos ver. Es un relato superpuesto a la imagen en movimiento, que a veces aporta algunos elementos, y a veces simplemente refuerza lo que ya sabemos. Es un procedimiento no demasiado habitual, aunque tampoco demasiado rupturista. Pero esta escena en particular, la segunda escena de la película, es especial. Ahí el narrador hace su trabajo descriptivo y da un paso más: predice lo que está por ocurrir. Dice: “Lo que ahora va a pasar es lo siguiente: en un momento, la situación se va a volver un poco más violenta. Ahí el gordo va a ir hacia la camioneta, va a sacar un arma y va a bajarlo al otro de un tiro”. Entonces nosotros, los espectadores, que venimos siguiendo todo con mucha tensión, nos preparamos para el tiro. Pero el tiro no llega. La situación no solo no se pone violenta, sino que pareciera distenderse. Entonces nos relajamos. Y, cuando nos ponemos a pensar que el narrador nos está mintiendo, volvemos a escuchar la voz en off, que permanecía en silencio, y nos dice “Ahí va”. Y efectivamente, ahí va, el gordo baja al otro de un tiro, y pasa todo lo que dijo que iba a pasar.

Hago toda esta introducción porque Bondi, la novela que escribió Marina Arias, utiliza de una manera más o menos parecida ese recurso, y va todavía más allá. Lo que Llinás hace en una escena, Arias lo elabora a lo largo de toda la novela, generando un quiebre permanente con el relato lineal, previsible, cómodo, tradicional. No solamente anunciando, prometiendo, spoileando lo que va a pasar en una cantidad determinada de páginas, sino involucrándose en la historia de una manera ambigua, inquietante.

El narrador de Bondi tiene la habilidad de marcar contrapuntos de manera permanente. Lo hace cuando habla con corrección académica y un renglón después dice “Todo chamuyo. Qué chabón”, apropiándose del lenguaje de Mariana, la protagonista. Lo hace cuando entra y sale del relato con una velocidad y una destreza sorprendentes. Lo hace cuando en un párrafo se ocupa con esmero de generar un clima intimista, e inmediatamente después toma una distancia que deja al lector con cierto desamparo. Y el desamparo es siempre un problema, porque nos lleva a buscar respuestas, nos moviliza, nos genera un malestar que hace que busquemos más, que busquemos mejor. En la literatura, creo yo, el desamparo es algo necesario, bienvenido, porque implica poner en cuestionamiento el sistema de creencias con el que empezamos a leer, no importa qué sea lo que estemos leyendo.

Bondi  es una historia simple. Es la historia de una separación, de lo conflictivo que es separarse, de lo que eso implica. De la euforia, de la depresión, de los goces pequeños y mezquinos que aparecen cuando una pareja de muchos años se separa. Pero es, además, la historia de un momento en un lugar: la de Buenos Aires en una época que básicamente es esta. Es, de algún modo, la historia de todos nosotros, que estamos ahí como personajes secundarios e involuntarios. Como testigos, como cómplices, sabiendo que de fondo hay un universo del que no se habla, pero que se intuye, que se siente, que perturba.

Más allá de las influencias de las que Marina Arias habla últimamente (Marcelo Figueras, Walsh, Conti, Carson Mc Cullers), Bondi se inscribe en una línea que comenzaron autores como Rabelais, Lawrence Sterne y Nikolái Chernishevsky, y en la que hoy encontramos a Milan Kundera, a Philip Roth, a Laurent Binet. Se lo haya propuesto o no, Bondi es, de algún modo, una literatura brechtiana, que prioriza el pensamiento crítico, que aun leyéndose de corrido busca interpelar al lector, sacarlo de su lugar de confort y generar un plus. Es decir, que el contenido trascienda al libro como objeto.

No puede pasar desapercibido que la autora de Bondi sea la codirectora del LITIN, un espacio en el que lo narrativo atraviesa esa frontera generalmente tan poco permeable entre la academia y el mundo real. Lo que quiero decir es: no puede pasar desapercibido que este libro sea, por un lado, heredero y parte de una tradición reciente, que es la de la nueva narrativa argentina, y que, al mismo tiempo, sea la consecuencia lógica de todo eso que Arias problematiza en sus clases y en los encuentros literarios ajenos al aula, que en definitiva son la puesta en acto de la literatura más allá de las ideas.

 

Bondi (2017)

Autor: Marina Arias

Editorial: Club Hem

Género: Novela

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