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Reseña #787- No todo lo que brilla es oro

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Por Lorena Gall

Es difícil que la relación que tenemos con Jane Austen no esté mediada por las adaptaciones al cine que se hicieron de sus novelas. Difícil pensar que hay un mejor Darcy que Colin Firth (lo digo antes que nada por la miniserie de la BBC, la cual debe haber llevado al mismo lugar al director de El diario de Bridget Jones) o unas mejores Elinor y Mariane Dashwood que Emma Thompson y Kate Winslet en la famosa versión que Ang Lee hizo de Sensatez y sentimientos. No importa cuánto odiemos a Gwyneth Paltrow, nos costará no pensar en su Emma Woodhouse en la más popular de las adaptaciones de Emma o peor, en Keira Knightley en la piel de Elizabeth Bennet en la bellísima adaptación de Joe Wright.  

Cuando cayeron en mis manos estas dos novelas me encantó descubrir que estaba libre de prejuicio cinematográfico y creo que esa puede ser también una motivación para otro lector. Es más, al leer en el prólogo, que la primera, Amor y amistad, es una novela epistolar inconclusa y Jack y Alice un relato demasiado corto, y que ambas fueron escritas a los catorce años de su autora y que estas son sus primeras traducciones al castellano en Argentina (a cargo de Paula Varsavksy), pensé que quizá existía aun material janeausteniano que no hubiera sido adaptado al cine. Por supuesto, me equivoqué: Amor y amistad fue llevada a la pantalla grande en el 2016 y Jack y Alice es retomada por la miniserie Classic Alice. Pero no han circulado tanto como las otras así que es probable que mucha gente pueda leer estas dos novelas con ojos frescos.

Como se sabe, la narrativa de Austen suele retratar la vida de los terratenientes de Inglaterra de principios del siglo XIX los cuales, si bien no poseen título de nobleza, en algunos casos, son  verdaderos ricos. Esta clase, como se dedica a la administración de tierras y renta, vive obsesionada por la herencia, un motivo recurrente en los clásicos de Austen que también aparece en estas dos novelas precoces. Heredar, administrar fortunas más o menos grandes es el trabajo de esta clase social. Por lo tanto, las tramas de las dos historias avanzan uniendo las vidas de personajes que se dedican a esperar herencias o a pergeñar estrategias para conseguirla por la vía del matrimonio.  

Amor y amistad es una novela epistolar conformada por quince cartas en las que Isabel le pide a Laura que le cuente a Marianne la historia de sus infortunios. Jack y Alice es un breve relato que cuenta los avatares de muchos personajes que se reúnen en ocasión de un cumpleaños en la ciudad de Pammydiddle.

Lo que me gustó descubrir en estas narraciones es que, mientras trataba de encontrar en ellas el boceto de los temas que va a desarrollar Austen en su literatura de madurez, pude verlas (y ahora también, se me ocurre leer sus clásicos desde esta perspectiva) como auténticos relatos de sororidad. Unas mujeres les cuentan a otras mujeres cómo gracias a su ayuda mutua pudieron sortear la dificultad del desamparo y la incertidumbre. El matrimonio es la posibilidad de formar familia y hacer sobrevivir la herencia. Eso no se pone en duda, pero aun cuando este se consuma, como ocurre en Amor y amistad, nada garantiza que dure. Los hombres aparecen y desaparecen subrepticiamente. Las mujeres, entonces, se necesitan para acompañarse en la ausencia de aquellos que les han prometido cuidado.  

Otra cosa que siempre me sorprende descubrir en Austen es que las mujeres de sus historias comprenden perfectamente los mecanismos de negociación de su clase social. Muchas veces ellas son el soporte fundamental de sus familias, porque los casamientos promisorios pueden salvar de la ruina a sus padres y hermanas. Las mujeres austenianas saben lo que se espera de ellas y qué pueden pedir a cambio. Saben incluso, cuáles son sus falencias y qué dificultades les traen en su ambiente. Son demasiado autoconscientes. Laura, por ejemplo, es explícita en decir que es ama y señora de las virtudes de su época (belleza, conversación, amabilidad) pero que es demasiado sensible. Algo de dureza, de control de las pasiones se necesita para no ser engañado. No mucho tampoco, a riesgo de volverse un cínico o un mediocre, como es el caso de Dorothea, que es descripta como un ser inferior por su falta de delicadeza. Por la misma razón, la narradora no pierde oportunidad de exaltar el valor de aquellos que eligen construir vínculos basados en la honestidad y el respeto mutuo como la pareja de Sophia y Augustus.

La razonabilidad, la prudencia, entonces, son necesarios para la supervivencia en un medio hostil, pero el amor, el cariño genuino son las únicas vías para la felicidad (como en la historia de Jeannette).

Otro aspecto austeniano que dejan ver estas dos narraciones es que el sentimiento es para Austen también un camino a la verdad. Si algo se «siente», es verdadero. Así, nos encontramos con un abuelo que reconoce a sus nietos biológicos solo porque le generan afecto, una mujer que concluye que un hombre que la perturba con su ronquido es un alma vil y a una mujer que justifica el hurto de dinero a otro hombre solo porque supone que lo debe haber contraído de manera indigna.

En Jack y Alice también la narradora se muestra muy consciente de lo limitado de su mundo social cuando comenta con sarcasmo que los habitantes de Pammydiddle habrían tenido varios meses de conversación después del cumpleaños del Sr Johnson. Otros elementos austenianos encontraremos, sin duda, en este breve relato, como ser el personaje de Charles Adams, en el que uno no puede dejar de reconocer algunos rasgos del Darcy que nos enamorará en Orgullo y prejuicio, el codiciado espécimen que nunca encuentra a nadie digno de su perfección. Como en un Decamerón de desgracias, los relatos son seguidos unos por otros y a la vez incluyen microrelatos de otros personajes secundarios. También acá vamos a ver a las mujeres asistiéndose en el desamparo; y otra vez, el retrato de una clase obsesionada por la herencia como cuando la ninfa de Gales nos cuenta sus infortunios con Charles que, más estratégico que ninguno terminará por casarse con Lady Williams, el personaje más celebrado por la narradora por hacer entre otras cosas, un buen uso de sus bienes a diferencia de Alice, la protagonista, quien acaba entregándose al vino. En ese reconocimiento de los dramas y personajes que a todos nos han cautivado del universo Austen, también vamos a encontrar, nosotros sus lectores, la felicidad.

Amor y Amistad  y Jack y Alice (2018)

Autora: Jane Austen

Editorial: Bärenhausus

Traducción y prólogo por Paula Varsavsky

Género: novela epistolar, relato

 

Complemento circunstancial musical:

 

 

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