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Reseña #232- El protagonista multidimensional

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Por Griselda Perrotta

Juan Bosch es convocado al Cementerio de La Recoleta. Recibe un libro y avala la reducción de un cuerpo. Hasta aquí todo parece un malentendido.

Desde este punto El espectador nos embarca en un relato que logra como pocos quebrar la noción lineal del tiempo, habilitando una mirada simultánea y multidimensional de su protagonista.

El uso de la palabra es tan exacto que cada hecho, pensamiento, sensación, se concatena con el anterior y con el siguiente hasta desdibujar los contornos del lenguaje. Etéreo y a la vez contundente, el texto pide, exige, leer de corrido hasta perderse en el ida y vuelta permanente que el autor propone, alternando al Juan Bosch niño, adolescente y adulto.

El manejo de la tensión y la resolución de conceptos es brillante, así como la naturalidad de los diálogos y la soltura con que, dando solo un par de detalles, Badino consigue poner al lector de lleno en la escena. Nada sobra, nada falta: “A Julito le gustaba volar bajo. Una tarde tocó los cables de la luz y la avioneta se estrelló en medio del campo. A partir de ese día, La Queca se vistió siempre de negro, la expresión de su cara se endureció y se transformó en una persona implacable”.

La voz lejana de un Juan Larrea en sus finales permite al relato enredar al protagonista en dilemas filosóficos que no quedan en el mero razonamiento abstracto sino que van encontrando su reflejo en la trama: “Hay muchas formas de matar a una persona… Pero no hay forma más violenta que la que se ejerce mediante el uso de una pluma… Dirán que no, que no es la pluma la que mata sino la bala que atraviesa el corazón. Pero la bala no tiene poder ni imperio sobre sí misma, igual que la pólvora, o el fusil, o el hombre parado que aprieta el gatillo. Solo el que maneja la pluma puede decidir sobre la vida y la muerte”.

El desdén materno y la falta de mirada paterna van dando forma a un adolescente apartado y carente que acaba por convertirse en padre y esposo distante. Sin embargo, más allá de estas cuestiones fácticas que se desprenden del relato, la historia, narrada desde el sentir más íntimo del propio Juan Bosch, hace caer toda interpretación del lector que se aparte de las premisas que El espectador propone. Es decir, esta novela crea un universo propio donde cada pieza encaja en su sitio exacto. Las palabras logran re-significarse: “Estar de nuevo en este banco a cielo abierto me hace sentir encerrado. No es lo mismo que antes porque entonces pensaba que en algún momento algo iba a pasar y yo iba a poder salir. Miraba a las personas sin que me vieran y esperaba. Pero ahora sé que no hay nada que esperar”.

El espectador es una oportunidad para repensar el lenguaje y es, además, una novela imperdible. Para leer de un trago.

El espectador (2016)

Autor: Alberto Badino

Editorial: La Parte Maldita

Género: novela

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