Reseña #716- Blanco sobre blanco o el espacio de una escucha milimétrica


CYMERA_20181001_000333

Por Bárbara Alí

Para acercarse a Una mañana boreal (Club Hem, 2018) de Carlos Battilana hay que ir un poco en puntas de pie, sigilosamente, como quien va hacia la cuna de un niño para observarlo dormir y se queda allí en el borde, conteniendo un poco la respiración, a la espera de un pequeño gesto que nos revele algo de ese desconocido mundo de los sueños.

Es que este libro, dividido en tres partes (Territorios, Milimétrica y Hojas marrones),  está hecho de pequeños espacios,  geografías transitadas desde una mirada sutil y a su vez atenta a escuchar lo que el mundo tiene para decirle.

Ya desde el comienzo, en el primer poema que le da título al libro, nos encontramos con esta búsqueda, “¿Qué es el Ártico, Groenlandia, Alaska? / maneras de lo blanco, matices/ de una gradación” nos dice esta voz, que entiende que para poder percibir esos detalles leves que escapan al ojo humano no acostumbrado a ese paisaje, debe ubicarse en un tiempo y un espacio diferentes, hacer de su cuerpo una antena sensible a captar los ecos y resonancias con que nos habla el entorno y,  así y solo así, enfriando la percepción habitual que busca asir y nombrar rápidamente todo, dejándola en pausa, es posible percibir los matices de lo blanco y desde allí  habitar y habilitar el espacio para que nazca el poema.

Entrar en este libro es ingresar a un tiempo más lento, que recuerda un poco esa temporalidad suspendida de los poemas de Padeletti, donde la atención se encuentra a flor de piel y el oído sintonizado en el dial de lo diminuto, de esos movimientos milimétricos, casi imperceptibles, porque es allí donde algo de la revelación tiene lugar.      “ la nieve/ se hunde/para hacer el silencio/ del monte/donde una vez vi/transcurrida la estación del año/ y concluida/la consolidación del hielo,/cómo/las ramas de los árboles/apenas se  movían/ y la quietud/era/ el único estrépito,/la más maravillosa/agitación”.

Como dice de una manera bellísima Sonia Scarabelli en el prólogo del libro hay en este tiempo de la escucha atenta un espacio de salvación, “una fiesta breve”, que se abre frente al aturdimiento del mundo, una voz que permite  lo incomprensible sin clausurarlo, encerrarlo o ponerle límites fijos, quizás porque entiende que sostener lo incomprensible es el modo de mantener cierta fe en el mundo.

Poemas escritos de un modo artesanal, versos cortos, como minúsculas piedras preciosas engarzadas cuidadosamente, que parecen construidos a la medida de esta “pequeña voz del mundo” que enuncia desde ese lugar, que como todo espacio de enunciación, es a su vez poético, ético y político. Como dice Diana Bellesi : “Atención y artesanía. Las tareas de esta voz: desatarse de lo aprendido que debe previamente aprenderse, y disminuir así los ecos de las voces altas para dejar oír la pequeña voz del mundo”.

Es que lo milimétrico es en este poemario el lugar del amor, como aparece en el poema en que la mujer acaricia a su hijo con una confianza que solo el amor ciego (ese que puede no ver y sin embargo creer), genera. “Esa mujer/sin plegarias, despojada/de todo misticismo/ sostiene su fe/encendida de amor/en su caricia milimétrica/ que nada puede ni podrá”

Aguzar el oído para escuchar la multiplicidad de “pequeñas voces” desoídas comúnmente por el ruido de las “grandes voces” es un acto político en estos tiempos de aturdimiento. Escuchar para percibir las diferencias, de eso se trata en parte este libro y de eso se trata en gran parte la poesía, en encontrar, “una palabra fugaz/ ya no como forma de posesión/sino como testimonio/o como huella/de un ojo que mira/el día/por primera vez”.

Una mañana boreal (2018)

Autor: Carlos Battilana

Editorial: Club Hem

Género: poesía

 

Complemento circunstancial musical:

Dejar un Comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *