Reseña #683 (1/3)- Esta es mi carne   ¡Actualizado!


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Por Gabriela Urrutibehety

El lector que escribe un diario lee Cadáver exquisito, el tercer libro de Agustina Bazterrica en el que plantea la existencia de una sociedad caníbal donde se crían cabezas de ganado humanas para consumo de otros humanos. El planteo es un cross a la mandíbula (Arlt dixit): se describe toda la actividad de un frigorífico actual con rigurosidad y detalle. El problema es que, varios párrafos más arriba se ha dicho que son “humanos, criados para ser carne comestible”. Con eso basta: una breve torsión del discurso, un donde dice X debe decir Y, y ya tenemos el mundo patas arriba.

El libro de Bazterrica se basa precisamente en esta cuestión: la posibilidad de modificar la realidad mediante las palabras. Consciente de que nombrar es conferir otra entidad, la sociedad creada por la novela, por ejemplo, tiene pasión por un plato cuyo principal ingrediente son dedos humanos. “Pero no los llaman dedos. Les dicen fresh fingers, como si las palabras en inglés pudiesen resignificar el hecho de que se están comiendo los dedos de varios humanos que hace unas horas respiraban”.

Es el acto de nominar el que permite naturalizar esta práctica para que no resulte repulsiva, algo que el gobierno (una entidad etérea que se corporiza en leyes e inspectores) ha entendido como punto de partida necesario para mantener el orden establecido. “Hay palabras que son convenientes, higiénicas. Legales”, se dice el protagonista que amanece en la primera página como una conciencia alerta aunque en conflicto con su actividad de experto en el manejo de un frigorífico que pretende imponer un, digamos, “canibalismo con rostro humano”.

Marcos Tejo inicia su “día de faenar humanos” sabiendo que no puede decirles así. “Asesinarlos sería la palabra exacta aunque no la permitida”: en esta dualidad se mueve, mientras lucha con su propia vida en la que hay una madre muerta cuando era niño, un padre con Alzheimer internado en un geriátrico carísimo, una hermana a la que odia, un hijo muerto y un matrimonio herido.

Y para colmo está el zoológico vacío, los animales desterrados de este mundo bajo la acusación de ser portadores de un virus fatal para los humanos del que todos –al fin y al cabo, esta es una distopía argenta- supone una mentira del gobierno para controlar la natalidad.

Marcos Tejo –como la criada de Margaret Atwood- es un refugiado del pasado: recuerda otros tiempos, repite las palabras de su padre sumido en la mudez de la locura, se ve a sí mismo, joven, colaborando con el régimen, lleno de optimismo y buenas intenciones. El sostenimiento del pasado es el que le permite mantener la distancia y la lucidez crítica. Poca cosa, mucho pensamiento y poca acción: Tejo no es un activista pero puede pensar de otra manera.

Hasta que el pasado se clausura porque irrumpe una posibilidad de futuro, una posibilidad de corregir el estancamiento y proyectarse hacia adelante. Caen las amarras del pasado y, en la última frase de la novela, el protagonista no es ya el que, en el primer párrafo, “con una capa de sudor que le cubre el cuerpo porque sabe que le espera otro día de faenar humanos”.

Cadáver exquisito (2017)

Autora: Agustina Bazterrica

Editorial: Alfaguara

Género: novela

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