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Reseña #307 – La larga música de todos estos años

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Por Verónica Pérez Arango

Médanos de oro es la primera novela de Nicolás Domínguez Bedini y cuenta una historia que ya fue abordada muchísimas veces por la literatura: la historia de un viaje. A fines de los 90, un grupo de amigos entre los veinte y los treinta decide emprender una expedición hacia la ciudad de Médanos en la provincia de Buenos Aires. A ellos se suma el narrador protagonista que funcionará como el cronista del viaje al escribir todo el periplo en la libretita que lleva siempre consigo.

 

Al contrario de lo que un lector entrenado en la lectura de novelas de iniciación puede esperar, en Médanos de oro, el protagonista, que tiene muchas cosas en común con el propio autor -es dj, es sordo, es escritor-, no atraviesa un aprendizaje o una cadena de experiencias que lo llevarán a la transformación, al conocimiento específico de algún tema o a la iluminación. Porque Médanos de oro se propone justamente como una suerte de antinovela de aventuras y aprendizaje de un grupo de jóvenes porteños de clase media que no sabe bien qué hacer de su vida y deambula por la pequeña ciudad sin demasiada pasión ni sobresaltos. El clima de apatía es el signo de la época: “(…) seguía sin saber concretamente con qué finalidad estábamos donde estábamos, comiendo un asado en Médanos y no en una isla del Tigre, por citar cualquier otro lugar más cercano”.

En ese sentido, Médanos de oro no nos atrapa como lectores, no usa el anzuelo de la intriga y el conflicto de la novela tradicional, más bien se dedica a diluir, apaciguar, licuar la tensión. Si en los  viajes algo se revela siempre a los aventureros, dejando la marca de una huella, acá eso no ocurre, puesto que el escritor promueve una narración escurridiza -arena- donde la anécdota prima sobre la preocupación por “los grandes temas”. Así la idea de “la novela importante, a la antigua usanza, voluminosa y de largo aliento” es vista por los mismos personajes con curiosidad o sorpresa.

 

Las imágenes poéticas provenientes de la fuente de la que Domínguez Bedini viene bebiendo en sus libros anteriores (Sueño con lavadoras & otros poemas y Decirte al oído), ambos de poesía, no son abandonadas en esta opera prima narrativa que tiene pasajes de un hondo lirismo, a la vez que lo coloquial se mezcla con un tono más codificado y “literario”: “Osés comandaba las brasas con aplomo y no soltaba la cuchilla como buen asador; tampoco soltaba su vaso con riguroso brebaje etílico. Con su vista clavada en el lechón crucificado, Osés intentaba animosamente seguir el ritmo de las conversaciones. A veces encendía algún cigarrillo y, para que no se notara cuando elevaba sus párpados ante la extrañeza de alguna frase que le sonara inaudita, se agazapaba frente a la cruz para remover las brasas.”

 

Siempre sostenidos por alguna referencia a la música pop, los personajes trazan en su recorrido su propia banda de sonido mientras repasan recuerdos, charlan aleatoriamente, superponen sus voces y asocian ideas libremente: se dejan “ir hacia cualquier parte en las conversaciones”. La superficialidad y la banalidad, dos filtros constitutivos de fin de siglo pasado y por medio de los que la realidad era percibida entonces, aparecen muy bien condensadas en el modo de mirar de este  grupo de viajeros cuyos integrantes -excepto el narrador que observa y toma nota y registra las escenas del viaje- son casi intercambiables entre sí, como apunta acá el cronista: “nunca supe bien si era Wendy, Mona o Amira, quienes se sumaron a último momento en nuestra caravana camino a la caza de los escurridizos médanos”.

 

Quizás el mayor logro de Domínguez Bedini con Médanos de oro sea haber podido rescatar, a través de la literatura, el sentimiento de una generación: sus temas de conversación, sus hábitats, sus intereses, su música. Una foto de antaño un poco borrosa pero que condensa con fidelidad el espíritu de una época.

 

Título: Médanos de oro

Autor: Nicolás Domínguez Bedini

Género: Novela

Editorial: Bajo La Luna, 2016.

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