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Reseña #163- Una tarde cualquiera en el planeta Marte

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Por María Minnuci

Conocí a Félix Bruzzone en un festival de literatura que se realizó en Mar del Plata. Yo trabajaba como asistente y logré ver de muy cerca algunos de sus pasos: qué tomaba en el desayuno, si observaba las dimensiones de la pileta del hotel, sus paseos silenciosos por los pasillos y su entrañable timidez. Quién dijo que “En Las chanchas nada es lo que parece” tiene razón. Es evidente que su voz tímida se hace carne en su literatura: arriesgada, intrigante y alegórica.

Bruzzone ubica su novela en el planeta Marte, pero todo lo demás es de nuestro mundo: apenas unos marcianos que se pasean entre los perros, cotorras que gritan desde los árboles, vecinos, mujeres que quieren ser secuestradas, mujeres que se vuelven cautivas, hijos, celos y conejos.

Pareciera que contextualizar la historia en otro planeta es una excusa para ubicar al personaje de Andy distanciado del mundo real, para que se perciba extrañado de sí mismo y extrañado del mundo que lo rodea. No obstante, ese mismo espacio puede leerse como alegoría del conurbano: marcianos que pueden funcionar como un otro amenazante, que son amenaza para Mara y Lara –las dos chicas secuestradas que se esconden en la casa de Andy- y que, por eso, deciden vivir protegidas por Andy y Gordini. El lector puede preguntarse: ¿por qué escapan de un secuestro para vivir otro secuestro? ¿Por qué las mujeres eligen ser cautivas? ¿Qué tipo de protección encuentran en la casa que no quieren fugarse?

En este sentido es cuando hablamos de la literatura de Bruzzone como una literatura alegórica. Hay un dato de su biografía que revela un trabajo de ficción que permite la recurrencia de algunos temas. Félix Bruzzone es hijo de desaparecidos de la última dictadura militar argentina. Vivir en otro planeta, marcianos amenazantes, secuestros, mujeres en cautiverio, marchas por los desaparecidos. ¿Qué lectura cabe entre tanta referencia?

La estructura de la novela nos permite pensarla en función de lo que ésta nos quiere decir. Se trata de una novela coral, donde cada uno de los cuatro capítulos responde a distintas voces de los personajes: habla Andy, habla Lara, habla Mara y habla Romina –la esposa de Andy. Cada uno narra su perspectiva. Andy guarda a las chicas pero las esconde de su esposa. Lara y Mara están encerradas pero van a una marcha que reclama por ellas. Romina vive en su mundo, desconectada de lo que pasa en su casa, secuestrada en su propio universo. Hay una imposibilidad en los personajes por manejar las cosas. El encierro se convierte en un móvil que les permite vivir constantemente escapando: todos, en definitiva, se escapan de la realidad y se encuentran de alguna manera secuestrados pero huyendo.

Me gusta pensar la literatura de Bruzzone como un “realismo que se enrarece”. Cuando leí Las chanchas no podía dejar de pensar en la posibilidad de que se tratara de una novela de ciencia ficción, que todas esas escenas algún día iban a pasar realmente en Marte. Después recuperé que Crónicas marcianas era uno de los textos favoritos del autor: allí surge esa necesidad de ubicar una situación familiar pero enrarecida en otro lugar, distanciado de todo lo que puede ser real. No se trata de una novela en la que todo puede suceder porque lo único que importa es el lenguaje: Bruzzone abre un juego que queda completamente justificado en su secuencia narrativa.

Las chanchas (2015)

Autor: Félix Bruzzone

Editorial: Randon House

Género: novela

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