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Reseña #46- Segundos adentro (de la microficción)

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Por Pablo Mendez

No es una pelea, pero hay un ring. Hay dos combatientes, pero de las palabras. No está en juego ningún titulo mundial, tampoco un cinturón de oro que ostentar. Es una contienda entre amigos, una exhibición. El lugar: Microfiction Square Garden.

La voz del locutor anuncia:

“En el costado rojo, oriundo de la provincia de Mendoza, con su Bonsai en compota en la mano derecha, con un peso de 150 páginas y, Ricardo Albeeerrrto Bu-ga-rínnnnn.

En el costado azul, de la zona de Morón, con Dos veces breve en la mano derecha y un peso de 140 páginas, Eduarrdoo Var-déeeee.”

El comentarista televisivo:

“En esta categoría de peso microficción tenemos a dos exponentes ineludibles de la actualidad. Por un lado el estilista Bugarín, hombre de mil batallas, que sabe usar la palabra sobre el cuadrilátero de manera sofisticada. Por el otro lado, tenemos a Vardé, rápido y efectivo, con la ansiedad de la palabra comiéndole la mano derecha. Uno de Mendoza, otro de Morón. Comienza el combate.”

El relator que relata:

“Bugarín danza en el cuadrilátero, mece su cuerpo y mi mide a su contrincante, no hay espacio para la duda, la sintaxis perfecta buscando el hueco de impacto, ‘Rumiaba la rústica oración mientras a puro pilón despanzurraba maíz en el vertical mortero’. Vardé intenta por el sector izquierdo, tira latigazos con su mano derecha cargada de pólvora: ‘No se dio cuenta que mirando desde la inmortalidad, todos los demás están abajo’. Segundos afuera.”

El comentarista analiza el primer Round:

“Mientras que Bugarín se mueve con arte escénico y disciplinado, Vardé esconde la potencia de su verbo para el momento indicado”.

Campana, el relator carraspea y dice:

“Vardé intenta con una ofensiva de varios oraciones combinadas: ‘Hoy se cumplen 6 meses de la mañana en que te fuiste. Todo comenzó con el portazo detrás tuyo y el hueco que se me abrió en el centro. Al principio te lloraba porque eras irremplazable. Poco a poco dejé de hacerlo”. Bugarín amaga y sale de la línea de fuego con elegancia y dispara la contraofensiva con astucia poética: ‘El copista trazaba con esmero los signos. cada letra era una sensación sublime. La princesa dictaba de pie su inspirada creación y el joven amanuense deslizaba el cálamo al ritmo de esa voz prístina’. Casi un juego aritmético donde el espectáculo es la incógnita develada. Campana.

Comentarista en el descanso:

“Un juego de ajedrez disimulado de boxeo. Claramente ninguno se saca ventaja. Bugarín enlaza a Vardé en un ritmo preciso: ‘Todo parece menos rudo, y hasta los recuerdos se dulcifican, cuando se nada aferrado al cuello de un hipopótamo lejos de toda superficie’. Mientras que Vardé contrapone el estilo delicado de su colega con la soltura de su vocabulario: ‘La felicidad es ese momento donde nos miramos y lo no-dicho brilla más que el universo’. Nada queda librado al azar de la microficción.”

Tercer Round. Y el relator se prepara para el final:

“Último round y aquí se pondrá toda la energía para que el lector se vaya complacido a su casa. Bonsai en compota y Dos veces breve, dos exponentes del relato breve, nos acercan el mundo microscópico de la experiencia, de la historia, de la anécdota, de la filosofía cotidiana, de universos que se esconden en un bolsillo, de personajes que hacen equilibrio en pocas líneas. Bugarín espera el embate de Vardé paciente en la sabiduría del adjetivo justo, ‘Se volcó sobre el pecho. Con saliva, lengua y unción limpió la zona afectada. Con besos mordidos suturó la herida’. Vardé no apacigua el temperamento de barrio y se mueve con esa sensibilidad brutal, cross de izquierda, uppercut de derecha, un show literario en pocos movimientos, ‘Este es mi cautiverio y no te vas a meter. La cuenta la llevo como se me canta’. Burgarín no se estremece ante la ofensiva envalentonada de su rival, ‘Los hombres se pasan el tiempo en averiguar si lo primero fue el huevo o la gallina y, mientras tanto, envejecen’. Vardé hace un último intento para contrarrestar la estrategia de su par, ‘Esa tarde leí algunas líneas, salí al parque y bostecé… y un gran círculo negro salió de mi boca’. Campana final.

Voz del comentarista:

Un espectáculo lingüístico digno de las grandes batallas del Coliseo. Sin medias tintas cada uno ha expresado sus características con mayúsculas. El podio de la microficción se suspende en el talento de dos guerreros de las historias acotadas que abren un mundo de  interpretaciones. El resultado del jurado es unánime: empate. Abrazo de dos amigos que expresan en la genealogía del detalle el orbe creativo de escena minúscula. Aplausos.

Dos veces breve (2013)

Autor: Eduardo Vardé

Editorial: DVD

Género: microficción

Bonsai en compota (2014)

Autor: Ricardo Alberto Bugarín

Editorial: Macedonia

Género: microficción

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