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Reseña #164- Dos mundos

 

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Por Coni Valente

Marginal es la palabra indicada. Es simple pero define enteramente esta novela de Marcelo Campaner. Por supuesto que no lo digo, sin haber leído antes las definiciones y acepciones del termino.

Marginal:

  1. Que está al margen, en especial de un texto.

  2. Que es secundario o poco importante.

  3. Que está al margen o fuera de las normas sociales establecidas.

Sepan algo, este libro responde certeramente a las tres significaciones.

Hay una oración en el libro que pasa un poco inadvertida en una de las escenas que versa: “Sin rumbo pero en libertad” y es eso todo el tiempo.

Vagino, Colchón, Tero y Perro. 4 amigos: un criminal (en realidad un ladrón de poca monta que después de 3 años y medio sale en libertad), un novio mega pollerudo, un semental muy descuidado y uno que completa el grupo pero no sabemos bien de qué la va. Ellos están de un lado de la línea que, posiblemente, por cuestiones culturales impuestas desde algún lugar de poder, es el incorrecto. Entonces, ahí entra en juego otro concepto: el de normalidad.

Normalidad:

  1. Cualidad de lo que se ajusta a cierta norma o a características habituales o corrientes, sin exceder o adolecer.

Habiendo dicho esto, estoy en condiciones de afirmar que marginal es antónimo de normal. Así les presento la punta del iceberg de mi teoría, de mi tesis al respecto de Fin de semana, que por lejos creo que está atravesada por la interrelación de estas dos ideas, entre otras, claro, pero esencialmente. Partiendo de aquí, la intención de mi desglose será más sencilla.

Imagínense una línea divisoria que atraviesa al mundo de forma entera. De un lado esta lo conocido como el “bien” (incluye trabajar, estudiar, no alcoholizarse, no meterse en problemas con la ley, tener hijos, etc.) y del otro “el mal” (robar, mentir, matar o amenazar con ello, vagabundear, etc.). La luz y la oscuridad. Esta novela es justo lo que está en el medio: la sombra.

No me parece nada casual que Marcelo sea psicólogo y que actualmente trabaje en el Hospital Borda (institución a la que se hace referencia en más de una oportunidad) ya que estimo que estar interesado y en permanente contacto con ese límite que abruma a los insanos, que los aleja de la realidad y los coloca en un plano desconocido, le permite alimentar en él las ganas locas que se muestran claramente en esta novela: desnudar la más íntima humanidad de unos seres al borde, presas constantes de un precipicio vital que los mantiene siempre a raya, a punto de caer al vacío mas infinito. En varias escenas del libro se ve esa dualidad, esos dos mundos cruzándose, tocándose de cerca pero como el agua y el aceite sin mezclarse de forma definitiva.

Quizás es por esa tremenda dificultad que existe en la mixtura entre una dimensión y la otra, que el autor tiene la extrema necesidad de insertar en el relato, puertas vaivenes que hagan fluir la intersección de los dos círculos: el sexo es una de ellas como también lo es el concepto de trabajo, pero la verdad es que eso no me parece lo más trascendental, aunque lo destaco como un recurso valido para avanzar.

En realidad, Fin de semana, es la historia de Colchón, más que de cualquier otro, porque en ese curso de dimensiones desproporcionadas se encierra un pibe de unos veinte y pico de años abandonado a su suerte, puesto al costado, en la banquina de la vida, entregado a la nada misma, rodeado de un grupo de amigos expulsados de “la normalidad” hasta por sus propios padres. La marginalidad corporizada en cuatro pibitos.

Es la historia de la desolación, de los procesos mentales que construyen en esas mentes corrompidas las soluciones más descabelladas a los problemas más comunes. Dos mundos, el de la conciencia y el de la inconsciencia dando una batalla. Claman por salir pero no tienen las herramientas, no logran pensar como las señoras “bien” del cabaret y entonces se enredan en sus propios pasos y cuando están al filo de la navaja, vuelven en sí. Menos Colchón.

Fin de semana es el mundo del submundo, es lo marginal de lo normal. Campaner nos mete una trompada con esta novela, nos expone nuestra responsabilidad pero también nos conduce por esas sinapsis ensordecidas, por los caminos del borde y nos trae con absoluta sensibilidad y un fino toque de maestría, el manual perfecto para comprender el delirio de esos que andan sin rumbo.

Decir que los cuatro protagonistas se van sacando cadenas a medida que avanzan sería correcto, pero decir que Marcelo nos enseña el origen, el grosor, la textura y el peso de esas cadenas también lo seria. Eso es este libro, el pasaje por el limbo de la vida.

Cuando uno no encaja quedan pocas salidas. Vagino, Tero, Perro y Colchón puede que tengan una oportunidad de atravesar las tinieblas y volverse luz; el punto es descubrir donde ven ellos los puntos claros y el autor, aquí, nos conduce con mucha lucidez por esos senderos intransitables para los “normales” pero habituales para los “marginales”. Al final de cada camino puede haber salvación o muerte y cualquiera de las dos puede ser la representación de la libertad tan ansiada.

Fin de semana (2015)

Autor: Marcelo Campaner

Editorial: Textos Intrusos

Género: novela

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