Reseña #247- Devoción por una poética sensorial


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Por Nuria Silva

El amor de Pablo Capanna por la ciencia ficción lo llevó a conocer a Andréi Tarkovski en el viejo cine Cosmos, cuando asistió al estreno de Solaris, adaptación de la novela de Stanislaw Lem. Cuarenta y tres años más tarde, mi amor por el cine me llevó a conocer a Capanna a través de este libro que recopila datos biográficos del realizador ruso además de un análisis pormenorizado de toda su filmografía. Digo conocerlo a él porque en su libro, y tal vez de forma involuntaria, el autor habla tanto de sí mismo como de Tarkovski. Su manera de escribir tan asequible y su mirada antes fascinada que académica resultan generosas ante un autor difícil de abordar y que exige, más que cierto bagaje cultural, una paciencia que el ritmo cada vez más frenético del cine contemporáneo ha ido minando.
Capanna enseña con esa paciencia, sin superioridad alguna; el libro es una puerta abierta al asombro, a la sorpresa de quien descubrió algo nuevo que lo entusiasma. De esta manera no sólo él se coloca a la par nuestra, compartiendo y contagiándonos ese entusiasmo, sino que humaniza y torna más cercana la figura del director a quien el academicismo crítico ha elevado a zonas prácticamente inaccesibles para el espectador no especializado. Tanto pareciera interesarle forjar esta complicidad con el lector, que en su prólogo asume su amateurismo cinéfilo y señala como error el carácter ideal del lector de críticas cinematográficas: leer después de ver.
Una anécdota que el libro recupera cuenta que durante un seminario en que un grupo de renombrados críticos concluían, tras largas horas de debate, que El espejo era una película sin sentido, una mujer que se encontraba trabajando como ordenanza del lugar se entrometió en la discusión explicándola con absoluta ligereza: un hombre que tiene miedo de morir recuerda todo el mal que pudo haberle hecho a otros y busca pedir perdón. Lectura finalmente avalada por el realizador. El desglose que Capanna realiza de cada película pareciera surgir de esa misma claridad, de una mirada que no se encuentra viciada por los tecnicismos del lenguaje crítico que muchas veces peca de soberbia perdiéndose en la sobre interpretación de elementos que deberían ser reconocibles para todos.
Sus films no son fáciles, porque están más cerca de la plástica que del cine comercial. Y sin embargo, apelan a imágenes que todos comprendemos, como el viento, la lluvia, el fuego, la infancia, expresa el autor en un pasaje del libro, poniendo de manifiesto la experiencia sensorial del cine de Tarkovski y su propia intención de eludir la fría intelectualización que conlleva un distanciamiento.
En los primeros dos capítulos “La oferta y la demanda” y “La singularidad creadora”, Capanna nos conduce por la vida de Andréi desde su nacimiento hasta su muerte, atravesando su juventud, su formación como cineasta, su lucha contra el estado soviético y su exilio. Estos detalles, además de conformar un exhaustivo mapa histórico de la Unión Soviética que lo vio nacer para luego desterrarlo, funcionan como faro para la interpretación de sus imágenes que parecieran flotar -como habitualmente lo hacen los protagonistas de sus films- inconexas de toda lógica narrativa.
Resulta más trascendental a los fines del análisis de su obra la compleja relación con su padre, Arseni Tarkovski -uno de los poetas rusos más reconocidos del siglo XX- y su crianza bajo el amparo de su madre, que el trasfondo político e ideológico al que igualmente Capanna le da relevancia. De su tierra, como de su padre, Andréi se sentía huérfano aunque eternamente enlazado. Por esto mismo la voz y la poesía de Arseni serán fundamentales en tres de sus películas, y muy especialmente en El espejo, la más autobiográfica de sus obras.
La organización de los capítulos que conforman el libro resulta atendible para confirmar el pacto de lectura inicial. En el tercer capítulo, “Mosaicos de tiempo”, el autor desmenuza película por película (e incluye la tesis con la que el director se recibió, La aplanadora y el violín, de 1961) sin forzar ninguna lectura. Básicamente las cuenta, las describe, y de esta manera nos las clarifica. Una vez limpias de toda mirada intelectualizada, nos lleva por los recovecos de la compleja iconografía que las conforman.
Quienes se hayan sentido expulsados por los tiempos y la estética de Tarkovski y tal vez no tengan una estrecha relación con la teoría cinematográfica deberían leer este libro. El lenguaje críptico de su cine se convierte en el claro reflejo de nuestras angustias y pasiones más naturales. Y esto se lo debemos al considerado estilo de Capanna.

 

Andréi Tarkovski. El ícono y la pantalla (2016)

Autor: Pablo Capanna

Editorial: Letra Sudaca

Género: ensayo

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