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Reseña #113- Una virtualidad inusitada

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Por Coni Valente

Un libro breve de un autor poco conocido y editado por un sello jurídico. La contratapa dice: “literatura facebookera o facebookista”. Paso a explicar lo que dice Marcelo que es esta novela: “Estos textos no fueron concebidos para ir a parar a un libro, sino como estados de mi cuenta de Facebook”. De algún modo, es un ejercicio que todos podríamos hacer, irnos varios años atrás o al comienzo de los tiempos y construir un relato más o menos coherente de nuestra propia línea de tiempo. O agrupar esos estados en tres grandes grupos, como lo hizo Caparra: “Todo sobre mis putes”, “Tontas canciones de amor” y “Texturas”.

En principio diré: no sé qué cuernos significa putes (y ni el diccionario pudo ayudarme); no conozco a Marcelo Alejandro, que es chaqueño, vive en Resistencia y es amigo de Guido Moussa (a quien ya reseñé), pero ya me cae bien que use sus dos nombres; este libro me huele a originalidad porque está basado en una plataforma de comunicación de estos tiempos (el Facebook) y me copa que el autor entregue los escritos para que cada uno de los lectores resignifique, reinterprete, deseche o reflexione sobre ellos diciendo “Este sueño comunitario, este papelerío que viento y goce desordenan, ya no es mío, es de nosotros”.

Lo que no pude decirte aquella vez tiene un título seductor y más de minita, la verdad, lo cual me hace pensar que Marcelo Alejandro debe tener una importante sensibilidad. Es un libro que está escrito en primera persona y que, por supuesto, es autorreferencial. Pero al mismo tiempo, es una mezcla extraña que no podría encajarse en ningún género literario conocido y que al pasar las hojas se vuelve una aventura divertida que vivenciar, porque como dice en el prologo Rocío Navarro “el libro respira, está vivo en los vaivenes de este hombre que así llega a conclusiones como que el secreto radica, como siempre, en transformar la fuerza bruta en imaginación enamorada”.

El mismo Marcelo Alejandro dice de sus textos aglomerados aquí: “Aparte de amorfos, mis textos están inconclusos. El resto del trabajo depende de vos, lector”. Es ciertamente una invitación o al menos a eso suena y entonces como una forma de advertirnos lo que podemos encontrar en las páginas que le siguen, el autor nos pone en autos de su no intención digamos.

Yo no sé lo que vayan a hacer otros lectores con este libro, pero yo, que soy naturalmente desconfiada y fuertemente apegada a la realidad, me fui a corroborar en el Facebook de Marcelo Alejandro si realmente había posteado en la fecha indicada los textos que el libro me traían. O sea, un stalkeo reflexivo. Y uno muy en serio, en pos de una reseña como la gente. Verídica.

Y finalmente ¿Qué encontré? Pues el autor no engaña: ahí están esos posteos. Una vez comprobado este asunto de la veracidad, me puse a pensar mientras leía ¿Qué era lo que habían motivado esos textos en aquel momento? ¿Qué es lo que nos empuja a publicar en una red social, un pedazo de nuestra vida, una proclamación absurda o un mensaje encriptado? Pues, a veces, simplemente nada sino solo un impulso irracional o un acto reflejo no medido o no sé, un deseo inconsciente o la decisión de mostrar un pensamiento pero sin mostrar la cara en el momento preciso que se nos viene a la mente. Supongo que todos tendremos pulsiones distintas para hacerlo y de algún modo creo que de eso habla Marcelo Alejandro cuando pone a disposición este libro a sus lectores.

En mi particular forma de pensar, las redes sociales – y el Facebook en particular-, representan un lugar donde la mayoría de los usuarios deposita las aspiraciones en términos psicológicos. Me refiero a que son un vehículo para ser lo que uno desea aunque uno no lo sea. Pero más allá de esta reflexión personal que a mí me dispara “Lo que no pude decirte aquella vez”, intuitivamente detecto que el autor en esta recopilación es sincero, genuino, auténtico. Deja entrever estados de ánimo, broncas, decepciones, gustos, intereses, deseos. Y me copa.

Escucha Nick Cave mientras acomoda sillones, reflexiona sobre Mirtha Legrand y su descendencia mezclando un hecho de la realidad política con “La piel que habito”, la película de Almodóvar y hace convivir a Freud o Borges con Susana Giménez o Gasalla.

Caparra publica poemas y diserta sobre Spinetta y Agostini recordando las tres empanadas de Brandoni y trae a colación su disgusto con Coelho o despotrica contra músicos en su día. Y así podría seguir citando entramados de textos que por algún motivo se le vinieron a la mente a este buen chaqueño de 42 años que amuchó en esta obrita que en su primera parte acumula enojos como una forma de exorcizar los demonios internos y al mismo tiempo mostrar una línea de pensamiento, una ideología: su manera de ver el mundo, el que lo circunda y el que ve en la tele o le muestra el cine, la música o los libros. Y todo eso ocurre mientras el tiempo pasa, los días se acumulan entre cuadros, candelabros, facturas a pagar, cortes de luz y calor.

Marcelo Alejandro nos acerca con este libro muchas reflexiones propias que se podrían agrupar solo en una: nuestras vidas están atravesadas por una virtualidad inusitada y ese hecho hace repensarnos. El Facebook, principalmente, nos da la posibilidad de volver hacia atrás, rebobinar y ver ahí lo que fuimos, lo que éramos, lo que quisimos ser, nos trae una sensación, un olor, una alegría o una pena con un solo click. Lo leo y es impensado, al menos para mí que nací en una generación en la que un teléfono celular represento el salto más grande del universo. Y no hablo de un Smartphone. Desde cosas boludas, como que un domingo de 2009 te mandaste unas torta fritas mientras mirabas como llovía por la ventana o que un 3 enero de 2014 le diste fin a una historia de amor interminable. Eso hace la virtualidad con nosotros: nos deja rebobinar y volver a vernos, desde lejos, diferentes. Pero también nos permite gritar desde el anonimato lo que queremos ser y por ultimo nos acerca a redefinirnos desde lo que somos y hacia lo que deseamos. Claro está, todo esto usado debidamente.

Lo que no pude decirte aquella vez es la diversidad, es un juego, es una novela, es justamente todo lo dicho pero también lo que no dijiste cuando debías y llegaste a tu casa y lo publicaste en Facebook como vomitándolo.

Y en definitiva, creo que todas son excusas: las calzas fucsias de María José, encontrar en la tele “Mi novia Polly” empezada, el Black Friday, dormir con la pastilla de Fuyi, los intentos por definir lo que es el amor, la monja desubicada, el Milka aireado que fue regalado o sentarse en el inodoro de Mario. Todos son pretextos, meros recursos discursivos para decir otra cosa, muchas otras cosas. Lean este libro y capaz las descubren entrelineas.

Lo que no pude decirte aquella vez (2015)

Autor: Marcelo Alejandro Caparra

Editorial: ConTexto

Género: relatos

4 comentarios

  1. Me parece bien que la banalidad diaria de una persona X pase a un libro. Los comentarios que alguien pueden no ser importantes o intrascendentes pero quizas recopilados todos en un libro, pueden ubicar a uno.

  2. Adicta a los Libros Adicta a los Libros

    Muy interesante. Me dieron ganas de leerlo!!! Debe estar buenísimo este libro

  3. Gustavo R. Bonzón Gustavo R. Bonzón

    Coni: Es muy interesante y provocador tu post. Te confieso que detecto un lenguaje y estilo revisionista muy lacaniano de tu parte, lo que para mí está lejos de ser aceptable por dos simples razones: 1- No acepto las pseudo-ciencias; y 2- Lacan no escribió nada, sus discípulos escribieron incompletas sus charlas de grupo en francés (con mucho argot sin traducción posible) a un pésimo español y eso es lo que podemos leer del él. Como una Biblia escrita originalmente en arameo antiguo y traducida al inglés de hoy, tiene un piso de 64 a 70 traducciones no profesionales. Sin embargo, es provocador y estimula a comentar cosas que posiblemente sean más mentira que la misma verdad. Antes, cuando todo el mundo deseaba, siguiendo a Covey, dejar un Legado, muchos empezamos a hacer nuestros blogs o bitácoras personales. Fue interesante un tiempo, pero «hay que mantener un blog». Yo tuve uno que superó por lejos, en cantidad de lecturas o hits al mismo Diario Norte durante mucho tiempo. Mi secreto era «provocar» desde la misma frialdad de los números vinculando al ser humano con su deseo de tener o adquirir lo que ningún ser humano puede comprar: El Tiempo (El tiempo de vida). Fue interesante hasta que decidí que había pasado su momento, me cansaba y lo di de baja. Luego vino Facebook, con todos sus matices. Llegó un momento en que no podía manejar mis miles de «amigos» que no eran tales y le «pasé la escoba», barrí a todos los que no me hacían un aporte positivo o simplemente estaban ahí, sin hacer ni aportar nada. Ahora para mí, Facebook, es un simple recordatorio de cumpleaños, entro 5 minutos al día, saludo y listo. Sin embargo, te reconozco que es un medio que muchos usan para catarsis de conflictos no elaborados, amores que no fueron, etc. De ahí hasta la venta de autos robados, drogas, armas, etc. Es como un OLX con poesía y algo de mística idiota para los compartidores de ideas o frases ajenas, cosa que detesto. Entonces, llego a un punto crítico en mi visión (certera o errada): ¿Para qué voy a perder mi escaso tiempo (que distraigo de jugar con mi hijo menor, por ejemplo) en intentar hacer un aporte sobre un libro que nunca leí ni pienso leer de un tipo que no conozco ni me interesaría conocer a menos que varios psiquiatras me digan que no consume nada raro o que no se va a volar la tapa de los sesos en media hora por un Síndrome Depresivo no tratado? Simple, vos me pediste mi opinión y te la acabo de escribir. Cariños.

  4. Por fin tuve tiempo para leer tu reseña!! Perdoname la tardanza!!!
    Primero, gracias por invitarme a comentar y allá voy.
    Lo cierto es que no conozco este libro… en cualquier caso, tu reseña me parece muy acertada -aún desconociendo el libro-, pues deja claro de qué va pero sin abrirlo en canal, con un estilo sencillo y un brillo propio, sin resultar pedante. Me gusta, aunque debo decir que no soy ninguna experta, porque según tus palabras, dan ganas de adentrarse en su lectura por mostrar un libro de temática cuanto menos entretenida.
    Saludos,
    Diana

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