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Reseña #559- No le cerremos la puerta a lo Gótico

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Por Rubén Risso

La receta de Vladimir Propp para el cuento maravilloso no se nos agota. El héroe, el malo, el conflicto, la ayuda, el triunfo. Desde pequeño recuerdo este memorando que me hacían repetir como un loro: La receta para narrar un suceso interesante, lo que no consta de una cualidad sine qua non de cada historia contada. ¿Imaginan a los bardos de la antigüedad narrando las epopeyas de un leñador que, en desesperada necesidad de madera, tala el primer pino que se le cruza en el camino? Lo que interesa de una historia es lo que está en juego, lo que simplemente pasa. Ni hablar de la cantidad de relatos que hacen un uso estrambótico del lenguaje, un manejo exótico de la sintaxis y que sostienen modalejas (el neologismo es intencional) que apuntan al vacío existencial de autores que solo usan el ojo cuando está tras el párpado.

Apunto con el dedo porque el libro hoy homenajeado, La niña mas rara del mundo, de Mariano Cattaneo, y me invitó a plantearme estas cuestiones sobre el género. Además, como estamos en la semana del día del niño, qué mejor que preguntarnos lo siguiente: ¿Para qué lee un niño? Yo creo que si sostenemos que la literatura es cosa de gente grande, deberíamos abandonar la idea de escribir para los que el día de mañana gozarán de esa misma tradición. Pero, ¡ay!, cómo podrían hacerlo si de pequeños no supieron nada de ella. Por eso escribimos para los niños, para recordarles que una de las mejores maneras de aferrarnos a nuestra humanidad es contándonos historias entre nosotros. Historias que interesen. Entonces, no dejo de plantearme: “Claro, para disfrutar de una historia de terror, sería natural sentirse como un niño ante aquello que horroriza”. Sentirse como un niño es también situarse en un lugar de escucha, de recepción, permitir el asombro, la sorpresa. Creo que en ese histórico libro, “El mundo de Sofía”, analizaban a la capacidad de sorprenderse como una cualidad envidiable que poseían solo los niños y los filósofos.

El gótico es eso. Se evalúa historiográficamente como un movimiento artístico surgido hacia finales de la Edad Media que buscaba replicar —especialmente en lo arquitectónico— la sensación de pequeñez ante Dios. Quizás por eso aún sentimos esa “cosita” cuando nos paramos frente a una catedral de estilo gótico. Pero, sobre el campo de la literatura, me gusta pensar que la sensación de extrañeza sobreviene frente a lo desconocido, lo oscuro. Cattaneo, nos habla de esto, entre líneas:

“A veces, crecer implica cerrar algunas puertas y quizás, sin darnos cuenta, dejamos tras la cerradura cosas que nos hacían bien, que quizás nos recuerdan quiénes somos realmente”

Las literaturas juvenil e infantil nos recuerdan la simpleza con la que nos acercamos a una historia; más aún, la literatura de terror gótico infantil o juvenil nos recuerda qué es el terror, cómo llegó a la literatura de mano de Poe: con el conflicto central del gótico, la sensación de no conocer las oscuridades que rondan el mundo, oscuridades no humanas. Melién, nuestra chica rara, protagonista de esta maravillosa historia, nos demuestra que lo desconocido existe, que los terrores e imaginaciones infantiles pueden ser palpables sólo si no les cerramos la puerta en la cara.

La historia de La niña mas rara del mundo tiene todos los elementos de una narración bien llamada gótica. La oscuridad, el ambiente pesado, la tormenta, pieles pálidas, atmósferas azuladas. Todo está ahí, en la mesa, listo para invitar a los más pequeños al mundo de lo desconocido. Y por si fuera poco, no hay solo un libro, ¡sino también un corto! El trabajo que realiza Catanneo, su aporte al corpus terrorífico de autores nacionales dispuestos a militar el género (como también lo hizo Gonzalo Calzada con “Resurrección” y Laura Casabe con “La Valija de Benavidez” –sobre un relato de Samanta Schweblin–, entre otros).

La adaptación cinematográfica de La chica más rara del mundo tiene la suerte de que su autor y director tengan el mismo nombre. Todo en él es un homenaje al género: desde el trabajo de iluminación, la estructuración rasposa de personajes unidimensionales (esto no debe leerse como algo negativo, el gótico a menudo presenta personajes marcados por la sensación de extrañeza y la poca profundidad), hasta la infaltable compañía musical del clavicordio, presente en casi todas las escenas. Con presteza y atención al detalle, Cattaneo ha logrado contarnos la misma historia de dos maneras diferentes. En el corto, observé guiños a Carmilla, del irlandés Le Fanu, que hacen de Melién un personaje que disfruta como Dios manda de la oscuridad.

Este tipo de trabajo intertextual es el que me llena de felicidad al momento de hablar sobre producciones literarias nacionales de género. Más aún, del subgénero gótico, aquel que en su momento me cautivó por su misterio y sensación de totalidad. “La chica más rara del mundo” fue para mí un pequeño disfrute que me dejó con ganas de más. Sin dudas acercará a más de un niño, niña o adolescente al género que tanto mimamos los amantes del terror.

La niña mas rara del mundo

Autor: Mariano cattáneo

Editorial: FAN

Género: cuento

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