Reseña #570- Retrato de género en tiempo y forma 2


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Por Fabián Soberón

Este es un libro extraño, una entrada insólita al mundo del pensamiento a través de un método lateral: el género epistolar. Margaret Cavendish, dramaturga, filósofa, escribe cartas a una interlocutora imaginaria y reflexiona sobre la condición de la mujer en su tiempo, sobre las pasiones y sobre el arte de vivir. El modo indirecto le ayuda a evitar la solemnidad, ese bien del que se enorgullecían los filósofos alemanes. Algunas cartas se deslizan por los avatares mundanos, otras establecen potentes teorías filosóficas y otras son literalmente manifiestos. Así, Margaret Cavendish se refiere a la violencia femenina, la relación de Astasia con Pericles, la belleza, el tiempo, el casamiento, los valores masculinos, la ontología de la obra artística, entre otros asuntos. Lo inusual es el tono de la prosa en sintonía con la fulguración de los pensamientos. No es que Cavendish siempre acierte sino que su rumiar se queda pegado en el cerebro del lector. Amparada en la soltura y la intimidad del género, Cavendish se despacha sobre temas antropológicos, sociales y configura así una especie de filosofía de tocador, una caja de reflexiones sobre lo que tenemos a mano y sobre lo que está lejos, en el cielo de las ideas. El lector asiste a un laboratorio de percepciones, representaciones y autorepresentaciones, como si el yo de Cavendish fuera una forma posible de poner en acción la concepción que heredamos de Montaigne de la subjetividad humana. Tres modos posibles de escuchar la mente confluyen en el libro: carta, conversación con fuera de campo, ensayo. Escuchamos el tono de su discurso, el fluir de su mente, el sendero escrito que deja el rumiar. Dice Cavendish sobre el tiempo: “de igual modo se comporta el tiempo, a todos corteja y luego abandona a todos los que ha cortejado”; anota sobre el gobierno del mundo: “pareciera que ellos gobiernan el mundo pero, en realidad, nosotras gobernamos el mundo ya que nosotras gobernamos a los hombres”; escribe sobre la fuerza de las palabras: “la elocuencia es más poderosa que la naturaleza”. Como un eco de los versos duraderos de Horacio, la filósofa sostiene que los castillos poéticos no están sometidos a la ruina de los castillos de madera y, además, “la construcción de castillos poéticos no empobrece ni arruina a las familias del constructor”.

Cavendish entiende al género epistolar como el espacio de la conversación a distancia. Las cartas son un medio en papel que sustituye y crea un ámbito privado, un modo de la conversación. La autora cultiva el arte del diálogo imaginario. Y el diálogo, lo sabemos con Platón, es un medio para el pensamiento, para la filosofía. En este sentido, la conversación erudita es, en cierto modo, una forma del ensayo, entendiendo al ensayo como lo entendía Hume. Es decir, el ensayo como la mezcla de conversación y erudición. En este caso, la carta contribuye a desarrollar el camino sinuoso del pensamiento a través de los laberintos de la conversación.

“Cuando ambas estemos muertas, podrías aspirar a una conversación de almas”, dice Cavendish en la carta uno como si hubiera querido iniciar su libro con una teoría sobre el género. Su fascinación por la conversación la empuja a desear un diálogo después de la muerte. La palabra y el pensamiento pueden ir más allá de la muerte, diríamos siguiendo a Quevedo: amor constante más allá de la muerte.

En pócimas breves, Cavendish retrata su tiempo y también a sí misma. Una mente propia nos ofrece la oportunidad de escuchar una de las formas del yo en el siglo XVII. Y, a través de esa mente, podemos discutir qué pensamos de Cavendish y de nuestro mundo.

 

Una mente propia

Selección de cartas sociales y discursos femeninos (2007)

Autora: Margaret Cavendish

Editorial: Mardulce

Género: ensayo epistolar

 


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