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SERIES- Crítica- Chernobyl y la Guerra Fría Audiovisual

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Por Julián Álvarez Sansone

En la nueva Guerra Fría audiovisual: series en la disputa por la historia. El actor sueco-danés David Dencik interpreta en la polémica serie (para algunos, de forma brillante) al secretario general del Comité Central del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov. La batalla cultural gramsciana parece haber empezado (o continuado en nuevas formas).

Primero, vamos a resaltar lo importante: la serie  Chernobyl ha logrado cosechar un éxito abrumador de la crítica especializada. En la 71.ª edición de los Premios Primetime Emmy recibió diecinueve nominaciones y ganó la categoría de Serie limitada excepcional, Dirección excepcional y Guion excepcional, mientras que Harris, Skarsgård y Watson recibieron nominaciones por su actuación.

Ahora bien, ¿Quiénes son Harris, Skarsgaard y Watson? Jared Harris es el actor británico que representa a Valeri Legasov, el personaje principal. Este es un científico soviético experto en química inorgánica que trabajó en el Comité de Investigación del desastre nuclear de Chernobyl. Skarsgaard, por su parte, es un actor sueco que encarnó el personaje de Boris Shcherbina, un ucraniano que se desempeñó como Vicepresidente del Consejo de Ministros entre 1984 y 1989. Durante esos años, puntualmente, se desempeñó como supervisor de la gestión de la crisis del desastre de Chernobyl. Watson, por su parte, es una actriz británica que protagoniza uno de los pocos personajes ficticios de la miniserie: Ulana Khomyuk. Esta científica ciertamente nunca existió, pero la importancia de su personaje radica en que representa los sentires, preocupaciones y pensamientos de la comunidad científica soviéticas. Cabe mencionar que en aquellos tiempos hubo casos de científicas soviéticas que ya venían cuestionando la seguridad de la Central Nuclear. Este personaje, en cierto punto, es estratégico y puede entenderse como una licencia dramática que da sentido a escenas y a la trama de una miniserie hiperrealista (producida bajo los lineamientos de investigaciones realmente exhaustivas y detallistas con respecto a lo sucedido en la vida real durante ese proceso). 

Hay tres cuestiones también que merecen ser destacados sobre la serie. Uno es el rodaje. No sería fácil (y sería insalubre) filmar en la zona cercana a Chernobyl, y la decisión de la producción fue desarrollar la filmación en una zona visual y estéticamente similar  a aquella ciudad ucraniana. Así, hicieron un trabajo de investigación hasta que dieron con Fabijoniskes, un pequeño
pueblo dentro de la provincia de Vilna, en Lituania. La historia real transcurre en Pripyat (Ucrania), como todos sabemos, pero la miniserie fue filmada en Lituania.

El otro punto importante corresponde a una característica de nuestros tiempos: la globalización y la cooperación internacional. La miniserie está realizada con capitales y guionistas norteamericanos, pero utiliza actores ingleses, escoceses, suecos, e irlandeses que actúan en Lituania para representar una historia que realmente sucedió en Ucrania. Y a eso debe sumarse que buena parte del guión está basado en el libro de la autora bielorrusa Svetlana Aleksiévich, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 2015 y autora del libro Voces de Chernobyl.

 Y el tercer punto, que a mi parecer es probablemente el más importante, es el componente político. A través de décadas de series, películas de Hollywood y libros, Estados Unidos ha creado y expandido un imaginario cultural simplificado y sin matices: durante la Guerra Fría, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) fue el villano y los Estados Unidos el héroe.

A partir de la serie Chernobyl (emitida por primera vez el 6 de mayo de 2019 por el canal estadounidense HBO) y lo mal visto que queda el gobierno soviético, no sorprende que el gobierno ruso quiera hacer una serie culpando a un agente de la CIA de causar una explosión en un reactor nuclear. A su vez, tampoco es sorprendente ni casual que un accidente como el de Chernobyl haya dejado en evidencia algunas flaquezas que padecía el sistema totalitario desarrollado por la URSS.

Durante décadas, los militantes comunistas del Tercer Mundo (sobre todo en América Latina y el África Subsahariana) admiraban a la URSS por su multiculturalidad, su antiimperialismo y su  tecnología. Ante esto, el accidente de Chérnobyl, ocurrido el 26 de abril de 1986, supuso una impugnación significativa. A partir de entonces, no fueron pocos los que comenzaron a desilusionarse y a cuestionar las implicancias del modelo de desarrollo soviético.

Sobre este tema, cabe mencionar que muchos ven a Chérnobyl como el principio del fin de la era soviética. Esto se puede considerar, sobre todo, al tener en cuenta que a partir del mencionado accidente se aceleraron los procesos de reforma que iban a terminar en la disolución de la Unión Soviética en 1991, demonizando a Mijaíl Gorbachov como «el mariscal (o padre) de la derrota«.  Y esto es una verdad parcial, pues no total ni completa. Porque hasta el día de la caída, nadie estaba realmente convencido de que la Unión Soviética se disolvería. Sobre este punto es menester citar las ideas propuestas por un investigador argentino y Doctor en Historia Martín Baña, quien explica que el proceso no arrancó ni con Gorbachov ni con Chérnobyl, sino algunos años antes con la llegada de Yuri Vladimirovich Andrópov a puestos de decisión relevantes.


¿Quién fue Andrópov y qué importancia tiene en la historia? Andrópov fue durante 15 años (1967-1982)  jefe de la KGB, los servicios secretos soviéticos.  Así, en un contexto donde «el conocimiento es poder» ,él sabía todo: quién se corrompía, quién mentía y cuáles eran las falencias del sistema.

Antes de que ocurriese el fatídico accidente en abril del 86, Andrópov  comprendió que era necesario emprender un profundo plan de reformas para que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas siguiera con vida y pudiera competir de igual a igual con su rival: los Estados Unidos.  Pero, su temprana muerte en 1984 impidió que pudiera implementar las reformas.

Durante muchos años, la Unión Soviética logró sostener un sistema económico que prescindía de los mecanismos de mercado. Este sistema, cabe aclarar, está reflejado en la serie y se conocía como sistema de planificación centralizada.  A través de este sistema, y en épocas donde no existía ni el Excel ni la internet (este no es un detalle menor), se asignaban recursos económicos a la sociedad dejando de lado la ley de la oferta y la demanda que era tan popular y estaba tan instaurada en Occidente. Esta sistema representaba, a grandes rasgos, que «podía haber vida más allá del mercado». Pero, cabe mencionar, con varias falencias: el derroche de recursos, la mala administración, la información defectuosa y cierta centralización y concentración de poder quizás exagerada (factores que se ven reflejados en el correr de los capítulos de esta serie).

Para entender mejor y en profundidad este tema, es necesario citar las ideas del historiador ruso Vladislav Zubok, quien plantea en varios de sus libros que la Unión Soviética estuvo siempre a la defensiva con respecto a los embates de la OTAN y sus aliados. Menciona, además, que desde la Crisis de los Misiles (1962), los soviéticos siempre se limitaron a responder provocaciones. De este modo, parece haber una similitud entre las acciones de los dirigentes de la antigua Unión Soviética y la actual dirigencia de la Federación Rusa.

Luego del lanzamiento de la mencionada serie que  no los deja bien vistos y expone algunas de las flaquezas de ese régimen que causó admiración y desilusión en millones, planean hacer una nueva serie culpando a un agente de la CIA. Nuevamente, siguiendo el análisis de Zubok, los rusos actúan como respuesta a una provocación. Y la lógica de héroes y villanos, se sigue reproduciendo, pese a que la caída del Muro de Berlín data de unos treinta años atrás.

Chernobyl (2019)

1 temporada de 5 episodios

HBO

 

Complemento circunstancial musical:

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