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Reseña #923- De la potencia al acto

querer escribir

Por Manuel Quaranta

Todos hemos experimentado en alguna circunstancia el trágico e inevitable abismo que separa el deseo de su satisfacción, un abismo inconmensurable, una postergación invariable, sin embargo, a pesar de las notables evidencias en contra, mantenemos intacta una ilusión: la ilusión de poder. Sí. Y esto ocurre (el abismo) no sólo porque los deseos suelen desbordar nuestras limitadas posibilidades de satisfacerlos, sino también debido al hecho de que ni siquiera alcanzamos a intuir cuáles son realmente esos deseos. ¿O será al revés? ¿O será que la angustia proviene de conocer al detalle nuestros deseos, de conocerlos y de saber que existen chances concretas de satisfacerlos? Bien. En el corazón de estas dolorosas cuestiones meten la cuña Javier Chiabrando y su libro Querer escribir, Poder escribir, un libro, digámoslo ahora, de usos múltiples.  

Manual de instrucciones, curso propedéutico, radiografía estructural, compendio del arte narrativo, Querer escribir, Poder escribir es, en palabras de Nietzsche, un libro para todos y para ninguno: desde el iniciado que tantas veces transita el campo minado de la literatura precariamente y a los tumbos hasta el novel aspirante a concluir por fin una página digna. Probablemente allí, en esa heterogeneidad de destinatarios resida una de las mayores potencialidades del libro, es decir, en la capacidad que demuestra para interpelar a veteranos, a inexpertos, a principiantes o a confundidos, porque en Querer escribir, Poder escribir cada uno encontrará algo, una frase, un párrafo o un capítulo que lo movilice, que lo conmueva, que lo obligue a reflexionar sobre su propia práctica (o sobre la ilusión de estar ejecutando una práctica).

Una capacidad de interpelación que convierte al escritor Chiabrando en docente (Chiabrando dirige un taller literario bautizado con el mismo nombre del libro), ya que si en su obra se juega  el arte de narrar simultáneamente se juega en ella el arte de enseñar, un arte tan problemático y tan sutil como el primero, aunque tal vez más arduo, en vistas de los dos retos que debe enfrentar cualquier enseñante: transmitir un conocimiento siempre inseguro y aceptar que quien recibe ese conocimiento puede hacer cualquier cosa con él (igual que un lector). Quizás esta tensión constante explique un cierto tono del libro, un tono desafiante, incluso provocador, como el de quien está librando una batalla, una batalla especialmente consigo mismo, el tono de alguien que ha venido practicando el oficio de escribir durante 30 años y emprende la espinosa tarea de sistematizar, para compartir, lo que sabía de manera intuitiva. 

Querer escribir, Poder escribir es una especie de inventario que gira en torno a la escritura creativa y donde uno encontrará sugerencias (leer, leer y leer), señalamientos (“el valor de los detalles”), análisis (de procedimientos), caracterizaciones (del narrador, del punto de vista), advertencias. Tomemos como ejemplo dos peligros que asaltan a escritores principiantes y no tanto: “las trampas de la poesía” y “las trampas de la filosofía”. Por un lado, Chiabrando advierte sobre la tentación de utilizar palabras a priori “poéticas”  (clepsidra, desgarramiento, lira), como si existiera un conjunto de términos disponibles que por el mero hecho de ser reproducidos otorgarían al texto un carácter lírico. Por otro, “el afán de profundidad […] El seductor afán de trascendencia”, la ambición de concebir reflexiones supuestamente profundas acerca de grandes temas que, en el mejor de los casos, adquieren el status de “filosofía de entrecasa”, y, en el peor, el de un “pensamiento ramplón”.  

Querer escribir, Poder escribir se propone revisar minuciosamente distintos aspectos de la praxis narrativa, personajes, estilo, tono, diálogos, conflicto, etc., sin embargo, hay tres cuestiones que aparecen con insistencia en el volumen y que vuelven a presentarse de principio a fin. Una cuestión es decidir. Chiabrando busca remarcar que el trabajo de un escritor (extensivo a cualquier artista) consiste básicamente en tomar decisiones. Un escritor es alguien que a cada paso está condenado a decidir, a decidir cómo combinará el material que tiene entre manos, material que, por otra parte, ostenta una excepcionalidad, no es de uso exclusivo del arte que practica. Lo que nos conduce a una segunda cuestión. Dado que la lengua pertenece al ámbito más común y cotidiano de los seres humanos, cobra vital importancia la forma (el cómo), es decir, la manera en que organizamos el material disponible (Chiabrando precisa: “la literatura es una forma especial de uso del lenguaje”). Por último, la necesidad de un método, necesidad a la que le dedica el capítulo 4. Desde mi punto de vista, este capítulo representa la condición de posibilidad de las demás propuestas, y si uno quizás fuerza un poco las cosas, descubrirá que es el único en el que el autor no se refiere a un elemento relacionado directamente con la escritura, en el sentido de que el capítulo podría servirle tanto a un estudiante universitario de medicina como a un músico de jazz, puesto que sin un método, y por extensión sin disciplina, esto es, sin el esfuerzo y la persistencia que suponen mantener una disciplina, cualquier proyecto está destinado a fracasar, a fracasar en los peores términos, que sería fracasar sin ni siquiera haberlo intentado. De ahí que para evitar una frustración anticipada, casi llegando al final, Chiabrando subraye: “Lo importante es que crean en lo que hacen”. Creer en lo que uno hace. Confiar. Esto me remite a una palabra que no figura explícitamente en Querer escribir, Poder escribir, pero que sobrevuela sus páginas. Para introducirla citaré a Borges con la plena seguridad de que Javier subscribiría a este pasaje de Historia Universal de la Infamia dedicado a un teólogo alemán llamado Melanchton: “…pero las páginas escritas hoy aparecían mañana borradas. Eso le aconteció porque las componía sin convicción”. 

Convicción, si algo demuestra Chiabrando es convicción. Esa era la palabra justa.

 

Querer Escribir, Poder Escribir Editorial Corpus, Argentina, 2007. 

Querer Escribir, Poder Escribir. Editorial Oriente, Cuba, 2006. 

Querer Escribir, Poder Escribir, Editorial El Conejo, Ecuador, 2011

Autor: Javier Chiabrando

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