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Reseña #241- Goya y la desmesura

 

 

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Por Miguel Sardegna

Un Blem enarbolado como una antorcha olímpica. Así nos presentan a Goya, con sus zapatos tan brillosos que parecen lustrados con sangre de virgen tolmeca o grasa de unicornio. En el mundo de Goya el precio del dólar en Nigeria es la medida de comparación para la belleza femenina, la narcolepsia una condición que se disimula con un nudo de corbata, y nada como el plutonio argentino para desinfectar la oficina. Con estas referencias insólitas arranca Los hijos de Saturno, la última novela de Javier Chiabrando, y no necesitamos más para entender que la historia la conduce un narrador un tanto desaforado. Canchero, incluso.
Pero hay que revindicar la palabra canchero. Los excesos de este narrador son necesarios. Su desmesura caracteriza, pinta un protagonista obsesivo por la limpieza y la elegancia, con referencias que están al servicio de la historia y no del stand up.
Porque no solo el narrador es exagerado. También los personajes son exagerados. Ya dijimos que uno se llama Goya, o por lo menos ese fue el nombre que debió adoptar. ¿Qué se puede esperar de un tipo que se llama Goya y que encima montó una agencia de detectives? En palabras del propio narrador, “demasiado cara para asuntos domésticos, ostentosamente brillante, absurdamente fashion, como la fachada de una vedette vieja con más cirugías estéticas que matrimonios”. Goya es un hombre imponente, aunque la ropa small le quede holgada. Literalmente holgada. Goya mide un metro cincuenta y dos. ¿Cómo se consiguió, entonces, ese monumento de mina que tiene por esposa, ex tenista y personaje del año de Gente? Los que pasan por su oficina en Puerto Madero y se cruzan con su retrato en la sala de espera se hacen esa misma pregunta. Sencillo: a su mujer le encanta que sus amigas mueran de envidia al pensar que el petiso la tiene de exposición. Estas palabras no son mías, ya saben. El narrador cuenta con desparpajo, se arriesga. Pero importa menos cualquier tamaño que las bravuconadas de Goya, ex fiscal de la Nación devenido cuentapropista.
El misterio arranca con la visita de un tal Mestre a la agencia. La intuición le falla a Goya, y no será la única vez. Sospecha que este tipo tan anodino se equivocó de sitio. No lo reconoce. No se da cuenta de que ese hombre es uno de los millonarios más grandes del país, y que está vinculado con su propio pasado. Hasta que se produce el encargo. A esa visita, le sigue otra, apenas un día después: Adalberto Singay, tal vez uno de los pocos hombres que supera a Edo Savater Mestre en fortuna. Dos millonarios en 48 horas, y ya se sabe, como dice Forbes, que los millonarios latinoamericanos siempre están relacionados con el narcotráfico, el deporte y la corrupción.
Y después las muertes, y las traiciones, y las emboscadas.
El pasado que regresa.
Y el vínculo con la Señora. Así la llaman todos. La Señora. Dueña de multimedios, no solo del Diario. Con mellizos adoptados.
El narrador, siempre desmesurado, ordena la historia a su antojo. De a ratos ocultando más de lo que muestra, recurriendo a flashbacks para completar viejos silencios. Hasta tal punto es posible pensarlo un personaje más, tan excéntrico como el propio Goya, que no teme confesarse asustado y decir cosas como: “Perdonarán ustedes que a esta altura del relato no se haya revelado aun el nombre de la Señora así como del diario. Créanme, es mejor así, es menos peligroso para todos, aun para un narrador omnisciente”.
Esa es otra característica del narrador: la desmesura nunca lo lleva a decir obviedades. Sabe que narra para un lector inteligente, con competencia para completar los puntos suspensivos y reírse de las ironías.
En su prólogo, Juan Sasturain apunta que se trata de una novela muy compleja que de arranque –e incluso en el desarrollo inicial– parece joda. Chiabrando nos recuerda que leer es una fiesta. Y que a veces uno puede sostener una sonrisa por varias páginas.
Uno de los objetivos de la colección Negro Absoluto es construir sagas, auténticas trilogías con “detectives” que se muevan en la ciudad de Buenos Aires, a la manera tradicional del género. Es una buena noticia que las aventuras de Goya no terminen con esta novela.

Los hijos de Saturno (2015)
Autor: Javier Chiabrando
Editorial: Aquilina, Colección Negro Absoluto
Género: novela

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