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Reseña #420- Cicero’s Consumers Report

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By Nadia C. Volonté

23-year old Master in Political Sciences Michael Scipio shows up for a job interview at a penitentiary institution. He likes neither the job nor the pay, but in the absence of better work opportunities, here’s a job that can at least afford him health care and the possibility to become what he is supposed to be: an adult that can work, care for his children, pay his bills and obey the law, as runs the title of the book citing the “Five Pillars of Modern Society.” After all, Michael is middle class and the son of “determined people,” who as he puts it, “were determined to work the same jobs and be the same people from the day of my birth to the day they retired.”

From the beginning, the story explores the wrestle between self-determination and consumer society, institutionalized inside the walls of an Orwellian penitentiary institution for offenders that have incurred in “criminal thinking”—i.e., anti-system thinking—and therefore must now live subject to a harsh regime of repression and surveillance—with Michael employed there as a guard.     

In its first half, the story unfolds in step with the ridiculous vicissitudes encountered by Michael at the penitentiary institution, where he is not allowed to ask questions from principals, and “residents” are not allowed to speak to him, for “authority is not required to supply reasons for its behavior, because hierarchy trumps procedure.”  In the second half of the book, institutionalized coercion traverses the walls of the penitentiary institution: now this is about the Government, the CIA, America, imperialism. Just like in a bad action movie, Michael and his techie friend get to find the clues to the origin of the paradigm and the conspiracy, even to the point of becoming American-style heroes: listless, armed drug addicts who at every hurdle along the way would rather be watching Netflix. 

The author builds a reoccurring plot to sustain various political thesis, so didactic as sarcastic about the wicked intentions of capitalism. The prose is plain, using short phrases that contribute to a tone typical of orality: direct and modern. In that sense, the Rioplatense Spanish translation is wise in making characters speak vernacular and thereby keep their impact for the Argentine readership. 

Noah Cicero, author and forerunner of the so-called “Alt Lit,” has his book create an allegory in which consumption is conceived as a substitute for God —in an era that has pronounced him dead. Go to Work and Do Your Job. Care for Your Children. Pay Your Bills. Obey the Law. Buy Products. deconstructs the dark side of the celebrated and passé American dream, with the implantation of consumption justified in that “America needed a religion that would make the people do their duty and be strong, confident Americans, which meant going to work, rearing their children.” Consumer society promised richer lives. People would be happy in the capacity of workers and consumers. Work would make them happy. Buying would make them happy. They would reach illumination.

Seemingly, however, something went wrong in that equation. “Maybe being a criminal isn’t that bad after all,” says his techie friend at one point.

For all we know, Cicero might even fully agree.

Go to Work and Do Your Job. Care for Your Children. Pay Your Bills. Obey the Law. Buy Products. by Noah Cicero, published by Metalúcida (2015), translated from English into Rioplatense Spanish by Mariana Alonso and Sandra Buenaventura.

 

                                                                               ***

Por Nadia C. Volonté

Michael Scipio, veintitrés años y magister en Ciencias políticas, se presenta a una entrevista para un correccional. No le gusta el empleo ni la paga, pero a falta de mejores alternativas laborales, entiende que al menos le permitirá tener una cobertura médica y aproximarse a ser lo que se espera de él: un adulto que pueda trabajar, cuidar a sus hijos, pagar sus cuentas y acatar la ley, como bien manda el título de la obra citando los “Cinco Pilares de la Sociedad Contemporánea”. Al fin y al cabo, Michael es clase media e hijo de “personas decididas”, que según explica él mismo, “estaban decididos a mantener el mismo trabajo y a ser los mismos desde el día en que nací hasta el día de su jubilación”. 

De esta forma, queda planteada desde el principio la puja entre la autodeterminación personal y el mandato de la sociedad de consumo, institucionalizada en el marco de un correccional orwelliano para infractores que han incurrido en “pensamiento criminal”, o sea, antisistema, y que por eso ahora viven bajo un férreo régimen de represión y vigilancia, en el que Michael trabaja justamente como guardia.    

La primera parte del relato avanza al paso de los avatares absurdos que enfrenta Michael en el correccional, donde le está vedado formular preguntas a sus jefes, y los “residentes” tienen prohibido dirigirle la palabra a él pues “la autoridad no necesita dar explicaciones, porque la jerarquía le gana al procedimiento”. En la segunda parte del libro, la institucionalización de la coerción traspone los muros del correccional: ahora es el Gobierno, la CIA, “América”, el Imperialismo. Como emulando una mala película de acción, Michael y su compañera informática irán hallando las claves que develen el origen del paradigma y la conspiración, incluso al punto de devenir en héroes bien a la americana: farmacodependientes abúlicos con portación de armas que a cada escollo del camino preferirían estar viendo Netflix. 

El autor construye una trama recurrente que sirve de base para desarrollar diversas tesis políticas tan didácticas como mordaces sobre el trasfondo malvado del capitalismo. La prosa es llana, de frases cortas, que contribuye a recrear un tono propio de la oralidad, directo y contemporáneo. En ese sentido, resulta valiosa la traducción del inglés al castellano rioplatense, que logra conservar el efecto con personajes que utilizan el voseo, se tratan de “che”, “boludo” y “chabón”, “garchan” y “mean”, y se mandan “a cagar” si se “hinchan las pelotas”. 

Noah Cicero, autor e impulsor de lo que se ha dado a llamar “Alt Lit”, crea una alegoría en la que el consumo se concibe como sustituto de Dios, en una época que lo ha dado por muerto. Trabajá. Cuidá a tus hijos. Pagá tus cuentas. Acatá la ley. deconstruye la contracara del famoso y demodé “sueño americano” en que la implantación del consumo parece fundamentarse en que “América necesitaba algo que obligara a la gente a cumplir con su deber y que hiciera a los ciudadanos fuertes, seguros, dispuestos a ir a trabajar, a cuidar a sus hijos”. La promesa era que, al participar en la sociedad de consumo, sus vidas se verían enriquecidas. Encontrarían la felicidad en su trabajo y el consumo. El trabajo los haría felices. Comprar los haría felices. Habrían alcanzado la iluminación.

Pero algo parecería haber salido mal en esa ecuación. “A lo mejor ser un criminal no es tan malo después de todo”, dice en un momento la compañera informática.

Probablemente Cicero estaría en un todo de acuerdo.

Trabajá. Cuidá a tus hijos. Pagá tus cuentas. Acatá la ley. Consumí. de Noah Cicero, editado por Metalúcida (2015), con traducción del inglés al castellano rioplatense por Mariana Alonso y Sandra Buenaventura.

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