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Reseña #444- Juego bonito

 

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Por Valentina Vidal

La palabra “pasión” viene del verbo en  latín, patior, que significa sufrir o sentir y es un sentimiento al que se le atribuye un poder en sí mismo, que coloniza los sentidos y que atropella lo racional.

Horacio Convertini conoce muy bien de qué se trata este sentimiento, y es desde ahí que le da luz a El último milagro (Editorial Barrett, 2017) . El marco narrativo: Racing Club de Avellaneda, o “La academia”, equipo acostumbrado a la sequía histórica, a la tragedia del descenso y a las golpizas financieras que los diferentes dirigentes y empresarios del fútbol fueron dándole al club, sin percudir en absoluto la lealtad y el amor incondicional que tienen los hinchas de la albiceleste.  

Vale aclarar que Convertini es hincha de San Lorenzo. Y que vuelve lo difícil, fácil. Escribir una ficción sobre un equipo de fútbol real puede traer aparejados muchos problemas, pero el autor se maneja con soltura en una ficción que podría no estar lejos de la realidad si la ciencia lo hiciera posible. La trama es clara: el club está por irse de nuevo al descenso y cuenta con un solo goleador en un plantel desahuciado, Johnny Franzoni,  al que están a punto de vender a un equipo de Bélgica por dos millones de dólares, lo que se traduce en dos situaciones que al hincha siempre le cuesta digerir: una inyección de fondos para un club en picada financiera y deportiva, o exprimir al único jugador con talento en el equipo y sumar puntos como sea, a riesgo de lesionarlo y quedarse sin nada. Zagaglia es el DT nocturno, un poco alcohólico, un poco ángel caído y con escasos títulos.  Jesús Ribonatti, el flamante presidente del club, honesto pero algo amanecido y vendedor de electrodomésticos en medio de una crisis matrimonial y electo gracias al apoyo de la fracción más dura de los barrabrava. Lis y el Oso, los barras que están para hacerles cumplir a cada uno de los implicados su lealtad hacia Racing sin importar el método. Romina, la secretaria tetona súper sexy de la dirigencia y encargada de bajarle vuelta a tanta testosterona impulsiva. Y Petaca, que es quien introduce a Nakamura, un hincha de Racing japonés, genio de la informática y desarrollador de la biotecnología más desarrollada del mundo que trae una peculiar propuesta a cambio de nada: implantarle un chip a Franzoni que lo va a volver el mejor jugador del mundo y de la historia, destronando a Messi y Maradona, y así devolverle a Racing aquella gloria que supo tener.

El último milagro es una novela coral en tercera persona. Los capítulos son breves y le dan a la trama un dinamismo vertiginoso. Convertini maneja con destreza una prosa nítida y precisa. La construcción de cada personaje es inconfundible; cada uno, con su idiosincrasia, forma parte de un todo y se despliegan, con naturalidad dentro de una trama que se complica de manera sorpresiva.

Pero al margen de las cuestiones más formales que se puedan comentar, uno de los rasgos más notables de esta novela es la eficacia narrativa a la hora de abordar un tema tan incomprensible para aquellos que no aman el fútbol como es la tragedia que implica el descenso de categoría de un grande.

En el 2011, para mucha gente resultaba inexplicable el estado emocional que los millonarios atravesaron durante la promoción y la posterior caída de categoría. Marcelo Halfon, integrante del Capítulo “Psicoanálisis y Deporte” de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), intentó explicar que “la caída es la caída de una fantasía acerca de ‘los grandes’: sobre todo para el niño y a riesgo de una gran angustia, ‘los grandes’ nunca deben caer. Entonces, no sólo se trata del descenso a la B, sino de que es una institución vaciada y éste es quizá el más fuerte golpe a la fantasía mítica que sostiene el lugar de ‘los grandes” y que en el caso de River, se dio la frustración social de que caiga un equipo de tanta jerarquía y linaje. Imaginemos todas las frustraciones familiares y personales que ahí se depositan; en esa aristocracia que ya no existe.” (Página 12, 2011).

El último milagro recompone este mapa y nos pone arriba de la mesa el entramado previo que hay por detrás de la suma de todos los miedos para un equipo de primera división y sus seguidores: el descenso, la tragedia, la vergüenza y el apocalipsis. Y es acá  dónde se disparan dos cuestiones sospechosamente silenciadas: el que es capaz de cualquier método para evitarlo, como es el caso de Petaca y Ribonatti con la complicidad de Zagaglia y la ambición de Franzoni, y el que cree que bajar de categoría es una oportunidad, una especie de fuego purificador que saneará la institución para después regresar como el ave fénix desde las cenizas, como es el caso de Lis, el barra. Lo trágico, lo bíblico, lo épico en la caída de un reino y su escudo, planeando en ala delta sobre una pasión como es nuestro folklore con el balón pie. Convertini sabe de lo que habla y juega con eso. Lejos de despegarse, corre el velo de la intimidad entre las gradas de cemento de un club de fútbol, con una cuota de fantasía que de poder llevarse a la realidad cualquier dirigente de cualquier club trataría como una opción válida para salvar a su equipo de semejante deshonra.  El último milagro es una hermosa novela para los que gustamos del fútbol pero también para los que lo miran con desdén, sobre todo, porque es una historia que cuenta con las tres G fundamentales a la hora de jugar: ganar, golear y gustar.

El último milagro (2017)

Autor: Horacio Convertini

Editorial: Barrett

Género: novela

 

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