Reseña #291- El puente de los microcuentos 1


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Por Analía Pinto

Desde el famoso dinosaurio de Monterroso ha corrido mucha agua bajo el puente de los microcuentos. O microrrelatos. O microficciones. O cuentos brevísimos. O brevicuentos. Ya vemos que hasta el nombre sigue siendo un tanto dudoso. Yo prefiero llamarlos microcuentos, en tanto tienen (o deberían tener) el mismo ingrediente fundamental de los cuentos: el conflicto. Y llego aquí, muy rápidamente, al centro de mi reseña.

Como se sabe, los géneros literarios tienen un propósito más bien pedagógico y hasta, si se quiere, marketinero: sirven para mostrar didácticamente qué cosa sea un cuento o un poema, así como para ubicar, sin enloquecer en el intento, los libros en los anaqueles y en las mesas de exhibición de las librerías: las novelas policiales por aquí, las románticas por allá, etcétera. No obstante, a pesar de que nadie (estimo yo) a la hora de sentarse a escribir se dice, con grandes bríos, “vaya, ahora redactaré un primoroso ensayicuento” sino que simplemente va, se sienta y escribe lo que le sale (y luego el propio escritor y variadas circunstancias externas le dirán qué etiqueta ponerle), tampoco es posible negar que existen ciertos procedimientos y recursos retóricos que distinguen un ensayo de un poema y un cuento de una novela. También es cierto que esas fronteras tienden a fundirse cada vez más y son cada vez más lábiles en la líquida posmodernidad que nos cobija (o acecha), pero determinadas tendencias y secuencias se repiten desde que el mundo es mundo y por eso podemos hablar, sin errarle demasiado, de cuento, ensayo, novela o poema (por citar los cauces más fluidos de la escritura).

Valga toda esta perorata genérica para hablar de un género bastante discutido y que en muchas ocasiones se confunde con otras formas de la prosa como el microcuento. Si bien su característica principal es la brevedad, que puede ir desde una única frase (como el ya citado monterrosiano) hasta un par de páginas, en muchas ocasiones esta forma condensada y concentrada del cuento se confunde (o se toma por o se quiere hacer pasar por) el chiste, la anécdota, el apotegma y la frase ingeniosa. Ninguna de estas últimas formas de la prosa es, a mi juicio, un microcuento. Sin embargo, con gran desazón se observa a menudo que eso es lo que se considera un microcuento, especialmente en páginas de internet (blogs, fanpages de Facebook y similares), donde cualquier perejilo tira una frase ingeniosa con un soplido de literatura y cree que ya se recibió de escritor. Haría mejor en twittear esas microingeniosidades, en mi opinión, que en suponer que ahí hay o ocurrió la literatura, menos aún un cuento.

Por suerte, no es este el caso de In excelsis, libro de “microficciones”, he ahí la designación genérica utilizada por su autora, de Claudia Cortalezzi. In excelsis presenta una cincuentena de cuentos breves y brevísimos que se leen muy rápidamente pero que, como los buenos platos, se saborean mucho mejor despacio. Inútil es citar alguno en tanto su condensación y su gran poder de fuego consiste precisamente en que se los deguste completos y sin interrupciones. Sí me gustaría señalar, a modo de pequeño taller literario de microcuentos, algunos de los procedimientos y recursos mediante los que se logran estas grageas de ficción que luego estallan, en el mejor de los sentidos, al ser leídas.

Por ejemplo, uno de los recursos más efectivos es apelar a los conocimientos literarios del lector y así varias de las microficciones de Cortalezzi descansan en personajes literarios (como Aureliano Buendía, Emma Bovary o Sherlock Holmes), sumamente conocidos para gran cantidad de lectores. Huelga decir que así se ahorra mucho texto y contexto, lo que permite ir directo al nudo de la cuestión. Otros microcuentos funcionan a base de la hipérbole: un personaje o una situación son exagerados hasta el paroxismo, lo que siempre sorprende al lector. El dato oculto, que sólo se revela en el final, es otra de las estrategias que invierten y resignifican todo lo leído hasta entonces. En ese sentido, “Contar hasta cinco” es uno de los más logrados. El motivo del cazador cazado, efectivo desde tiempos inmemoriales, sigue funcionando a toda máquina en el mundo del microcuento, como en “Un brindis y un adiós”. La confusión sueño/vigilia, ficción/realidad y presente/recuerdo también es aprovechada con maestría por Cortalezzi, así como la literalidad, una de las más bellas perlas de que dispone la lengua humana para provocar tanto hilaridad como sorpresa.

Los límites entre la vida y la muerte, entre el comienzo de la vida y el comienzo de la muerte, entre esos rituales y sitios de pasaje tan extraños y difusos son también materia para las microficciones de Claudia Cortalezzi, microficciones que nos llevan del cielo (“in excelsis”) al infierno de la duda y la incertidumbre pero también del pasmo y del asombro en apenas unos breves párrafos.

In Exelsis (2015)

Autora: Claudia Cortalezzi

Editorial: Macedonia

Género: microficción


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