Reseña #199- Todos los hermosos caballos


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Por Cristian Maier

Que un libro se llame Frágil caballo y que lleve en la tapa dos fetas de mortadela, no sólo es una genialidad sino que, además, marca el tono. El libro de Juan Coronel tiene un humor desenfadado, quizás hiriente, algo escandaloso. Sin medias tintas. Lo mismo ocurre con sus poemas, son correctos. Gustan o no gustan. Ahí tampoco existe un medio.

Hoy lo sabe todo el mundo: la mortadela no es de caballo. La tapa juguetea con el humor y con el mito. Sobre todo, con cierto aspecto de la superficialidad del mito que se arraiga y trasciende.

Si podemos suponer –la conjetura es toda mía y discúlpenme, en todo caso, la sobreinterpretación–, que en lo que se arraiga hay un cierto rasgo solemne, algunos versos de Coronel se presentan como lo contrario, como la antisolemnidad, como una parodia recurrente. El lenguaje coloquial refuerza esta idea que es, en todo caso, el punto fuerte.

Habrá que seguir en los libros subsiguientes qué es lo que se sostiene, si el humor denso a la medida de la resurrección de los cínicos o el intimismo y las dobles abstracciones que sobreabundan hoy en la poesía. Con énfasis: preferimos la violencia particular del humor antes que la sensación de estar leyendo siempre un mismo libro. Lo particular, el ritmo, la secuencia de imágenes, la articulación de las palabras en un tempo; esos son algunos de los elementos que pulen los buenos poetas, corrección tras corrección.

Ahora una explicación sobre el párrafo anterior. El término “cínico” suele inducir al error, por una supuesta carga negativa, como decíamos al principio: cosas que se arraigan y trascienden. Nuestro uso del cinismo se relaciona con los muchachos de la antigua Grecia que volvían loca a toda la hélade con sus cuestionamientos raros y su comportamiento extravagante. Para más datos, Diógenes de Sinope, el gran campeón, fue el que le dijo a Alejandro Magno “córrase que me tapa el sol” o el que cuando lo quisieron vender como esclavo dijo “lo que yo sé hacer es mandar. Busque si alguien quiere comprar un amo para mandar”. Casi que se explica solo, ¿no?

Visto así, por ejemplo, el verso que sigue adquiere otro sentido, aunque nuestro afán no es explicativo, porque eso no aplica a la poesía, sino que en todo caso encuentra otra lectura: “En realidad / Perón era bueno; / López Rega / era malo. // ¿Voy bien? // Y la voz que echó a los montoneros / de la plaza / era un playback / del futuro”. El poema es duro y divertido. Sacude. Divide. Tiene una rítmica extraña.

Al final, dejamos dos conclusiones. La primera: Frágil Caballo es el primer libro de Juan Coronel. Como todo primer libro, tiene partes para ajustar. Y en esas partes para ajustar hay una bifurcación sobre la que hay que decidir. Al lector le queda la paciencia de que el proyecto a futuro se consolide, de que, al final, termine de sacar la voz. La segunda: Aplaudimos la decisión de Editorial Santos Locos de publicar con licencia copyleft, que pone la difusión del autor por encima de todo, sobre todo en poesía, ahora que se dice que nadie la lee.

Frágil Caballo (2015)

Autor: Juan Coronel

Editorial: Santos Locos

Género: Poesía

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