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Reseña #201- Un terror antiguo

 

 

Íncubo

 

 

Por Gilda Manso

Íncubo es la segunda novela de la trilogía de terror escrita por Nicolás Correa. Es el terror mejor y más difícil: no asusta; estremece.

La primera novela, Súcubo, muestra la batalla entre el Bien y el Mal: un exorcista contra los demonios. En Íncubo no hay Bien: Fátima vive en el convento de Puán y está poseída. Íncubo es la narración de una vida sin voluntad propia, de un sufrimiento sin pausa. Pensaría que el destino posterior de Fátima es convertirse en santa si creyera que a la santidad se llega sufriendo, cosa que me niego férreamente a creer: los santos deben ser felices, y los sufrientes deben recibir auxilio urgente, no una recompensa después. Y Fátima no fue, es ni será feliz, pero tampoco recibe auxilio: en Íncubo predomina el Mal. Es una novela sobre y desde la oscuridad. Las pocas veces que la Virgen de los Mil Mantos se presenta ante la protagonista es para pedirle que resista: la Virgen le pide algo a Fátima, no al revés. Leyendo Íncubo me hice una pregunta que nunca me había hecho ante una ficción: “¿Y Dios dónde está?”.

No sólo Fátima está poseída: todo su mundo lo está, dentro y fuera del convento. Nicolás Correa se muestra como un escritor sádico, fielmente sádico: hay un par de escenas que convierten a Fátima en una Justine potenciada; en la novela del Marqués de Sade, el Mal es obra del Hombre, mientras que en la novela de Correa el Mal usa al Hombre como instrumento: esperar con optimismo que el humano se rebele y se niegue a ser un arma de guerra es una imposibilidad. El Diablo decide. Una vez más: ¿Y Dios dónde está? ¿Por qué las posesiones son siempre diabólicas, nunca divinas? ¿Por qué Dios no posee a los exorcistas que intentan liberar a Fátima? ¿Por qué Dios tarda tanto? ¿Qué tiene que probar Fátima? Estoy enojada con el Dios ausente de Íncubo, y no me importa que sea ficticio. Otro punto para Correa, que ya tiene un montón: hace años, cuando leí Súcubo, esperé durante mucho tiempo esta segunda parte. Ahora toca esperar El Señor de las Moscas, deseando que Fátima pueda dejar de sufrir, que Dios aparezca de una vez.

Dos notas al margen:

  1. Si se lograra sacar al Diablo de la trama, si sólo quedara lo humano, Íncubo bien podría ser una novela sobre la trata de mujeres. Tal vez lo sea también, porque una cosa no tiene por qué anular la otra.

  2. Hace unos años, por un trabajo, viajé junto a otros periodistas a la ciudad de Puán. Nos acercamos hasta el convento con la idea de entrevistar a las monjas de clausura. Esperamos en un recibidor hasta que una monja nos habló a través de una ventana minúscula en una pared: no quería dar notas, y aumentó su recelo al ver que uno de los periodistas tenía una cámara de fotos. Cerró la ventanita y nos fuimos. Pero siempre recuerdo lo que pensé en ese momento: cuando la monja abrió la ventanita, de adentro salió un claro olor a encierro, a falta de ventilación, de aire limpio, y sentí angustia, y pensé cómo es posible que alguien pueda vivir así, enclaustrado por decisión propia.

Íncubo (2015)

Autor: Nicolás Correa

Editorial: Wu Wei

Género: novela

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