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Reseña #483- La futilidad de la existencia

 

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Por Diego Tomasi

Stephen Crane vivió apenas veintiocho años. Antes de eso, antes de un viaje a Alemania y de la tuberculosis y de la vida trunca justo en el año 1900, escribió una docena de libros y fue amigo de escritores a los que iba a influir: Conrad, James, Wells.

En ese puñado de tiempo disponible, Crane fue cronista de rincones olvidados y conoció lo difícil que es sobrevivir en tiempos en los que alrededor todo se agita. En El bote abierto (tal vez su obra mayor) la pregunta central que se hacen los náufragos es cuál es el sentido de superar tantos obstáculos, si al final van a morir. Ese escenario casi único (el bote con gente moribunda, el mar agitado, la sombra de un tiburón) divide el mundo en dos planos. De un lado, las personas que habitan el bote, unidas en una especie de amistad impermeable. Del otro, las olas, las amenazas, lo ajeno.

En La madre de George, que acaba de publicar Ediciones Traspiés, el escenario es otro. El personaje central, un joven de fines de siglo XIX que busca hacerse lugar en un grupo de borrachos y charlatanes, deambula entre el bar y su casa. La amenaza, para él, no está afuera (no hay un océano que se agite) sino en su propio vínculo con las personas. Mientras intenta pertenecer a una sociedad que mitiga dolores con un vaso de whisky, hace esfuerzos imposibles por escapar de la opresión que ejerce sobre él la figura de su madre. Una señora mayor, absorbente, que manipula la vida de su hijo con gestos sutiles.

En un momento en el que la industrialización creciente se lleva todo por delante, los personajes de La madre de George sobreviven como pueden. El gran mérito del autor es el de narrarlos casi sin describirlos. Se limita a enumerar dos o tres acciones de cada uno y a dejarlos hablar. Abundan los diálogos, que fluyen y cargan el peso del relato. El narrador que elige Crane, casi siempre distante, se permite breves intervenciones (“Jones era estúpido”), y cuenta todo como si la vida fuera una cosa liviana, fútil, a la que hay que revolver para encontrarle el sentido o el dramatismo.

La edición de la novela incluye bellas ilustraciones del español Juan Gonzalo Lerma. Son imágenes que colaboran en aumentar una sensación de agobio que el texto muestra de modo elusivo. La madre de George, como el resto de las novelas cortas de Stephen Crane, es una marca de nacimiento para la literatura norteamericana del siglo XX. En ese sentido, tal vez, veintiocho años no sean tan pocos, ni la existencia tan inútil.

 

La madre de George (2017)

Autor: Stephen Crane

Editorial: Traspiés

Género: novela

 

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