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Reseña #118- Cat power

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Por Analía Pinto

Ante todo, es menester que diga que amo a los gatos. He convivido la mayor parte de mi vida con ellos. De hecho, una de las aristas más duras de enfrentar, a la hora de venirme a vivir sola a La Plata, fue la ausencia de mininos. Venía de convivir con no menos de cinco, y de pronto estaba en un departamento vacío, sin esa sigilosa, misteriosa y amada presencia. Sobreviví casi cuatro años a esa ordalía hasta que me decidí a contravenir el estatuto del consorcio y, sobre todo, a complacer a mi corazón que me pedía a gritos un gato cerca. Así, ahora, hace ya un año y varios meses que Catina y yo conformamos esa curiosa simbiosis que se produce entre un dueño (un humano) y su gato.

La misma curiosa simbiosis que acecha, con la misma sutileza, con la misma peluda delicadeza, en varios de los poemas de Vida de gatos de María Laura Decésare. Como fanática de los gatos, yo hubiera dedicado todo el poemario a sus elusivas y amadas figuras, pero como eso ya lo hizo Olga Orozco en Cantos a Berenice, digamos, no fue desafortunado mezclar poemas habitados por gatos con poemas habitados simplemente por humanos y sus vicisitudes. Sin embargo, también es menester que diga que los poemas donde los gatos están ausentes, por alguna razón que no atino a desentrañar del todo, no me resultaron tan agraciados y logrados como los que sí tienen uñas y bigotes dando vueltas.

Procuraré ser más exacta en mi apreciación, aunque no sé si lo lograré: los poemas sin gatos están bien, no tienen problemas técnicos ni de ningún otro orden, pero se pierden, acaso, en la gran marea de los poemas correctos, bien escritos y, también hay que decirlo, anodinos que suelen poblar los libros de poemas. Se me dirá que tal vez pido mucho, se me dirá que soy injusta, se me dirá que ya es un milagro que haya varios buenos poemas en un libro, se me dirá que… Sea. Pero no sería honesto no expresar esta parte de mi opinión y de mi impresión de lectura. Será que aunque por suerte la autora no cae en excesivos clichés ni, los dioses no lo permitan, en las cursilerías en las que abundan los que yo llamo los “poeñoños”, tampoco logra despegar más allá, saltar más alto, animarse a más. También se peca por exceso: de laconismo, de cotidianeidad, de intimismo.

No obstante, los poemas donde los gatos están o son protagonistas se despegan de esta sombra de medianía y sobresalen largamente dentro del poemario. Revelan que sí hay algo más, que sí se podía ir un poquito más allá, que sin salirse del intimismo, del dolor por la separación o la pérdida, de la vida cotidiana de una pareja que de pronto se rompe, se podía hacer algo mucho más interesante, encontrarle esa vuelta de tuerca necesaria para que el lector quiera seguir leyendo y asistiendo a alguna módica revelación. ¿Cómo resistir unos versos que dicen, por ejemplo, “Será el pelaje o acaso / los bigotes largos / lo protegen del piano, de mí / que pienso y me interrogo / cada vez que la soledad / me maúlla al oído”?

Vida de gatos (2012)

Autora: María Laura Decésare

Editorial: Ediciones del Dock

Género: poesía

 

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