Reseña #642- Volver a la infancia


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Por Miguel Sardegna

Cada tanto hay que leer a los clásicos. El vértigo de los días nos hace olvidarlos, como olvidamos a diario las cosas que importan de verdad. Lo mismo le pasa a Ebenezer Scrooge, el protagonista de Una canción de Navidad, la fábula inmortal que Dickens escribió en 1843 y que Bärenhaus acaba de reeditar. Preocupado por el día a día en su contaduría, Scrooge solo sabe quejarse de cosas intrascendentes.

Las mesas de novedades nos instigan con libros que hablan de nuestro tiempo, de nuestro pequeño mundo, y lo hacen con palabras que conocemos bien porque son también nuestras palabras, con guiños y tonos familiares. Pero una novela clásica trae algo más: trae una lengua universal, que no es siempre la misma sino que continuamente se resignifica. En Por qué leer los clásicos, Italo Calvino dice que clásicos son, precisamente, aquellos libros que nunca terminan de decir lo que tienen para decir, textos que “cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad”. En el caso de esta reedición de Una canción de Navidad, a un hermoso formato pocket, cuadrado, con las ilustraciones de John Leech, hay que sumarle una traducción moderna, natural e invisible.

La historia de Dickens es bien conocida. Scrooge, que envejeció avaro y huraño, recibe la visita de tres espíritus: el Fantasma de la Navidad del Pasado, que lo transporta a su propia infancia como si rebobinara una vieja película y volviera a pasarla. El Fantasma de la Navidad del Presente, que lo lleva de paseo por la casa de su sobrino y le permite espiar la pobreza. El Fantasma de la Navidad del Porvenir, que le muestra que quedará de él cuando ya no quede nada.

Una canción de Navidad nos habla de la ética del que está arriba, del que tuvo más suerte en la vida y no sabe tratar con los demás. Scrooge es esa persona desagradable que todos evitan. Todos menos su sobrino pobre, que trabaja para él por unas pocas monedas. Los espíritus navideños propician la transformación de Scrooge. Se convierte, a tono con la festividad religiosa. Y nos creemos la conversión de Scrooge, porque nos creemos que todos podemos ser mejores en Navidad. Dickens siempre deja una sensación de felicidad.

Con los clásicos sucede algo inusual: nos asomamos a ellos por primera vez y sin embargo ya conocemos bien la historia. De algún modo, ya hemos estado ahí. Quizás esa puede ser la definición de clásico: aquellos que nos cuentan una historia que ya llevamos impresa en los huesos y en la piel.

Hay infinidad de películas basadas en esta historia de Dickens. Mucho antes de saber quién era Dickens, yo llegué a Una canción de Navidad a través de Bill Murray. ¿Cuánto le debe nuestra infancia a Bill Murray? No voy a sacar cuentas, porque quizás los números me desengañen, pero creo que vi Scrooged (Richard Donner, 1988) en el cine Santa Fe, con mis viejos y mis hermanos. La Navidad parece hecha del mismo material que la infancia, porque en la infancia ubicamos el tiempo de la esperanza y la felicidad.

Scrooged pone en primer plano una de las dimensiones de la fábula de Dickens: el maltrato del jefe. Bill Murray es presidente de un canal de televisión al que todos temen. Un tipo inaccesible al que conviene no contradecir. Programó una versión en vivo de la obra de Dickens para la noche del veinticuatro, y entonces todos, desde técnicos hasta actores, deben trabajar en Navidad.

En la fábula original Ebenezer Scrooge maneja una contaduría. Tiene una estructura pequeña, con apenas un empleado: su sobrino. Desde una celda sombría, una especie de mazmorra,  lo vemos copiando cartas al comienzo de la historia. Scrooge se queja de algunos derechos laborales, pero los concede.

Hay un momento de pura iluminación en la película, una suerte de satori. Volví a verla estos días, emocionado otra vez con Dickens y con mi propia Navidad. El antiguo jefe de Bill Murray, que lleva varios años muerto, lo vista en el último piso de su penthouse, con esas ventanas vidriadas que van del piso al techo y permiten ver Manhattan completo, como una postal. En la novela, esa visita la hace Marley, el antiguo socio de Scrooge. ¿Cuál es la revelación? Todo jefe tiene a su vez un jefe. De algún modo, esa idea nos hace sonreír, y nos reconforta.

Una canción de Navidad (2017)

Autor: Charles Dickens

Editorial: Bärenhaus

Género: nouvelle

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