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Reseña #281 – La memoria pictografiada

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Por Aldana Perazzo

Leer Pictografías es viajar de San Andrés de Giles a Libia con alguna que otra escala en alguna geografía remota. Es caminar siguiendo los pasos de una narración dada a cada mínimo detalle cuando de repente te sentís espectador de una aventura que sabés dónde empieza pero no dónde termina, y entonces te volvés partícipe, un turista más de esos con cámara de fotos colgada al cuello que en principio se deja llevar por la narración mecánica de un guía chamuyero para después perderse en su propio camino, ese lleno de pozos y laberintos tan fuera de los mapas desplegables que a veces te quieren vender.

Secuestradores que planean sus movimientos a partir de lecturas de mitología griega. Un hombre que viaja a Irán por trabajo y en sus caminatas turísticas encuentra un cerezo que lo lleva a darse cuenta de que no hay peor guerra que esa que se libra dentro de uno mismo y que la muerte está lejos de las bombas reales y los aviones que sobrevuelan, que la muerte es el duelo que no termina, el cuco de la infancia que le canta al oído la misma canción de siempre, cuco, cuco, cerezo, baja y dime cuántos años tengo que vivir. O que la muerte, es en El cuadro —el tercero de los cuentos—, el recuerdo que se distorsiona en la medida en que el personaje reconstruye la vida de su mujer muerta a partir de un cuadro de Renoir y entonces la sensación de haber vivido con una extraña durante tanto tiempo, los celos tardíos y la locura desatada.

El lector-turista entra y sale de escena de forma constante. Es el personaje que se desprende de las distintas representaciones gráficas, la interpretación de eso que ve el narrador en las distintas pictografías que son primero un libro, después un cuadro, después un árbol, después unas partituras japonesas, después un lienzo de una facultad guatemalteca— con observaciones dignas de un antropólogo—, después el recuerdo de las dos Pampas de dos viejos que comparten cuarto en un hospital, y el destello en la nieve, cualquier objeto disparador de un pasado invisible, y el lector-turista es también el personaje que va de un lugar a otro desafiando todos esos recuerdos, que son los pictogramas mentales que se van a apareciendo de manera caprichosa a lo largo de la vida para desestabilizar los esquemas que se fueron construyendo con el paso del tiempo.

Once historias que abarcan desde la serenidad de la filosofía oriental, la contemplación de la naturaleza que lleva a la introspección que lleva, a su vez, al planteo de interrogantes imposibles de responder, al núcleo de lo bello acuñado en la fragilidad de todas las cosas, que van de la sequía del desierto del otro lado del mundo, hasta la humedad de un verano en una esquina de Adrogué con temas de los Ramones de fondo, once historias construidas por pinceladas perfectas, que como dice José María Brindisi en la contratapa del libro, son capaces de vivir el pasado como un presente continuo, suspendiéndote en esa burbuja donde espacio y tiempo se desintegran en la memoria de cada quien.

 

Título: Pictografías

Autor: Martín Di Lisio

Editorial: Zona Borde (2015)

Género: Cuento

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