Reseña #340- Memorias de una vida


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Por Victoria Mora

Vivir con virus es un libro implacable. Es imposible salir ileso de sus páginas, sus textos que recopilan las columnas de Marta Dillon en el suplemento No de Página/ 12, son un recorrido por las pérdidas y los dolores cotidianos de alguien que convive con VIH. Pero también es un libro sobre la recuperación y la posibilidad de resistir, y seguir, de luchar sin romanticismos baratos ni lugares de víctimas, sino con suma dignidad y respeto.  Se trata de las experiencias de la propia Dillon y es,  a su vez, un relato colectivo al que se suman las historias de otros portadores que hicieron llegar sus vivencias a la periodista y militante para que las convirtiera en texto escrito.

Leer estas historias como si fueran  crónicas de la vida con VIH es una lectura pobre y que escamotea la profundidad de una prosa y una narrativa en la que Dillon muestra un más allá. Todos atravesamos historias de vida en donde convivimos con la pérdida, la lucha y la inagotable intención de seguir adelante, en el mejor de los casos. Sí, no se podría negar la esencia del libro ligada a ser portador de vih en un país como el nuestro en los siniestros años 90, pero tampoco podría negarse esa dimensión enorme y hermosa que se abre sobre la vida misma.

Leí este libro atravesando el duelo por una de las personas que más quiero y me sentí acompañada, y mucho. Mi historia no es la de Marta Dillon ni la de sus compañeros en los oscuros pasadizos de ser portador en Argentina. Sin embargo, sus palabras tuvieron la potencia de hacerme sentir que compartía con otros lo desgarrador de ver morir a alguien que se ama y querer sobrevivir el resto de los días.

“Este es un libro sobre el duelo y la fiesta. El duelo recurrente que se instala cada vez que aparece, como el dibujo de un rayo sobre el telón de la noche, la conciencia de la muerte. La fiesta que ese contraste, la intensidad que ofrece saber que todo se termina, todo pasa, no hay nada más que estar presente”, escribe Dillon.

La activista y escritora sabe de duelos y resistencias, es hija de Marta Taboada desaparecida cuando Marta tenía diez años. La lucha por un mundo más justo también habita las páginas de este libro donde se tejen hilos de solidaridad entre todos aquellos que sufren por las inclemencias de un país con veinte años de democracia y sumergido en el neoliberalismo. “Siento a mis amigos como un colchón donde puedo desparramarme cuando algo me golpea. Y que se convierte en cama elástica cada vez que alguna anécdota nos sirve para saltar de alegría”. Sus amigos y compañeros son protagonistas de este libro tanto como la propia Dillon, son aquellos que la acompañaron cada día,  los que aún siguen y los que ya no están, así como su hija tan luchadora como su madre, que pregunta, interpela y se siente orgullosa de una madre que no cesa de luchar y defenderse de quién haga falta, incluso de prejuicios y avasallantes trabajadores de la salud que se niegan a respetar derechos.

Hay un compromiso por la memoria necesaria que sobrevuela a lo largo del libro, como una necesidad de supervivencia tanto para quién escribe como para cada uno de los lectores. “No es posible blindarse al dolor. Solo puedo darme permiso para sentirlo. Y tal vez transformarlo, aunque sea en un montón de palabras que tejan una soga por donde trepar a la superficie”, escribe Dillon. Y esa soga será una posibilidad de rescate para otros, convertir la propia memoria un testimonio es una manera también de compartir las formas de salvación. Las estrategias para cuidarse, para aceptar una vida plena a pesar de los golpes, para celebrar aun cuando hasta cuesta respirar.

Estas páginas son, sobre todo, un canto a la resistencia y a la salvación. En esta oportunidad se trata de la reedición de un libro que se publicó originalmente en 2004, dice Dillon en el prólogo: “una enorme ternura me envuelve frente a la nueva puesta en papel de esta red de palabras que una vez me salvaron la vida” no deja de ser una red que también envuelve al lector y donde esa salvación se convierte en un bien común que pasa de quién escribe a quién lee como sucede con la mejor literatura.

Vivir con virus (2016)

Autora: Marta Dillon

Editorial: La Granada-Edulp

Género: relato

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