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Reseña #100- La muerte, esa extraña vagabunda

 

 

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Por Pablo Martinez Burkett

Escribir es desnudarse un poco. O mucho. Porque entre las palabras que vamos desgajando se nos filtra todo lo que no es palabra, aquello que nos angustia, interroga o conmueve. Y en este libro de cuentos de Hernán esa obsesión se torna por demás de evidente. Si el título no era bastante explícito, ya en el prólogo, el autor nos advierte que estamos frente a una pieza coral compuesta por relatos que responden a distintas épocas, a distintas voces, cabeza o estilo pero que el hilo conductor lo teje y desteje la muerte igualadora.

Si algo está muerto, no puede morir”, es una afirmación pero también un ruego porque en todos los relatos flota una añoranza de algo extraviado para siempre. Algo que se tuvo, algo que fue, algo que quizás pudo ser y que quedó malogrado por el azar, la obra del hombre o su cobardía. Uno va leyendo y una amarilla nostalgia se te va pegando como una mortaja, tanto, que abrazás a tu hija o mirás a tu mujer, que no entiende qué te pasa pero que agradece la intensidad del estrujón. Porque la muerte, esa extraña vagabunda, va y viene, a veces en primer plano, otras como eco de fondo, pero todas las veces como un prisma que resignifica cada anécdota.

Como primera aproximación digamos que no importa si es en primera persona o en tercera, la distancia del narrador es siempre íntima y le da un tono de respiración, de perplejidad, de resignación que conmueve. Y a medida que se desgrana la lectura, uno piensa “este es el mejor”. Y a la siguiente, “no, este es el mejor”. Y a la siguiente, “No, no, es este”.

La naturaleza de las historias torna un poco difícil reseñar el libro sin revelar su contenido o malograr la sorpresa. Nos encontramos con acciones que engendran reproche de conciencia (El momento justo); chiquilinadas no exentas de crueldad (Ninguno regresó); cuestionamientos existenciales frente a la tragedia (Yo soy historia); una escena de violencia urbana que es sacrificio y ofrenda (La otra); imágenes del apocalipsis (Lista no perecedera); una revulsiva historia de nuestro pasado de plomo (Oro sol); una presencia anómala en el Delta del Tigre (Radio mal sintonizada); añoranza de lo que nunca jamás sucedió (Viaje al pasado); el final de los tiempos desde una órbita satelital (En punto); las externalidades de una impiedad (Nacimiento); el horror llevado al extremo (Energía renovable); un enfoque distorsionado sobre uno de los cuentos infantiles más famoso (El deseo); las maniobras desesperadas para evitar lo inminente (Con el tanque de reserva); postales de una furia mal resuelta (El fin del mundo); un Lovecraft maldito, blasfematorio, abominable y sacrílego en las calles de Buenos Aires (Raro ejemplar); una nueva aproximación a la tragedia de volar (Ojalá esté muerto); imágenes de la pobreza (Fuente de alimentos); una consistente ucronía sobre el único combate independentista en suelo argentino (La escaramuza de San Lorenzo); un reversible elogio de la locura (Cómo ponerlo en palabras…); los perdonables delirios que comete el enfermero de Cerati cuando se dejar ir (Gracias totales) y el epílogo de una historia de amor y desencuentros (Cuando finalmente se encuentran…).

Un libro bien escrito, sin amaneramientos, eligiendo las palabras, el tono justo para cada historia. Un desborde de inteligencia, creatividad y sentido del humor, aún para enfrentar lo peor. Un libro que entretiene pero sobre todas las cosas, un libro que es una forma de celebrar la vida porque como decía Spinoza: Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte y su sabiduría no es una meditación de la muerte sino de la vida”.

Si algo está muerto, no puede morir (2015)

Autor: Hernán Domínguez Nimo

Editorial: Textos Intrusos

Género: Cuentos

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