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Reseña #361- Purgatorio ida y vuelta

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Por Macarena Moraña

Extiendo mi brazo, establezco contacto visual con el chofer, creo advertir en su cara la mala imitación de una sonrisa. Soy la primera de una larga fila de aspirantes a pasajeros. Me sonríe, lo confirmo. Aminora la velocidad y justo cuando estoy por dar el saltito, sigue de largo. Logro subir al siguiente, pero ahora ya nadie sonríe.

Me siento donde me ha tocado y me dispongo a leer. La cuerina de mi asiento está gastada; me contorneo incómoda, pincha. Por suerte esta vez se trata de un tramo corto, que al ritmo que vamos también será veloz. De no ser por la lectura estos tiempos se morirían, le digo al libro, o tal vez es él quien me lo dice a mí. 

Los Tiempos muertos completan el tiempo vacío, lo rellenan de la sustancia con la que se construye el espesor de violencia que sobrevuela y sostiene las calles, que se pasea entre los cuerpos como una brisa espesa, que empuja hacia abajo las espaldas encorvándolas. Ahí, justo donde late la presión que nos une, involuntariamente, dentro de los medios de transporte, ahí, donde más nos asquea, es el punto en el que los relatos de Hernán Domínguez Nimo nos acomodan. La cuerina, el calor, la presión baja, los mareos, la falta de aire, la opresión.

Levanto la vista, no sé en qué momento me cambié del subte al tren, ¿o es un colectivo? Tengo miedo. Al menos no soy yo la que maneja, ¿o sí? Las imágenes urbanas se parecen tanto a lo posible que creo escuchar a alguien -¿el autor?- que me interroga con una sucesión infinita de preguntas que no podría responder ni siquiera estando quieta. Avanzo, o por lo menos voy de un lado a otro, pensando en que la sensación no es mala hasta que un personaje muere y entonces todo cambia. Los  demás solo mueren cuando uno se entera de que han muerto, nunca antes, nunca después. La muerte es la noticia, digo en voz alta, mientras una señora avanza hacia mí con sus pies cansados suplicándome que le deje mi asiento. Pienso en advertirle lo de la cuerina pero no lo hago. ¿Para qué vamos a hablar, señora? Tampoco estamos tan bien como para que yo le diga que leer libros es tanto como viajar y que los alientos ferrosos de estos personajes, estos que parecen disparar las palabras sobre las páginas, me incomodan mas que su mirada.

Ya no se si yo o estos Tiempos muertos son los que avanzan a fuerza de violencia, pero no me preocupa porque estoy por llegar, y el libro lo sabe mejor que nadie, por eso me despide con un “Hasta la próxima” que escucho cuando ya estoy abajo, otra vez, pero ahora todavía un poco mas.

Tiempos muertos (2016)

Autor: Hernán Dominguez Nimo

Editorial: Peces de Ciudad

Género: relatos

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