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Reseña #723- El delirante oficio del poeta

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Por Josefina Fonseca

El epígrafe de Rubén Darío con el que Facundo D´Onofrio abre Naturaleza intermitente (El Ojo del Mármol, 2017) propone una clave: “Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,/ y más la piedra dura porque ésa ya no siente,/ pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo/ ni mayor pesadumbre que la vida consiente”. El autor envidiará la inocencia de una naturaleza ajena al lenguaje, pero usará las palabras -la posibilidad de traducir el mundo- como una herramienta que, intermitentemente, lo libera y lo cercena.

“No esperes que un verso te impacte”, advierte D´Onofrio antes de manifestar su deseo de “ser sordo y ser mudo” como un permiso para sentirse a salvo. Parece ser esa la puja interna del poeta: la conciencia de que todo lo que tiene se sostiene con palabras y la comprobación de que éstas pocas veces alcanzan. “Amé, odié e hice de las palabras mis mejores amigas/ pero ante la traición volvía a esa casa, / a ese patio, donde no había que decir nada, /donde un puñado de sal bastaba para que saliera el sol”, dice el autor dejando abiertas las preguntas: ¿son las personas, a través de las palabras, o es el lenguaje mismo quien traiciona?

Los poemas de Facundo D´Onofrio funcionan entonces como una reflexión constante sobre los límites y las potencias del lenguaje. Mira la naturaleza para escapar de lo consciente, pero le es inevitable cargar de sentido lo que ve. Observa a un perro y le dota una voz: “si de pronto/ te fueran dadas palabras/ me dirías/ ¿cómo se hace para correr/ toda la vida/ detrás de una misma pelota?”, como observa al césped y lo dota de poderes: “quisiera aprender/ el detalle de la resistencia/ para respirar como el césped/ bajo el poder de tu zapato/ y no asfixiarme en el intento”. Hay una naturaleza que calla, un poeta que propone las palabras, y una poesía que quisiera ser bruta como un diamante, pero que sin embargo está pulida con la pericia consciente de un artesano.

La lengua podrá ser, para el autor, “el delirante oficio del engaño”, pero escribir también será “darle batalla a los que andan muertos por la vida”. La naturaleza intermitente podría pensarse entonces no solo como unos elementos o unos animales que se manifiestan con mayor o menor visibilidad, sino también como las bajas de tensión que se producen entre el poeta y las palabras, esos desiertos -en apariencia- carentes de vida que aparecen cuando el oficio resulta insuficiente para traducirlo todo.

Naturaleza intermitente (2017)

Autor: Facundo D’Onofrio

Editorial: El Ojo del Mármol

Género: poesía

 

Complemento circunstancial musical:

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