Reseña #410- La continuidad de lo fortuito


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Por Julián Lucero

Los relatos breves que integran la obra de Luis Duarte son cartas de presentación del principio del fin, selladas por lo abrupto, por la  textura áspera de su esencia, su toque ácido y la sabiduría anecdótica que se gesta en el vivir y dejar, o no, vivir cotidiano.

Latigazos del azar nos cruzan cuando generamos expectativas sobre alguna historia en particular y el cierre del relato nos deja perplejos, riéndonos de situaciones grotescas, terribles, tal  vez disfrutando de cierta libertad que en otras ocasiones no nos permitimos.

Duarte envuelve en un juego que naturaliza lo bizarro, lo inusual y cuando el pensamiento intenta revelarse contra lo que parece ser ajeno e invadirnos, nos hunde en recuerdos palpables y nos imposibilita a negar que, en algún momento,  fuimos parte de eventos más o menos afortunados,  fortuitos de los que podemos sentirnos, incluso, asqueados.

Dar cuenta de la decadencia de lo que, durante años, se consideró prestigioso y refinado popularmente, del sentimiento de unión versus la naturaleza intrínseca del hombre, de lo infinitamente viles que pueden ser las personas en ámbitos familiares o políticos o de como opera la soledad en su infinidad de formas, es lo que le confiere efectividad a estas historias fugaces, que perpetúan a través de la reflexión del lector.

Las situaciones se despliegan dinámicamente una tras otra y caen como las piezas de un dominó; lo que nos queda es el efecto deslumbrante. Ladrones, señoras que sueltan flatos, ovejas disfrazadas, amores beodos, viejos que fabulan y batallan, fantasmas de grandes personalidades argentinas, locos de barrio, todos tienen propósitos, metas, historias que brillan tanto y demuestran que  nos alumbra el mismo sol.

Una escena de la película “Los soñadores” (The dreamers) de Bertolucci, muestra a una familia francesa cenando con su invitado, que es un joven norteamericano y que se encuentra ajeno a la conversación que se está desarrollando, abstraído con un encendedor. El padre de familia cuestiona su comportamiento y el chico, un poco perturbado por el llamado de atención, explica que le resulta llamativo como las dimensiones del encendedor, se ajustan perfectamente a las de los cuadros del mantel. Establece una relación objeto-sujeto bastante interesante. En uno de los relatos de Duarte, una entidad desea escapar de una caja oscura en la que se encuentra apretada junto con otras entidades, tal vez un poco asfixiada y el final de la historia devela la naturaleza de esa entidad en la que aparece también esa relación objeto-sujeto. No recuerdo bien la línea, pero me parece que el padre, en la película de Bertolucci, dice algo así como “Este chico es un pensador”  y es exactamente esa la sensación que me dejó Latigazos del azar, que está escrito con mucha sapiencia por un autor que pensó cada historia para ponernos a pensar.

Latigazos del azar (2016)

Autor: Luis Duarte

Editorial: Hincohe

Género: microficción

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