Reseña #503- Sombras etéreas


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Por Janice Winkler

Cuando Mere me invitó a participar en la presentación de su libro, acepté inmediatamente, era un honor para mí; pero lo cierto era que todavía no lo había leído y no sabía con qué me iba a encontrar. De la presentación colectiva de los libros de la editorial Modesto Rimba en Dain Usina Cultural, me volví con Canción de aire en la mano, enseguida lo leí  y el impacto fue igual de instantáneo: me pareció un libro bello. Bello.

En su Filosofía de la composición, Edgar Allan Poe dice que el único campo legítimo de la poesía es la belleza. De acuerdo. Ahora, ¿qué es la belleza? ¿Qué califica de bello? Los gatitos bebés son todos bellos. Si cualquiera de nosotros posteara ahora mismo en la red social una foto de un minino, recogería un millón de likes. Lo mismo pasa con los bebés humanos, que no son todos bellos, pero también coleccionan suspiros a rolete. Un poema bien escrito sobre un gatito bello, posiblemente sea bello. Un poema bien escrito sobre un bebé, posiblemente también lo sea. Un poema bien escrito que describa una playa de Nueva Zelanda…y así.

Pero la poesía de Mere tiene un plus y lo que me impacta es que vuelve bello aquello que en la vida no lo es, que duele o que indigna, o que mete miedo. No es lo mismo ver fotos en la web, de un terremoto, con los escombros y los cuerpos y los restos, que ver un terremoto en una película de Miyazaki. El director convierte eso tan horrendo en una escena bella. No es lo mismo ver un policía, hablar sobre la policía, pensar en la policía, que leer el poema Genaro o, mejor dicho, Yenaro, en Canción de aire. La figura del policía, de golpe nos produce ternura, sentimos empatía. Y no nos explica Mere, no nos explica nada, nos muestra a través de la acción, de las voces.

Canción de aire embellece la muerte, la soledad, el abandono.

Cuando dice, por ejemplo: Yo / mi egoísmo / mi egocentrismo / el burro por delante / no queremos / que se muera alguien / para no quedarnos acá / solos / la ausencia del otro / cuerpo / nos duele.

Si el único campo legítimo de la poesía es la belleza, Canción de aire ciertamente lo habita.

La taza quedó vacía hace un par de horas / llena la mochila de preguntas. / Presencia de mil almas afuera. / Adentro los días / no se ven prometedores / pero intenta una y otra vez /  que parezcan, al menos, vivibles. / Merma el frío / en la calle / se confunden los ojos / ausencia de mil besos en el alma. / Qué lindo era antes / en el historial de la memoria / los ayeres se ven casi fáciles, en su mayoría / felices.

Es también un libro que sienta posición con absoluta claridad y sin pedir permiso. Dice la poeta que las visitas le chupan un huevo. Dice que las mujeres podemos acostarnos una noche con un tipo que nos guste, que “sentirse bella es también ejercer libertad”.

Canción de aire es un libro con poemas que podrían formar parte de antologías: le pedís un poema sobre política, tiene. Le pedís un poema para un libro que trate la cuestión de género, tiene. Un poema sobre las redes sociales, tiene. Sobre las relaciones familiares, tiene. Pero no sólo tiene, sino que resaltan por su fuerza, su claridad, su belleza. Esa belleza que recorre el poemario y que, sostengo, transforma.

Canción de aire es bello y es profundo y sólo a veces, entre poemas que calan hondo, te deja respirar, con saltos de humor y de ironía; pero sin duda, cuando lo cerrás, hay una estela de melancolía que se queda con vos, te sigue y no te deja.

Canción de aire (2016)

Autora: Mere Echagüe

Editorial: Modesto Rimba

Género: poesía.

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