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Reseña #265 – Humor para compartir

cuiqui

 

Por Janice Winkler

Las reseñas son para los padres, eso está claro, por eso [por la presente] me dirijo a ustedes. Contar de qué va el libro, y por qué vale la pena buscarlo, es un servicio. Las librerías más grandes, de mayor afluencia de compradores, no dana los autores de literatura infantil el lugar que ellos y los niños, lectores u oyentes, merecen. Uno entra al negocio y pregunta por tal o cual autor no mega mainstream y el librero: que qué, cómo me dijo que se llama. Entonces se acerca a una computadora y, deletreo de por medio, busca al autor en cuestión. Al fondo están los libros para chicos, desordenados, cada uno en la suya. Este desinterés repercute no sólo en las editoriales más chicas o independientes y en los autores, sino también, y sobre todo, en los pequeños lectores y oyentes. Insisto en esto: oyentes. Hace algunos años, un nene me contó que su mamá se había enojado “¿para qué le regalan libros si no sabe leer?”. Esto no se lo dijo en la cara a sus amigos y familiares, lo comentó al aire y el chico lo agarró. Claro, él tenía cuatro años, todavía no había aprendido a leer, ¿y? ¿Cuándo empieza la relación con los libros? ¿Hace falta ir a la primaria para poder tocar y oler un libro? ¿Para ver sus letras y sus dibujos? ¿Para que alguien te lo lea?

Todo esto para hablar de Cuiqui, se enamora que da miedo, de Alejandra Erbiti (ediciones abran cancha, 2015). Cuiqui es un pequeño monstruo que está listo para entrar en La Bruja Quetestruja, la escuela de sustos a la que fue toda su familia, de sus padres hacia atrás y a los costados (tíos, primos) en el linaje. Su madre lo trata con dulzura, pero ¿cómo es el trato suave y dulce en el mundo de los monstruos? Por ejemplo, dice que “¡es insoportable!”; para comer, le ofrece golosinas con moscas; lo besa y le llena la cara de saliva.

En el mundo de Cuiqui y su familia, en la escuela hay que portarse mal, porque si te portás bien, te mandan a Dirección. Se dan las “malas noches” en lugar de los “buenos días”. Así que Cuiqui ingresa en La Bruja Quetestruja y se enamora, pero no les voy a contar de quién.

Alejandra Erbiti nos regala un libro muy gracioso. No exagero si digo que cada una de sus páginas me sacó una sonrisa y hasta algunas carcajadas. La prosa es fluida, como escrita por la mano suelta (bien de monstruo), dirigida por el viento en una noche de tormenta.

Cuando se enderezó, la espalda le sonó como una matraca de Carnaval. Pero ella no dijo ni “mu”. La que dijo “mu” fue la vaca, que siempre estaba a su lado.

—Si lo desean —dijo el fantasma—, pueden sentarse en el piso. Las sillas y los sillones son para los gatos, como es lógico.

Todos se sentaron el piso, sin chistar. Salvo la lechuza, que estaba muy cómoda sobre un perchero especial para lechuzas y chistó bien fuerte para mandarse la parte.

Con cada risa, con cada intervención inteligente, pensé que me encantaría compartir la lectura con mi hija, cuando llegue el momento, ¿de que ella sepa leer? ¡No! Para eso faltan siglos. Cuando llegue el momento de que yo se lo lea y ella lo entienda, y podamos disfrutarlo juntas. Mientras tanto, puedo regalárselo a sobrinos y a hijos de amigos. Puedo ir a buscarlo porque sé que existe y comentarle al librero o librera: véndalo, recomiéndelo, señor/a, que está buenísimo.

Señores padres, los saludo atentamente.

 

Título: Cuiqui, se enamora que da miedo

Autora: Alejandra Erbiti

Ilustraciones: Nicolás Prior

Editorial: Abran cancha (2015)

Género: Literatura infantil

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