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Reseña #259- Los buscadores de oro

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Por Joaquín Correa

“Sí, queridos amigos, sentado en la placita del barrio sentí la transmutación del oro”, escribía Jorge Leónidas Escudero en una notita fechada en septiembre de 2015 en San Juan que precedía a la transformación de su poema “La transmutación del oro”, publicado originalmente en Elucidario de 1982, en uno de aquellos hermosos “libros para pequeños o grandes lectores de poesía” que vienen editando dichosas las Mágicas naranjas. Y continuaba: “Allí viví lo que dice el poema”. “La transmutación del oro” es un “poema vivido” porque narra una experiencia: el hallazgo del oro, no del oro material y resplandeciente que en algún momento de su vida se empeñó por buscar y encontrar el propio Escudero. Sino el oro de las florcitas amarillas de los Andes, el oro que se guardaba dentro suyo. La búsqueda, entonces, reveló su eterna magia al develar su misterio.
La raíz de la roca (1970), Piedra sensible (1984) o Basamento cristalino (1989) son apenas tres de los títulos de sus libros que denotan esa búsqueda aurea. En otros, el camino aparece. Claudia Masin ha dicho de él cosas hermosas: “Escudero sabía que no habría recompensa, que no habría hallazgo heroico, que no habría una mañana épica que contrapesara todas las veces que se volvía de allá con las manos vacías, cansado hasta la extenuación, desesperado. Y si seguía buscando, cavando en el suelo seco, era porque además sabía que ese era el tesoro: la paciencia, el amor, el desprendimiento con que se trabaja una materia, cualquier materia -las piedras, las palabras- hasta que algo, alguna vez, resplandece en el barro como si fuera oro, aunque nunca lo sea». De algún modo ese es el hallazgo de este librito: llevar ese sentimiento repentino y dichoso acontecido en aquella placita del barrio a la extensión de un libro ilustrado, sea para pequeños, sea para grandes, sea para todos, al final de cuentas. Porque esa es la transmutación del oro: el milagro de la poesía, el tomar cuerpos a partir de una respiración y un decir que se pasa de uno en otro a partir de su lectura y placer.
Los versos, así, del poema original son cortados y pasan a habitar más cómodos el espacio de una y varias páginas, acompañados por las ilustraciones de Romina Pernigotte, por momentos desoladoras, por momentos alegres, pero siempre plenas y amables. Con el avanzar del poema los tonos van mudando y el sueño del poeta va transcurriendo en una paleta de colores que se sucede en su transformación. Del Valle de la Luna son recogidos, él y su gato, por un magnífico cóndor que lo lleva a dar una vuelta por el universo de la Cordillera, sobrevolando el territorio que tantas otras veces había hurgado en busca del oro para recrearlo después en la escritura del oro del poema. Encuentra una comunidad de florcitas amarillas y las acaricia como al lomo de un gato y ellas, “estremecidas por el viento”, le devuelven el cariño en runruneos de amor. En el sueño, así, transportado por el cóndor que habita los aires de los Andes, el poeta se enfrenta con el pequeño milagro de lo cotidiano, la reunión de unas florcitas amarillas, ante las cuales se descubre y descubre, con esto, el amor vegetal, el amor que es no transferencia sino pura trans-sustación y transmutación, el amor que se despoja en su búsqueda de todo rasgo accesorio y humano y se entrega como un don sin esperar compensación alguna. La última página estalla en amarillos y naranjas y el poeta, con un sombrero a lo Klimt pero también a lo Hundertwasser, nos sonríe con la mirada.
La búsqueda del oro ha sido el sueño de muchos, tantos que se lo ha llegado a nominar en términos de “fiebre”. Pocos, sin embargo, han emprendido con ese ardor, el de la fiebre, el camino de la poesía, el ansia por encontrar el oro de la palabra en el verso. Este libro pequeño cuenta el pasaje de una búsqueda a la otra y el hallazgo del cariño en el mundo alrededor. Constituye, por eso, una enseñanza: la de la tarea de la esperanza que el poema aún manifiesta ser. Osvaldo Bossi, otro de esos calmos alucinados por el resplandor del verso, dijo en la presentación del libro que Escudero, en ese su camino de la búsqueda “no encontró esa piedra preciosa” pero sí “se dio cuenta que el oro, tan anhelado, estaba muy cerca y en todas partes”. Y ese tal vez sea el mayor regalo de su paciencia.

La trasmutación del oro (2016)
Autor: Jorge Leónidas Escudero
Ilustraciones: Romina Pernigotte
Editorial: Mágicas naranjas
Género: poesía

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