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Reseña Especial Fin de Año- Tres libros de poesía recientes


Por Diego L. García

Historias de amor no, de Anahí Mallol

(Bajo la luna, 2021)

“se aman o eso creen”, así comienza este libro que nos pone a pensar si el amor es algo más que lo dicho sobre sí, si las ficciones de la vida que nos estremecen pueden dejarnos algo más (aunque no fuera poco) que palabras.

Dicho así, cuando se habla reductivamente del poema como “palabras”, podría sonar como una contradicción con la lectura profunda que exige la escritura de Anahí Mallol. Sin embargo, en algún aspecto esa bajada a la raíz funciona: la mejor manera de leer poesía es partiendo de su carácter prescindible, de su no ganancia, de su infidelidad comunicativa. Y tal vez también sea un poco así el amor.

“él le dice: me cuesta comunicarme con vos, a veces no respondés mis mensajes. ella sonríe y no agrega nada”. Mientras, una cerveza se convierte en una rala espuma de ausencia. ¿Están? ¿Qué son más allá de mensajes sin responder? Pienso en aquella novela de Auster en la que una llamada equivocada que podría no haberse respondido determina la conformación de lo real. El error, el estar como interferencia, la respuesta que completa una historia sin dueños. Como si también fuera una Ciudad de cristal (referencia a Auster pero también un libro anterior de Mallol; búsquese, vale la pena), la poeta nos invita a ser testigos de situaciones-bonsái en torno a diversos vínculos que se apagan. Con la sutileza que caracteriza a esta autora, que suele trabajar el tono hasta aproximarlo a una tramposa sencillez, se enlazan las historias con elementos que significan e irradian en una frecuencia entre pliegues. Como en el texto 26, en que el único intercambio físico es a través de discos y libros, es decir con palabras de otrxs, con la invención de ser esos otros. Con el amor siendo eso, una apropiación que no necesita librarse de la falla para acontecer (¿estaremos también hablando del poema?).

34. se conocen, no por azar. cada uno había oído hablar del otro, cada uno su vida, su casa, sus hijos. él se separa primero. ella al poco tiempo. se van a vivir juntos. nada es tan maravilloso ni tan intenso. no es el tiempo robado. no el hotel. no el secreto. no se reconocen. no se comunican. cada uno su vida, su casa, sus hijos. no hay amor. no hay pareja.

45. un viaje en tren. un escenario propicio para conocer a alguien. conversar. que al llegar a destino te presente a su hermano, enamorarte de él, aunque estés casada. quedar embarazada de él, aunque estés casada. huir con él y pedir el divorcio. un escenario propicio para ser rechazada por todos. para perder la posibilidad de seguir siendo la madre de tu primer hijo. para creer que ese amor no reglamentado lo es todo. para vivir sólo de eso. para morir de eso.

A través de 50 historias, el “amor no” salta de las palabras a los silencios y de allí a las preguntas que nutren el blanco del después. Tras el punto, ¿no hay amor o no hay historia? ¿En qué momento termina, realmente, esta conversación entre deseos que prescinde de las identidades? Los y las lectoras podrán completar, con sus propios espejos, con sus propias experiencias, ese gran ensayo imperfecto que cabe en las palabras “amor” o “poesía”.

Revientacaballos, de Eleonora González Capria

(Caleta Olivia, 2021)

El agua, la nadadora, el padre, Dios y el movimiento de los cuerpos atrapados: “y en el sueño / que me explicabas yo era un pez”, (“No somos mamíferos”). La poesía de Eleonora González Capria resulta una de las apariciones más interesantes de este 2021. Con una escritura afinada por sus trabajos de traducciones, la autora nos presenta un libro inquietante que sin dudas nos permitirá pasar más de una vez por sus caminos. Caminos acuáticos, esencialmente, en los que una forma es siempre continuidad, pasaje, cambio.

“Termina la traducción diciendo: / todos éramos peces al principio / y todavía tenemos branquias”, (“Borrador de una traducción”). Nada puede ser definitivo en lo que fluye, e ir hacia el poema es un trayecto sumergido en esa idea de borrador. La poeta-nadadora calcula el peso de cada palabra como un cuerpo que comienza a disputar espacio; incluso cuando habla de ahogarse y de “los dedos de piedra” que descienden en la ingravidez. Porque al referirme a ese cálculo no estoy diciendo que, meramente, como cualquiera que vaya a escribir algo, elige las palabras adecuadas. Pesar las palabras vendría a ser ponerlas a prueba de flotación, soltarlas y exponerlas al hundimiento, a un desplazamiento con mayor o menor control, o incluso a su pérdida. Cuando Eleonora escribe “y señalás la bañadera blanca, / vacía, ya sin peces”, está poniendo a prueba una segunda persona que tensa la cuerda al otro lado para gestar un otro lado y sus dimensiones posibles: habla de la tragedia de un alud, pero también de la danza de una comunicación que va gritando desde el marco de una puerta a los tablones de abajo donde alguien (¿cuántos participan?) en la casa parece querer arrancarlos. Como si hubiera siempre algo más; capas de sentido que pueden respirar en la indefinición y sacar belleza de ese juego. 

Se trata de una poesía que batalla en todos los frentes. Sonoridades significativas (“limado por rosarios de mínimas tenazas”) e imágenes fascinantes (“si todo lo que el potrillo es vértigo / contra la fuerza gravitatoria / se desmorona”) llenan una experiencia de lectura más que intensa. No solo es celebrable la complejidad de la trama poética, sino que resulta sumamente gozosa desde lo sensorial, con la libertad de recortar piezas para un momento (aspecto nada menor y necesario para hacer de la experiencia poética algo más que un juego de ingenio). 

Revientacaballos entra en una proyección sutil de lo dicho. No en lo expreso. No en lo contado. La mirada acuática de la autora no precisa definirse ni definir los contornos de su realidad. Para quien busque una poesía desafiante y arriesgada, es esta una de las publicaciones más interesantes de este año.

Plaza de armas, de Luis San Martín

(Todas las fiestas de mañana, 2021)

La poesía de Luis San Martín es tan particular que para introducirnos en ella no hay mejor forma que partir de uno de los poemas del libro, publicado por el sello Todas las fiestas de mañana, que, dicho sea de paso, está gestando un catálogo alucinante.

Hola Rosa, hola Rosa

    vamos a comer una gallina.

Ayer fuimos a la costa

    comimos pescado,

ahora vamos a comer una gallina,

    Rosa,

la estamos pasando re bien

acá,

a ver cuándo venís

    Rosa,

    chau Rosa.

El ensamble de un registro coloquial urbano con un trabajo rítmico muy puntilloso y cierta acidez para imprimir estampas sociales que buscan interpelarnos como hacedores de esa (esta) cultura, montan la obra de Luis San Martín. Hay algo de representación, de sainete, siempre muy bien logrado, muy ajustado a una brevedad que potencia el efecto. 

Lo de “muy bien logrado” sonó, tal vez, a columna televisiva en la sección de cine o algo parecido, donde se dice mucho para decir muy poco. Lo que intento con ello es exponer un relieve de parodia que contiene a estos textos: hasta el marco de la burla está puesto en cuestión por el autor. Nada es tan serio como podría serlo por costumbre; nada es tan irónico como podría serlo por la moda de un stand up vacío.   

La representación termina por diluirse. Y aparece ahí lo poético, como potencia de subversión. Como el rescate de la lengua de los perdedores, buscando en ella un gesto brillante, un plano iluminado y efímero que salve de la nada a esas voces.

Pintaba unas / en Corrientes, como / se llama, unas cabañitas, / unas cabañitas / le decía al patrullero / desde el cordón / con un vaso / de vino en la derecha / y con la izquierda / reconstruía / lo que podría ser / amasar una fortuna / y morir con la sonrisa el campeón.

Luis San Martín ha compuesto un libro integral, una serie articulada sin fisuras. Todas estas capturas se despliegan en una secuencia que merece considerarla como totalidad. Desde La Plata, los libros que vayan llegando de Todas las fiestas de mañana, sin dudas, traerán buenas propuestas para refrescar las listas de ránkings, el canon de las revistas, los muros y murallas y los feeds más likeados de la temporada.

Complemento circunstancial sonoro:

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