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Reseña #188- El quinto elemento

 

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Por Valentina Vidal

¿Qué define un accidente? Una maceta se estrella desde lo alto de un edificio a pocos centímetros de dónde camino. Un hombre que pasa cerca se detiene sorprendido y observa la maceta hecha pedazos. Es pleno mediodía y en los auriculares suena “All my trials” de Nick Drake. Vuelvo a mirar lo que queda de la maceta en el suelo. Cada uno retoma sus pasos en cámara lenta, como si ya no fuéramos los mismos de antes. Sobrevuela en mi cabeza el azar y la responsabilidad como un juego de pelota pared. Pero es incómodo pensarlo. Una incomodidad satisfactoria que también nada en las aguas de los cuentos de Camila Fabbri. Porque en los catorce relatos que componen Los accidentes (Editorial Notanpuán 2015) la narradora se obstina en hacernos notar algo más que las responsabilidades y ausencias con la palabra escrita: Fabbri maneja los silencios con la destreza de un bajista de jazz y son esos silencios que en ocasiones, nos tajean la cara.

Cortázar comparaba el cuento con una esfera; es algo que tiene un ciclo perfecto e implacable; algo que empieza y termina satisfactoriamente como la esfera en que ninguna molécula puede estar fuera de sus límites precisos. Fabbri maneja esta consigna con soltura. En una búsqueda permanente de su voz narrativa, nos ahorra casi de forma obsesiva los adjetivos. Desnuda los vínculos casi hasta la desesperación con imágenes fragmentadas que permiten completar relatos perturbadores como “Superficie celeste” o “Lautaro y la pólvora” que a la manera de Carver o Chejov, la oscuridad y la tensión son los faros que dejan en evidencia lo insoportable, lo inabordable. En “Mi primer Hiroshima” (originalmente escrita para Teatro, obra que también dirigió) Fabbri utiliza una voz aniñada que está lejos de ser ingenua. Frases como “las naves giran mejor cuando van livianas” o “Enola Gay se llamaba el avión que transportaba la bomba. Enola Gay se llamaba la madre del piloto que la tiró, así que fue como rendirle culto. El hijo, a la madre. Cuánto amor. El nombre código de la bomba era Pequeño Niño. Así que estaba todo relacionado. La madre, el hijo y una catástrofe” Fabbri expone sus primeras quemaduras con una prosa directa y sin artificios.

A medida que avanzan las páginas, nos damos cuenta de que los entramados de sus cuentos están cubiertos por una pátina minimalista que grita y los hace fuerte. Y son gritos a la tierra, al fuego, al aire y el agua. Fabbri como quinto elemento, los mira de frente junto con todas sus resultantes. “Una camioneta brillosa la tomó entera. En los ojos de ella se veían bien nítidas dos cosas: el reclamo y el trastorno. Los dos sentimientos eran fuertes y eran míos”

Sin dudas el futuro de esta talantosa escritora, dramaturga y directora de teatro, es más que sugestivo. Hay una búsqueda poderosa y una propuesta sincera que presagian un crecimiento vertiginoso. ¿Qué más podemos pedir para leer buena literatura?

Ahora suena “Tomorrow is such a long time” y afuera de esta burbuja de música en la calle enmudecida, ni la maceta, ni Fabbri, ni nosotros, vamos a recuperar nuestra forma después de todos estos Hiroshimas.

Los accidentes (2015)

Autora: Camila Fabbri

Editorial: Notanpüan

Género: cuento

2 comentarios

  1. josefina josefina

    leí el libro hace poco. me encantó.
    quisiera leer más cosas de ella.
    saben donde?

    • pablogame pablogame

      Ella además es dramaturga, tal vez tenga algo publicado en esa área. Saludos!

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