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Reseña #758- Ya me gustaría a mi mentir pero eso es lo malo de las testigas

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Por Pablo Martínez Burkett

Leí “El detective, la albacea y el sobre lacrado”, una novela de Estefanía Farias Martínez (Ediciones Erradícame, 2018).

La novela en comentario es un policial negro, bien negro, con mucho de sainete y bastante de sexo puro y duro, así que vamos a ser cuidadosos al referirnos al argumento para evitar delatar los pormenores de la trama.

Como en toda novela del género, en el principio hay una muerte. En el féretro yace un poderoso empresario, miembro de una familia que, aunque empobrecida, todavía se conduce conforme su condición de Grande de España. Al muerto lo llevan a enterrar su abogado, el mayordomo, el jefe de seguridad y el cura. Luego del sepelio, la madre del finado contrata a un private eye para que proteja a la albacea hasta que se lea el testamento. La señora mayor, aunque un poco senil, tiene razones para creer que la muerte de su hijo no va a ser la única. Y no está equivocada.

Sólo que nunca podía prever el torrente de delaciones, felonías y asesinatos varios que van a sucederse con el único fin de apoderarse del patrimonio del difunto, don Alejandro Suelves de Fabra. Nadie parece ser quién es y nadie dice la verdad. Ni siquiera el detective y la albacea, que pronto alternan las pesquisas con un frenesí adolescente que los hace recorrer estancias y lugares para entregarse a toda clase de lujuria. Los equívocos y las conspiraciones se agravan hasta llegar al clímax (en ambos sentidos…) donde todas las líneas argumentales convergen en una resolución que podemos calificar como feliz.

Conforme las reglas del género, la novela de Farias se zambulle en la acción, con secuencias vertiginosas no exentas de violencia, sin mucho análisis intelectual de las motivaciones y con una acertada caracterización de los personajes, tanto principales, como secundarios y aún, los figurantes: todos están contaminados de una sordidez y falta de escrúpulo que a veces se disfraza de lealtad y otras, de conveniencia. En este sentido, Facundo Ribagorda, el detective; Cecilia Azuaga, la albacea y Bonifacio Briones, el turbio abogado; llevan el peso de la acción desplegando sus astucias y artimañas sin más norte que conseguir el fin querido, aunque para ello se deba disponer de ingentes cuotas de cinismo, maldad, manipulación, sexo y crimen.

También resulta muy atinada la caracterización de un entorno que alguna vez fue regio pero que se cae a pedazos, así como el pulular constante de los personajes secundarios que, como en una comedia de enredos, entran y salen de escena aportando gracia y perspectiva a la acción principal. En este sentido, esa sucesión de pasos de comedia, ese pulso almodovariano del drama, es una de las características que amplifican los méritos de una novela donde las deducciones del detective, antes que resolver el enigma planteado, sirven para confirmar sus presunciones sobre los “malos” y sus fechorías.

Llegados a este punto, nos gustaría destacar el tratamiento del idioma, aspecto que adquiere un relieve muy especial. No es para menos, pues la autora es doctora en filología. En consecuencia, el trabajo con la palabra es singular y los modismos están perfectamente delineados y contribuyen a la conformación del ambiente. Ese trabajo de zapa para obtener la voz de los personajes se aprecia y valora mucho, en tiempos donde pareciera que la corrección del idioma y la atribución de un habla precisa han dejado de ser elementos de importancia. Por otra parte, es claro que la autora tiene un humor corrosivo y que se divierte en dejarlo aflorar en los entresijos de sus personajes, sus giros y tics verbales.

Finalmente, un comentario sobre las escenas de sexo. Desde cómo se preparan los futuros contendientes, pasando por los tórridos detalles de la faena misma hasta cómo experimentan los estadios posteriores a la petite mort, todo está minuciosamente dispuesto en coreografías de sensualidad y elegancia visual que son, en sí mismas, momentos de delicia narrativa.

En su suma, “El detective, la albacea y el sobre lacrado” es una novela de afable lectura, que mantiene viva la acción y pulsa la tensión hasta un desenlace digno del juego de cajas chinas que propone.

El detective, la albacea y el sobre lacrado (2018)

Autora: Estefanía Farias Martínez

Editorial: Ediciones Erradícame

Género: novela negra

 

 

Complemento circunstancial musical:

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