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Reseña #436- Tramoya: un texto con corazón

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Escribir es una maldición porque obliga y arrastra, como un vicio penoso del cual es imposible librarse. Y es una salvación porque salva el día que se vive y que nunca se entiende a menos que se escriba

Clarice Lispector

Por Victoria Mora

Juan Rulfo decía que escribía para contarse las historias que de niño no le habían contado. Un poderoso lazo infantil se anudaba a su necesidad de producir historias. Tramoya o la maquinaria de una voz novelada de Helga Fernández es una heredera de esa tradición. Con la estructura de un diario asistimos a los recorridos de la narradora frente a la escritura y la vida. En esos recorridos, que toman la forma de un gran laberinto, se ve a la niña que fue inventando historias para sostener a una madre que por momentos  queda demasiado cerca del abismo. “Escribir es jugar o, más claro todavía, fabricar los juguetes que no tuve” escribe Sol, la protagonista, o más adelante “Yo escribo porque al hacerlo me prodigo las palabras que me faltaron, me escribo, es que no estoy terminada. Yo escribo como sobreviviente, porque el peligro no pasa, se lleva adentro”. Se escribe para dar sentido a una abrumadora realidad siempre fragmentada.

A lo largo de la novela Sol cuenta al lector los vaivenes de su relación con la escritura ¿Por qué alguien escribe? ¿De dónde sale el material de lo que se escribe? ¿Cómo se anudan vida y ficción? “¿Quién escribe cuando se escribe? ¿Seré, también yo, una impostora de mí?” Son algunas de las preguntas que sobrevuelan ese laberinto que es ella misma. Pero no está sola, hay una presencia que la habita. Ana, la otra que vive en ella con quién discute, habla, se odia, y se ama. No hay nadie que no esté habitado por lo ajeno. La mera existencia del inconsciente obliga a cualquiera a convivir con la ajenidad. Helga Fernández describe esta relación con un uso precioso del lenguaje, no se trata solo de lo anecdótico que se relata,  el sutil  uso del lenguaje obliga al lector a vivir con la narradora esa experiencia de la ajenidad.

Hay un rasgo que retorna y es el de la escritura como sutura de lo dañado, no solo en referencia a las escenas infantiles, sino en la misma necesidad de escribir la vida en un diario. “Porque escribir puede ser igual que calcar los bordes de la herida que no cierra”.

Esta escritura de la intimidad revela la verdad individual de quién escribe a través de la ficción. Como decía Lacan: la verdad tiene estructura de ficción. Y no hay modo de escapar a eso. Sol está a la altura de las circunstancias y eso hace del diario un libro que se lee sumergido en la vorágine del ser de la narradora y en todas las fisuras que eso porta. “Un texto con corazón resuena en el cuerpo de quien lo lee” escribe Fernández que supo escribir un libro con un corazón enorme.

Tramoya  o la maquinaria de una voz novelada (2016)

Autor: Helga Fernández

Editorial: Milena Cacerola

Género: novela

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2 comentarios

  1. maria maria

    gracias por acercarme esta obra de Helga..a la que quiero y admiro!!

  2. maria maria

    gracias por acercarme esta obra de Helga..a la que quiero y admiro!!

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