Reseña #399- El pasado ladra como un perro


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Por Gilda Manso

Lo único que tengo es el pasado y es al único lugar al que no puedo ir, dice Dogo, y esa certeza desesperanzada es la clave y el motor de esta novela de Nicolás Ferraro. Porque Dogo sale de la cárcel, intenta hacer las cosas bien, pero el pasado le ladra, llamándolo, exigiéndole que regrese a su lugar de pertenencia: destino y perdición al mismo tiempo.

El pasado de Dogo es un amigo que más que amigo es parte de sí mismo, y es una mujer que Dogo lleva tatuada con y sin tinta. Dogo podría darle la espalda a ese pasado, si Dogo le diera la espalda a algo. Pero Dogo es boxeador, y da la cara y los puños. Dogo es durísimo y es también el más sensible del inframundo al que pertenece. Incluso, como en una remake imaginaria de Los Intocables, se las ingenia para proteger a un bebé mientras cinco tipos quieren molerlo a golpes.

Manteniéndose firme en el concepto de novela negra, Dogo refleja el ambiente sórdido en el que vive el protagonista: hechos y ambiente dependen uno del otro al punto de que se retroalimentan para poder ser lo que son.

Así, Dogo, de Nicolás Ferraro, es una novela negra típica de autores estadounidenses de las décadas del 50 y del 60 pero con dos salvedades: es argentina, es latinoamericana, y transcurre en la actualidad, y ese es un gran punto para el autor: Dogo tiene el romanticismo negro y espeso de El nombre del juego es muerte, Dan Marlowe, y la crudeza insostenible de Okupas, de Bruno Stagnaro.

En Dogo y para Dogo, el único futuro es el pasado. Para Nicolás Ferraro, con novelas así, el futuro es algo cierto.

Dogo (2016)

Autor: Nicolás Ferraro

Editorial: Del Nuevo Extremo

Género: Novela

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