Reseña #131- Tucumán absoluto


 

 

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Por Cristian Maier

 Este libro lleva las marcas de mi impaciencia: las puntas abolladas por el traqueteo en la mochila, los lamparones verdeoscuros del mate, mi letra apretada en los márgenes, los subrayados en HB de las muchas frases que resultan exquisitas y una salpicadura de pintura blanca en las tapas que aún resulta un misterio. También lleva las marcas de lo que aprendí de Deleuze: leer a pesar de todo, aun cuando por momentos no se entienda y parezca un bodrio; captar el ritmo de la escritura y dejar que el sentido aparezca.

Pretérito perfecto (Eduvim, 2015), no es fácil. Es una novela infinita, total y extenuante. De tal modo, que al escribir una reseña de poco más de quinientas palabras a posteriori de ese huracán del lenguaje, se siente no sólo la injusticia de decir tan poco sino también lo limitado del propio léxico. Después de 40 días de compartir momentos maravillosos y frustrantes, queda un sentimiento de pérdida, como quien despide a un buen amigo –quizás, también, algo molesto y denso–, para siempre.

Quinientas páginas acerca de un Tucumán que conforma el centro del mundo. En realidad, más que del mundo, del cosmos. Buenos Aires aparece como la marginalidad, con breves latigazos de ironía a través de sus personajes. También surgen la política, la disputa centro/periferia y campo/ciudad –disculpen que ponga a Beatriz Sarlo y Raymond Williams en el mismo párrafo–, la historia de los ingenios azucareros, de la peonada y de las familias acaudaladas; el arte, la literatura, la ciencia, el psicoanálisis, el sexo, la “filosofía” oriental, la filosofía a secas, la religión, el mayo francés, Europa como conjunto y los ovnis, en un vaivén espacio-temporal complejo que perfora un presente que arde en las llamas finales del tucumanazo.

Foguet escribe en clave barroca. Lleva al lenguaje y a la forma de narrar hasta el límite. Lo cuenta todo, todo el tiempo. Utiliza distintas técnicas que van de la primera a la tercera persona, hasta llegar al monólogo interior, todo esto sin usar el método acartonado –pero en cierto modo ordenador– de dividir el punto de vista por capítulos. Esto requiere del lector un esfuerzo en, por ejemplo, atraer para sí el sentido de páginas enteras sin punto y aparte.

Si el lector no conoce Tucumán, la dificultad será doble, porquese da por sentado el conocimiento de personajes, sucesos históricos y locaciones; lo que nos lleva a escudriñar por  internet. Esa tarea detectivesca de construir el libro por fuera del libro es satisfactoria y pedagógica: si la historia es también lo que está allá afuera, eso que es exógeno pasa a formar parte de la novela y entramos, de algún modo, en el vaivén espacio-temporal con el que se construye la trama.Si llevamos esta hipótesis más allá –casi como ciencia ficción o como elemento de tesis trasnochada–, lector y trama forman parte de la misma secuencia que llega hasta el presente mientras permanece en los años ochenta, en Yerba Buena, bajo el puño del autor.

Celebramos la propuesta de Eduvim de reeditar el opus magnum de Hugo Foguet. Una novela que por extensa y compleja quizás no se convierta en un clásico, tampoco en un bestseller –obviamente–, sino que quede en ese círculo difuso que se denomina “de culto” y que, como una ironía, es tan difícil de definir como fácil de identificar. Foguet, estoy seguro, se reiría de esto.

 

Pretérito Perfecto (2015).

Autor: Hugo Foguet.

Editorial: Eduvim

Género: novela

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