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Reseña #343- Los largos años de peregrinación

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Por Celso Lunghi

La pertenencia (Espiral Calipso 2015) de Leandro Gabilondo, es muchos libros en un solo libro. Es, en principio, un libro de cuentos que, dado a la continuidad de la voz que los narra, también admite ser leído como una novela y es, fundamentalmente, un libro de memorias, en el que los recuerdos de los personajes y escenarios que poblaron su infancia asaltan al narrador –y hablo de narrador porque, efectivamente, parece uno solo– a cada momento y a cada renglón como destellos inesperados. La mejor imagen para representarlo es la del álbum de figuritas, en el que la diferenciación de las partes resalta la armonía del conjunto y en el que, además – y primordialmente– la admiración es un elemento central: el narrador de los cuentos de La pertenencia –¿o deberíamos, a esta altura, hablar ya de los episodios de una novela?– nos transmite, fascinado, las enseñanzas que extrajo de cada personaje que se cruzó en su vida y cómo eso contribuyó a forjar su destino de escritor.

Cada cuento, de hecho, parece un homenaje, una sincera y modesta forma de agradecimiento, en la que el escritor retribuye, desde la ficción –que se vuelve menos ficción a cada línea y a cada párrafo–, las lecciones que aprendió y que hoy pretende volver célebres desde su lugar de enunciación, muy distinto al original en el que los escuchó o vivió en carne propia. El género al que pertenece, por lo tanto, es el de iniciación: una voz adulta –escritor en ciernes que está tratando, curiosamente, de definir su voz– narra episodios de una infancia en la que se mezclan, por un lado, el afán por acceder a lo que general y erróneamente se denomina alta cultura –o cultura con mayúsculas– y, por el otro, la sabiduría popular que lo rodea y que es un elemento omnipresente en su vida, tanto infantil como adulta.

En esa tensión netamente puigiana –se habla de Manuel Puig y de su Villegas natal y de su Vallejos inventado en uno de los cuentos– se construye esa voz. “Lo inventé a cantar una de sus canciones, no solo porque lo admiro, sino porque es un tipo abrazable. Una de sus tantas estrofas dice: El amor dura un mes, lo demás es tener miedo a la soledad. A Juan lo conocí por Nico Landa, otro loco hermoso que también cantó esa noche. Otro cancionero querible, otro tipo al que le creo, un amigo. Una de sus estrofas dice: Será fácil la vida de Celeste Cid, escribiendo boludeces y pintando en paredes de veinte lucas el metro cuadrado… así cualquiera vive drogrado.” Esta escena se desarrolla en la presentación de un libro de poesía.

Como vemos, la cultura popular está tan presente en la formación del narrador/escritor que necesita no que se filtre sino que ocupe un lugar central en los espacios que, ya adulto, construye y define. En uno de los cuentos se reflexiona más profundamente acerca de esto: el narrador afirma que a los clásicos se llega casi por inercia pero que la cultura popular se vive en carne propia y no hay otra forma de que se aprenda. Así, en su formación casi no interviene, por lo menos en lo que nos cuenta, la literatura en su concepción tradicional, sino la literatura hecha música: a su discografía de Los Redondos de Ricota se superpone la de Sergio Denis de su madre y los términos no son excluyentes sino complementarios. De todo se extrae una enseñanza. Todo puede ser igual de disfrutable. Se habla mucho de música en este libro y de viajes. Sobre todo, de viajes. El narrador de los cuentos vive en un estado de tránsito permanente: desde Arrecifes, su ciudad de origen –el lugar de la pertenencia del título–, hasta Rosario –el lugar de las primeras aventuras fuera del pueblo– y Capital Federal, el lugar de la formación, siempre en Chevallier, que nunca funciona como debería funcionar.

La pertenencia, en síntesis, es un libro, esencialmente, acerca de la formación, tanto personal como académica, de un yo adulto que desea rendir tributo a los ídolos de su infancia, ídolos de barrio, ídolos de la patria chica a la que él pretende dar el reconocimiento que se merecen. Es un libro ideal para ser leído con música de Gilda de fondo. Posta.

La pertenencia (2015)

Autor: Leandro Gabilondo.

Editorial: Espiral Calipso

Género: cuentos

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