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Reseña #95- Un sucio lugar, el mío

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Por Pablo Méndez

Disturbios, de Javier Gallego Sastre, es un puñetazo que lejos de dejarnos en la lona, nos abre los ojos para que veamos todo mucho más nítido. La voz poética no es ya un canto desesperado, es un rumiar constante hasta el zarpazo final. A lo largo de la lectura de los poemas se transfigura un aire de indolencia, mitigada por las gotas de humor que salpican el libro, gotas provocadas por el hastío.

Cincuenta y dos poemas, cincuenta y dos recortes de realidad. Porque si hay algo en Gallego Sartre que es inamovible es cómo encuadra lo terrenal, como asienta sus pies en el barro de lo cotidiano. No hay metáforas etéreas ni figuras lúdicas; hay olor, hay miradas que hurgan el hueso de la realidad en busca de rastros de carne, hay sonido que se propaga y molesta.

Me pides un autógrafo
temblándote la voz;
y me tachas de ídolo,
de modelo a seguir,
el antes y el después;
que devoras mis libros desde joven
y que es todo un gran honor y un placer
haberme conocido…
a tan insigne anciano.
Ya que tanto me admiras…
dame tu carne fresca,
yo te doy mis pellejos.

Javier Gallego Sastre mece su poética entre el interludio desafinado y el estribillo herrumbroso de una canción de protesta. Versos inconducentes de puntos suspensivos invisibles, que se perfilan como un llamado de atención contra una lista segura de lugares comunes: las relaciones de pareja, la situación social, la economía, el onanismo, etc.
El clima del poemario es uniforme, una gran tormenta de abulia impartida con sabiduría para un latigazo final cargado de ironía. El lenguaje directo, el vocabulario acotado al habla de la calle, sin giros ni adornos artificiales, así es la poesía de Javier Gallego Sastre.

Se acabo el pan
después de acabo el vino…
no llegó la cerveza
ni trajeron gin tonics
ni tampoco cubatas;
ni siquiera hubo hielos
ni zumos ni sangrías
ni vodka ni caseras
ni licores ni horchatas
nada de nada…
¡Vaya mierda de fiesta!
No vuelvo a ir a misa

Disturbios se lee en lo que duran cinco cigarrillos al hilo o una botella de litro de birra, o varios vueltas a la manzana desnudo por algo que ya olvidamos qué fue, o un viaje en bondi emanando el sudor de otras personas, o el parloteo moralista de alguien, o una pelea de esas que se terminan cuando alguien cae definitivamente. El tiempo es signo, la palabra su contador Geiger; Javier Gallego Sastre es la consecuencia de eso: los restos diurnos de una prolongada y sucia noche madrileña.

Disturbios (2014)
Autor: Javier Gallego Sastre
Editorial: Siníndice
Género: poesía

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