Reseña #621- Quedándote o yéndote


 

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Por Coni Valente y Pablo Méndez

La muerte de Spinetta fue para muchos un hito en nuestra vida, un momento que recordaremos para siempre. ¿Dónde estabas cuando te enteraste que murió el Flaco? ¿Ustedes dónde estaban?  

En el preludio de Iniciado del alba Sandra Gasparini dice: “El propósito de este libro es reunir- y acaso mejorar, completar- esas conversaciones que solían producirse luego de los conciertos de Spinetta o en pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Ciudad de Buenos Aires, entre las décadas del 80 y el 2000, o en los comentarios sobre sus reportajes, retazos de pensamiento sobre rock, literatura, cultura de masas e historia nacional. Como un ejercicio de introspección, también de selección de recuerdos de iniciación en el pensamiento crítico y en la lectura de poesía, los artículos reunidos en este volumen se proponen conectar las historias personales de los colaboradores con sus propias lecturas de la obra musical, poética, y de las figuras de artista que encarnó Spinetta.”. La pretensión no es poca y las expectativas son altas, amén de que claro, empezar así me remite a nuestras experiencias personales con este exquisito compositor, es decir, nos lleva a momentos, a lugares  pasados, a presentes, a amigos, a compañeros, a ex parejas, a amantes.

Creo que Spinetta fue el primer músico argentino que realmente abrió las cabezas de miles de jóvenes en los 70. Luis Alberto fue decididamente un tipo ilustrado y eso hizo la diferencia. Transformó en música la poesía, el pensamiento crítico, la opinión erudita. Tuvo el tupe de meter a Rimbaud, Dalí, Freud, Sartre, Foucault o Nietzsche en sus canciones, hizo una revolución desde el rock con su sonido agudo y su voz casi muda. Significó para tantos una liberación mientras transitaban la dictadura militar, como lo deja claro en este libro Rodolfo Edwards: “Éramos como niños que escribían en el cielo viajando en un expreso imaginario a pesar de crecer con Videla y nacer sin poder”. El primer ensayo que abre el libro es el de Edwards y se titula “El emporio de las imágenes. Spinetta en la poesía argentina”. Desde una perspectiva personal que toma la música de Spinetta como puntapié para el conocimiento no solo musical, también de una poética de iniciación. El rastreo trae consigo la influencia musical que tuvo spinetta y que transformó en un sonido propio, además de las semillas del surrealismo que brotaron en sus letras. Nadie que se considere conocer de su música no ha nutrido su biblioteca con un Artaud o un Castagneda.

Pero también fue un artista cabal, como dice Battilana en su apartado, y serlo significó no solo hacer que sus composiciones tuvieran una magia especial que transporto a oyentes y lectores sino que además sus postulados sirvieron de teoría para miles de adolescentes que en los tortuosos 70 buscaban una luz: “Spinetta concibió el rock como una música y una actitud simultáneas que podían expandir la escucha y la sensibilidad a partir de un proceso de re significación literaria y musical”. Un artista que se volvió objeto de deseo que parte de una intensidad lírica y como fençomeno contracultural. Una mixtura que anuda delicadeza y rebeldía, en palabras de Battilana.

Leer los ensayos hace que como seguidores de Luis Alberto nos replanteemos si entendimos el mensajes de El Flaco, si llegamos a acercarnos apenas al concepto que ovilló durante toda su carrera. Para abordar este compendio se debe conocer mucho acerca del Flaco para así interpretar correctamente las vivencias desparramadas página tras página. Pero aun luego de esta consideración, el disfrute de la lectura es pleno porque es también una reconstrucción no solo del artista sino también de la persona. Sí, Spinetta era un simple mortal, quizás tocado por la varita mágica del talento entero (no solo musical), vivió entre nosotros, se paseó entre los grandes siendo él mismo un grande entre ellos y, como todos lo haremos una vez, murió en el altar de lo imborrable.

Ansolabehere remarca un asunto paradójico de Spinetta que es anecdótico pero que nos sirve de recurso para enfocar su sensibilidad. Luis Alberto no era músico, en el sentido académico de la palabra, jamás estudio música, era un autodidacta prodigioso. Lo que importa acá es ese interés notorio de Spinetta por hacer que las palabras escritas encajen en esas melodías exquisitas que le brotaban sin más brújula que el corazón, desde el alma. Quizás por ello, el Flaco trascendió el concepto formal de la musicalidad: “esa deslumbrante rareza que define lo spinettiano”.

Mirar a Spinetta desde su muerte es desandar un camino, es recorrerlo a él, pero también es recorrernos nosotros, lo que fuimos con él y sus bandas, con sus temas más significativos y con esos que nadie conoce, es revivir un tiempo, es volver. Omar Chauvié es quien nos invita a ese viaje intimo: “Palabras sumamente ordenadas, modos quietos, Malvinas, secundario, búsquedas, ese tiempo tiene para mi música de Spinetta”.

Un tema no menor que aborda Marcos Seifert en su ensayo “La lectura marcapiel: Spinetta y Foucault” es cómo su maquinaria musical estuvo signada por sus lecturas. No solo las reconocidas por las referencias en los discos, también las que se extraen de una manera menos explícitas pero que combinan su poesía con un pensamiento crítico como en su disco “Téster de violencia”.

Leerlos a todos hace que veamos con claridad la experimentación sensitiva que cada uno tuvo con El Flaco, más lejos o más cerca, más antes o más después, más adentro o más afuera como dice Gasparini: “En el conjunto de sus canciones Spinetta arma texturas, animiza muebles, frutas, personifica animales, astros, en fin crea un universo propio con leyes diferentes a las del mundo que hemos convenido en llamar la realidad”. Tal vez Luis Alberto se fue cimentando ese mundo paralelo para el día de su descanso eterno, quizás ahora mismo está allí en sus nubes de algodón, en ese feliz cielo en donde todo es armonía a su alrededor.

En el epílogo, Jorge Monteleone, nos obliga a meternos de lleno en la disección del título de esta compilación de ensayos. En especial podemos notar la trasgresión lumínica que siempre se apoderó de todo lo que toco con su poesía y su música. Lo onírico, la trascendencia del color, el pasaje del cuerpo al alma. Una divergencia lírica, una entropía musical.

Esta recopilación de ensayos que hizo Gasparini no hace más que intentar develar ese misterio que se esconde detrás de tan magistral obra que por más de 40 años ha ido construyendo Luis Alberto Spinetta. Y la misma compilación va edificando ese velo para luego ir descascarando ese enigma poco a poco, mientras cada uno de los autores va relatando experiencias que los ayudaron, como a nosotros ahora, a descubrir lo oculto tras las composiciones, hurgando en cada párrafo, husmeando entre las bambalinas de la estructura las más diversas aristas de Spinetta. Y pese a toda tentativa de revelarlo al fin, el Flaco siempre será un misterio detrás de ese ojo venido desde centro del Universo.

 

Iniciado del alba. Seis ensayos y un epílogo sobre Luis Alberto Spinetta (2015,2016)

Compiladora: Sandra Gasparini

Autores: Rodolfo Edwards, Carlos Battilana, Pablo Ansolabehere, Omar Chauvié, Marcos Seifert, Sandra Gasparini, Jorge Monteleone

Editorial: primera edición digital, Años Luz

Género: ensayo

 

  

 

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