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Reseña #143- El círculo del destino

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“Sentía la soledad de muerte que llega al cabo de cada día de la vida que uno ha desperdiciado”

Ernest Hemingway

Por Coni Valente

1975 es el año. Manantiales es el lugar. José María Gatti el que escribe y Javier Bustillo el protagonista. Es la historia de un escape, una desaparición. Y es bastante sensible hablar de desaparecer en los 70´s pero el autor se atreve y edifica un relato sólido de una fuga emotiva.

Carne en flor comienza con el recuerdo de una madrugada de septiembre en la que Bustillo tuvo miedo y se marchó. A partir de allí, una sucesión de capítulos cortos  nos presentan a muchos personajes: Andrés Saavedra, Raúl Patiño, el comisario Pelayo, Magdalena Tussoti, Flavio Sandoval, Marta, Dolores, Santiago Rodríguez Pastor, Francisca Gastiarena. Y Gatti tiene una forma de darle peso a todos y cada uno como si el rol de cada cual fuera sumamente imprescindible en los diferentes trozos de relato. Posiblemente así sea.

Mientras avanza la historia, el autor va abriendo una especie de paréntesis imaginarios para describir a su personaje central, desnudando su pensamiento más que su apariencia física: “Mentir me da alas, me desahoga, me proyecta” o “A mí la lluvia me genera tristeza”. Esos pequeños detalles hacen que uno, como lector, se construya una imagen más o menos clara de quién nos cuenta lo que  pasa.

La novela de Gatti está impregnada de miedo, de encierro tironeando en un vaivén con la desesperación y el desaliento. Bustillo transmite esas sensaciones en cada reflexión y va dejando cabos sueltos que se van hilvanando con el correr de las páginas. Es una historia in crescendo que va desde un intrascendente director de un periódico pueblerino hasta un criminal  buscado en Argentina y los países limítrofes. Pero lo más triste de todo, es que es una falacia: Bustillo siempre será una soledad con patas, a pesar de Marta y Dolores, de Flavio, de Magdalena, a pesar de todo. Y aunque no deje de intentar hasta el final transformarse en alguien más, no podrá escapar de su propio destino, de ese que solo le corresponde a Javier Bustillo.

La leyenda se iba engendrando: “Desaparecido. Una esposa alcohólica, una hija viviendo con su abuela, un juez que tapa todo, un amigo violador, una novia nazi. Negocios con la mafia”, y a pesar de sostener la idea de ser un fantasma, él más que nadie quiere ser “reconocido” “encontrado” “descubierto”. Bustillo quiere ser un aparecido aunque pregone en su discurso la intención de ser todo lo contrario. Es decir, habría querido ser pero no fue.

Carne en flor es un escapar constante, la historia de una mutación que no es, de un intento que jamás se consolida. Es un policial por momentos, pero uno completamente distinto al de estructuras clásicas, es uno oscuro en donde se expone y gana más el intrincado mundo de las sensaciones humanas que el regadero de pistas que intentan esclarecer falsamente una fuga.

Exiliado Javier reflexiona: “Comenzaba a entender que nunca había respetado la vida, que siempre huía por temor a la muerte y que el desafío a la soledad era una carga innecesaria” y José María lo deja claro en las 172 páginas de este libro: Javier no iba a poder viajar liviano hasta que no se quitara por completo las cadenas de sus temores y jamás podría hacerlo si no cerraba su círculo de aceptación de la muerte como parte de la vida. Gatti tampoco podría sanar hasta no escribir esta novela, porque si uno se interioriza sobre su historia de vida comprende que con Carne en flor consigue exorcizar el aterrador camino hacia el final: ser uno mismo, solo.

Lo que queda después es unir esas líneas del destino en un círculo y volver al inicio, más tarde que seguro, es la única luz de verdadera trascendencia: los hijos. Solo seremos en y por ellos, es lo que queda y solo ahí sabremos si el trabajo de la vida nos ha hecho ganadores. 

Carne en Flor (2015)

Autor: José María Gatti

Editorial: Tahiel

Género: Novela

Un comentario

  1. leonardo leonardo

    aja no entendi que viene mi comentario en julio 2015 y tu respuesta enero 2016

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