Reseña #575- Una ficción inquietante


 

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Por Diego L. García

El libro iba a llamarse de otra manera, pero la duplicación obliga a una medida afín a esa gran ficción que llamamos “biblioteca”, con la cual Alberto Giordano entabla una familiaridad exquisita. O tal vez, más que “familiaridad”, que repele la idea de opción, deba decir “un amorío exquisito”. Así, El tiempo de la convalecencia (Iván Rosado, 2017) ha venido a marcar un punto de inflexión en las posibilidades de tramar lo literario y lo íntimo.

Un libro desarrollado mediante una serie de posteos en Facebook donde el autor había tomado el hábito de volcar, dice: “todas mis ganas de escribir”. Es este el único tipo de dispositivo donde se entrelazan (y despliegan, según la necesidad) todas las facetas de un “escritor”. El modo crítico, el modo ensayista, el modo docente, el modo narrador, el modo apuntador. Un “escritor” a secas es nada.

Ciertos hechos, centralmente la muerte del padre, rompen la disposición a ser uno a la vez y ocupar la casilla ganada. Cuando se hereda el espacio de lo anterior, se asume una nueva versión de la completud, más amplia. El don del auto-reconocimiento. Si la vida es “un proceso de interrupciones”, el texto de la vida ¿qué continuidad podría reclamar? Es justamente de los reclamos que Giordano habla en varios párrafos. ¿Qué puede faltarle a una escritura cuando ya es en sí un tajo en lo que el yo controla? Porque también aparecen otros padres, los negativos, que intervienen desde la moral retoricista: “¿Alguien pidió padres que corran los velos de nuestras ilusiones?”, se pregunta el autor en la entrada correspondiente al 8 de enero de 2015.

Escribir en modo autobiográfico es un retorno continuo. Aira, la paternidad, las citas, los profesores, las novias, el cine; la estética pop, el psicoanálisis, la dinámica de Facebook, los viajes. Quizás estas cadenas no sean tan aleatorias.

Este texto (en pleno sentido barthesiano), en que “la interrupción, la elipsis y el recomienzo” aprovechan la pulpa del ensayo, siempre a mitad de las cosas, se presenta como un desafío: lo confesional, con su resistencia de moda y el prejuicio de una “lógica del espectáculo”, compone una ficción inquietante. Una de las entradas podría servir como justa analogía: durante una visita en Chile a la casa de Pedro Lemebel, Giordano se detiene frente a una imagen del artista disfrazado de reina que parece preguntarle: “¿te la aguantás?”, a lo cual nuestro visitante responde: “Y no, no me la aguanto, y salgo a la calle Nueva de Lyon, rumbo al Drugstore de Providencia, y me digo: ‘no volverás a invocar lo queer en vano’”. Este libro irrumpe en el lector de la misma forma, incluso en aquel habituado a distinguir con la claridad de un experto una cosa de otra.

 

El tiempo de la convalecencia (2017)

Autor: Alberto Giordano

Editorial: Ivan Rosado

Género: registro autobiográfico

 

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