Reseña #678- Novela hologramática


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Por Valentina Vidal

Hay una voz que no pertenece a un cuerpo específico. Es  como un sonido que viaja con el viento en plena cuaresma de este siglo XXI disruptivo y calamitoso. Un diálogo en un laberinto de espejos. Es María o es Jonás, no lo sabemos, porque es una voz sin sexo. Es. Y en ese ser que piensa y habla sin parar en un estado confusional, bajo ese calor que provee lo ajeno , se despelleja en tiempo presente el ser hiper reflexivo que se pone en duda y que se toma tan en serio como la exactitud de su prosa lo permite. El Documento de María, de Martín Glozman (La Bestia Equilátera, 2018) es inclasificable. Es una experiencia única en su especie, es como subir a una montaña rusa en medio de una sudestada en plaza Once. Numera, a veces no de forma correlativa, pequeños fragmentos que son declaraciones casi bíblicas, desnudas y al hueso. Glozman maneja la disciplina lingüística con la precisión de un matemático. Por eso sabe romperla, por eso sabe jugar. Es como una operación a corazón abierto con Charlie Kauffman al mando del bisturí y Sor Juana yendo de bares por Retiro.

No hay nada que pueda encasillar a este libro dentro de un género específico. Tampoco sabemos si la palabra iluminada existió alguna vez, sin embargo, a medida que pasan las páginas, la prosa nos embriaga y nos desespera por querer develar ese secreto.

“Soy sacerdotisa de la verdad, me abro de piernas a la llanura específica de la romería.

La vida no es una cosa, sino una responsabilidad.

Ser mujer con falda larga es muy difícil.

Papá, voy a descubrir todos tus secretos.

Me arrojo al vacío.

Yo soy.

Soy librepensadora.”

 

“Somos diferentes. Uno: el encuentro con el sexo. Dos: soy el espacio recubierto que llamó el tiempo. Después de vos. Primero pasan los más grandes.

Después, papá.”

La condición poética del Documento de María me recuerda a la voz en off de Las alas del Deseo, de Win Wenders.  Alguien que monologa, que sabe acerca de los pensamientos de los otros y que atraviesa la narrativa a pincelazos calientes con una polifonía desconcertante.

“Solo expreso mi angustia, mi muerte contenida. Y solo pienso que se debe al dolor de mis ancestros. Todos recaen sobre mí y yo no sé si estoy viva o muerta. No puedo celebrar la vida así nomás y paso por todos los extremos.”

-Lamento interrumpirte en tu soliloquio, pero estás sola en tu discurso.

-No, Jonás, todos me oyen. Todos saben de vos y yo. De lo nuestro. De la familia. De toda la historia.

-No importa nuestra historia. Solo importa el presente y al presente lo organiza el poder.

Como en Suicidio de Levé, Glozman trasciende lo literario y socava la piel hasta llegar a los tendones, dejándonos los músculos tensos. Creo que no hay otra forma posible de leer el “Documento de María” si no es con los dientes apretados. Una interesante manera de narrar sin diluirse en la sintonía obligada de una estructura clásica  y una gran apuesta de la Bestia Equilátera.

El documento de María (2017)

Autor: Martín Glozman

Editorial: La Bestia Equilátera

Género: novela

 

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