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Reseña #97- En el cuerpo, con el cuerpo

semana tempestad-3

 

Por Aixa Rava

Soy el gen del mal”, dice uno de los yo líricos de Maldad, cantidad necesaria de Patricia González López (Milena Caserola/Llanto de Mudo, 2013) e inmediatamente recuerdo a los villanos de los cuentos y dibujos animados, a la Reina Malvada, la madrastra de Cenicienta, Gargamel y Destructor, resuena la morfología de Propp y esa dicotomía que en la infancia resulta tan clara, pero que es imposible extrapolar a la adultez sin darnos la cabeza contra la pared, varias veces.

El genetista Hans Brunner fue el primero en proponer que el “gen del mal” o “gen del guerrero” se ubicaba en el cromosoma X y era el encargado de producir la enzima que saturaba al cerebro de neuroquímicos que inducían a la agresión. Mas es bien sabido que todo lo que trae el cuerpo necesita un despertar, uno o varios factores que pongan en marcha el mecanismo, ese “llegar a ser”, y los poemas de este libro muestran que esa realidad circundante que poco tiene de maravillosa y finales felices y mucho de soledad, desilusión, traición y ausencia, nos hace: “En qué momento / me convertí en esta malvada / cómo habrá sido el proceso / en que se desencajó mi corazón… En qué momento / dejé de actuar con la sangre / para ver sólo de lejos…”.

Con un estilo desenfadado, sin tapujos, agudo e irónico, tan irreverente y frío como conmovedor y sensible, y a través de una diversidad de formas que incluyen, además del verso, el recorte periodístico, el cuasi-refrán, la prosa, frases y preguntas sueltas como tuits o posteos de una red social, Patricia González López despliega diferentes voces en más de cien poemas para poner de relieve lo propio de la naturaleza humana y los vínculos. El deseo de una madre y la negación de un hombre en “Dos hijitas preciosas que no”; el dolor de una niña-mujer por la ausencia del padre, esa realidad de muchos que se hizo tópico de la literatura de todos los tiempos sin dejar de lacerar nunca ni corazón ni carne en “Hoy es el día de todos los padres menos del mío” y “Cuando te sueño padre”; la injusticia social y los prejuicios en “La patrona te ama”; el amor y el desamor en “Besame, es una orden”, “Ravioles en tinta de calamar” y “Demasiado aire en la piñata”, entre otros.

Maldad, cantidad necesaria pone en evidencia la piedra angular de nuestra construcción como sujetos, una construcción que admite vueltas y caídas, un aprender continuo, como en la tríada “Soy siendo”: “Aprender no es un verbo infinitivo… Para mí es continuo con permisos de pasado”; “Soy yo añadida / la misma que fui / pero cambiada… / pero potenciada / amortiguada o paciente… / sin olvidarme de mis paredes de nacimiento / de las goteras del techo / ni de mis tirantes / ni las piedritas / me construyo como un obrero su trabajo y su obra…”.

Una cantidad necesaria de maldad permite tomar distancia: “Crecí / porque / ya / no / perdono / lo / que / no / merezco”. Una cantidad necesaria de maldad reviste la resignación (“tendré que donar el pasado… / salir de mi posición fetal”) de firmeza (“…de las disculpas de tu ausencia / me declaro libre”; “ya no sos mi cordón”), aceptación y autoconocimiento: “No me envidies, preguntame cómo hago y yo te enseño”. Pues se aprende en el cuerpo y con el cuerpo, y sólo cuando se comprende esto se puede “respirar profundo y seguir / (porque) respirar salva”.

Maldad. Cantidad necesaria (2013)

Autora: Patricia González López

Editorial: Milena Caserola/Llanto de Mudo

Género: poesía

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